Querido maestro:
Le escribo unas horas antes de su cumpleaños pues esta nota dará muchas vueltas antes que alguien se la lea.
Quería contarle que ese mítico Buenos Aires de sus zaguanes, ya no existen, pero es como si sí…
Los prostíbulos no son rosados y la Lujanera son montones de chicas de todos lados, de todos modos alguien que dé pelea por una de ellas, sería como lo describió usted, si existiera.
No sé si hay dos hermanos que maten a una Intrusa pero por motivos más efímeros se siguen matando mujeres.
Emma Zunz sigue siendo mi personaje favorito y el Memorioso Funes, también. Sigo leyendo Ajedrez con la misma ingenuidad que lo leí en la adolescencia y vuelvo al Jardin de senderos que se bifurcan cada año.
En estos lares anda Usted como en sus espejos, por todos lados, sus fotos, versos, dichos y desdichos, muchos que lo admiran y otros recuerdan solo lo que dijo en dictadura…
Usted sabe que, como mujer casi anarquista que soy, debería de recordar que era un conservador pero… ante tanta perfección literaria me rindo. Amo su literatura.
No puedo dejar de leer o mejor dicho, volver a leer algo suyo cada año.
Mañana andará usted, ciego y con su bastón, en ese infinito tiempo y espacio que tendrá a todos los espejos, festejando su cumpleaños.
En un agradecimiento profundo, desde este lugar aún finito, leeré alguno de sus poemas.
Otro agradecimiento por imaginar un Buenos Aires mítico, un Aleph impenetrable, un laberinto sin salida con millones de espejos.
He decidido que en nuestro universo, donde Usted me legó libros y yo decidí ser una lectora ingenua, lo llamaré para siempre:
EL SEÑOR DE LAS METÁFORAS.
Autor: María Luisa De Francesco
¿De dónde provienes tu nombre?
El nombre es de origen germánico y significa buena en la batalla. Si a eso le agrego mi signo astral Aries, debo de haber nacido para batallar. Pero si vamos a por qué mi padre sugirió el nombre: era su hermana favorita. La mayor de once hermanos. Si cargo con todo eso… tendré que batallar hasta el final y comportarme como una buena hermana mayor? O seguiré siendo la guardiana de las historias familiares?
Cuando el sol se detuvo
Habíamos contemplado durante meses un Sol de ocaso perfecto y de rojo fuego, rojo sangre, rojo de todos los rojos. Y habían predicho sequías extensas y agobiantes. Las provisiones de agua eran ajustadas y los cultivos se fueron secando con celeridad.
Cada familia y cada aldea se provisionaba cómo podían y manteniendo la calma y cooperación pensamos que podríamos con aquella sequedad que amenazaba con quedarse.
Y la vida continuaba a pesar de la sequía angustiante, logramos incluso salvar algunos animales y algunos cultivos. La camaradería para la higiene y la cocción de alimentos nos hizo ingeniosos y la voluntad de sobrevivir a toda costa nos hizo creer que éramos de verdad, mejores humanos. Que la necesidad había hecho nacer eso de cooperar, ser solidarios. Y lo creímos.
Un atardecer el Sol rojo de meses se detuvo. Quedó colgado en el horizonte como una bola perfecta de fuego exterminador. No sé si fueron minutos, horas, días, porque cuando el caos apocalíptico estalla el tiempo deja de existir.
En pocos segundos los gritos y golpes pusieron a todos contra todos, el terror y el espanto hicieron el resto. Todos querían huir primero.
Todos querían el agua y los alimentos. No hubo mujer ni hombre que no peleara por robarse algo para llevar. Algunos murieron aplastados, otros quedaron mal heridos. Los demás se fueron como pudieron. Cuando la aldea quedó vacía y en completo silencio, el Sol reinició su camino y regresó al día siguiente como si nada hubiera ocurrido.
Dicen que la enorme sequía terminó al día siguiente y que nadie logró salvarse, ni encontrarse, ni volverse a ver…
Cuando el sol se detuvo sufrí terribles quemaduras, pero me quedé cerca de mi aldea, me llené de hierbas el cuerpo y bebí mi propia orina. Así sobreviví hasta hoy…ya nada puede afectarme he perdido todo, he ganado todo. Soy la única sobreviviente y la soledad o el ocaso rojo, ya no pueden dañarme.
No hay nada, ni nadie, espero en la aldea vacía. Sé que nadie vendrá. Ahora que pasó el momento exacto del sol detenido, soy la responsable única del vestigio de humanidad que una vez fuimos. El silencio reina, la aurora y el atardecer son perfectos. La aldea aún resguarda lugares para refugiarme cuando lleguen los fríos, por ahora, aún abrasa el sol.
Qué se puede hacer en la absoluta soledad de un mal sueño, de una apocalíptica visión inventada mil veces en libros y películas, qué podría hacer alguien que escribe esto para dejarlo en un supuesto lugar donde habrás de encontrarlo…
Nada…sólo recordar cómo se escribe. Y no es fácil recordar la escritura en esta insana situación.
