Mujer piedra

Comenzó a juntar piedras cuando era niña. Su búsqueda la hizo construir un espacio en su casa para amontonarlas. Una vez al año las sacaba, las lavaba y las ponía al sol.

En su adolescencia recorrió distancias sólo por encontrarlas. Solía volver a su casa con bolsas llenas de piedras. Llegó el momento en que su familia comenzó a considerar aquello una especie de enfermedad. Intentaron de diferentes formas que abandonara su obsesión. Y por un tiempo detuvo los excesos y trajo sólo alguna los fines de semana.

Cuando ya era una mujer formada, trabajaba y tenía su propio negocio, construyó la casa de sus sueños colocando en el patio todas las piedras que había coleccionado y dormían en la casa de sus padres.

Nunca tuvo tiempo para formar su propia familia, su vida era su negocio y distraerse juntando piedras. Después que tapizó el patio de su casa con las piedras comenzó a buscar más. Y así las fue pegando en las paredes. Hacía una mezcla e iba pegando más y más.

Ella siempre repetía, ante las preguntas inevitables que todos le hacían, que ella no buscaba las piedras sino que ellas la llamaban.

Así fue como un día su casa entera estaba cubierta de piedras, piedrecitas, filosas, chatas, de colores diversos e infinitas formas. Y su casa se transformó en lo más llamativo de la aburrida ciudad.

Envejeció despacio y serenamente, siguió colocando o guardando piedras a diario y un día no la vieron salir más de su casa. Y así pasó una semana, finalmente llamaron a un hermano.

Nunca encontraron rastros de ella. Se hicieron conjeturas de demencia senil y hasta de un posible asesinato. Pero nada fue comprobado y ahí siguió en pie la casa y sus piedras.

Hasta que los sobrinos decidieron venderla… pero nunca lo lograron. Seguramente las piedras no eran bien vistas por los compradores. Y cuando intentaron sacarlas los ganó un cansancio y un hastío súbito y enfermizo que los hizo abandonar la idea.

Pasó un tiempo para que decidieran dona la casa para una escuela de arte. Allí cantaron, pintaron, escribieron, bailaron e hicieron mil cosas más un buen número de niñas, niños, jóvenes.

Lo único extraño, si es que lo hay, es que muchos dibujaban una mujer de piedra…

Este relato fue escrito también en ese taller…

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