Tal vez dentro de muchos años alguien se ría mucho de esto, si lo entiende. Quizás sean estas letras puro jeroglíficos y alguien, uno o dos, las intenten descifrar.
Quizás, en el mejor de los casos, algunos puedan contar esta historia.

Amén.
Estrangulamiento por ósmosis
Eras el más pequeño de todos haciendo fila para tomarte tu foto con la Pitón gigante. En aquel alejado y algo aburrido lugar de veraneo, salvo por la compra de artesanías y un mar intenso e imparable, fue lo más novedoso que pudimos ver.
Todas tus primas y primos hicieron la fila pero, una vez cerca de la inmensa serpiente, se fueron yendo uno a uno. Y ahí quedaste tú, el pequeño de cinco años, resistiendo el miedo, con la inmensa pitón colgada al cuello. No sólo te aplaudimos sino que te hicimos tomar montones de fotos que pagamos enseguida.
Encuadré una en casa y quedé defraudada cuando al año siguiente, ya próxima las vacaciones, quise llevar el cuadro y descubrí que había perdido completamente el color. Entonces busqué las otras pero no encontré ninguna. Discutimos con el abuelo, las buscamos por horas antes de partir. Nada…
Y luego de eso, fueron años de vacaciones pero al amaestrador de víboras nunca más lo encontramos. Finalmente, ese pequeño detalle de tu niñez, lo olvidamos.
Y eso fue todo. Quién sabe cómo, cuándo, te hiciste domador de pitones. He leído por ahí que eres un temerario: que muestras como la pitón te semi estrangula hasta que tu voz la detiene.
Hace algunos años te vas con tus amigas y amigos de vacaciones, como corresponde a tu edad. Este año regresaste y fuiste corriendo a mi casa a mostrarme fotos con la pitón. ¿Sería la misma? ¿Dónde la encontraste? ¿Y el domador? Sé que te atosigué con todas esas preguntas.
Si, es la misma, me dijiste mezclando una ironía que no entendí; ahora yo soy su domador.
He buscado y mirado demasiadas fotos en las Redes. En Diarios y Revistas mi temerario nieto sale, con la pitón.
La última fue una foto que me asombró: era una de esas que perdimos cuando tenías sólo cinco años. Abajo estaba tu biografía más o menos veraz y de tu dominio sobre esos magníficos ejemplares.
Abajo, tu obituario… y ya no sé cómo vivir estos recuerdos y tu falta y tu no regreso…desearía ser esa última pitón que te abrazó…la que finalmente se quedó con tu vida y la mía, que ya no tiene sentido y la culpa de aquel lejano recuerdo en la playa.
Involucrada
Que iba y venía cargando historias…
Algunas eran tiernas,
otras más tibias,
las hubo algo nulas…
Pero un día y casi sin notarlo
surgió la buena.
Otro día otra, aún mejor.
Y entonces llegó una realmente fuerte,
no pude parar de contar ésa y sólo ésa.
A medida que la contaba iba siendo mejor
y quise tenerla y al quererlo,
me fui involucrando y ya no fue una historia,
fue mi historia.
Y ya no me pude salir.
Presa, involucrada,estoy inventando
cómo escapar…
Se escapa de una historia que es la vida misma.
La muerte tiene la respuesta y por ahora, sigo enredada en mi historia.
Instrucciones para llorar. Cortázar
INSTRUCCIONES PARA LLORAR
“Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos”.
Julio Cortázar
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Confusión por exilio
Cuando ya aceptaste el exilio, ha pasado mucho tiempo, cuando al fin te sacudiste la nostalgia, hiciste el duelo, intentaste borrar esos recuerdos que duelen más, aspiraste serenamente a ser otra, en otro país y sin que se note mucho… llega la confusión.
Es cierto tu casa y tu trabajo, tus afectos más cercanos están contigo pero de qué lado está tu verdad…
De cuál lado del mapa están tus muertos…
Y cuando recorres los paisajes: dónde quisieras estar?
Esa vereda, esa casa, ese paisaje, qué te recuerdan en otra edad? Por qué vuelves a sentir cerca las voces del pasado cada vez que regresas?
Qué cosa extrañamente jodida es el exilio. Sé que hay muchas formas pero siempre será exilio. Te fuiste, te fueron, partiste con una sonrisa a empezar de nuevo o llorando por no irte. Te fuiste.
Colgado de un muro quedó tu primer aliento, el primer abrazo materno, tu primera sonrisa. Quedó escondido tu primer paso tambaleante. Tu primer amor que nunca se olvida. Quedó atrapada tu infancia, ese lecho donde descansó tu destino, para siempre.
Ya no serás la misma por más esfuerzo que hagas. Deberás adaptarte. Deberás incluir en tu vocabulario palabras, dichos, fechas. Y la nueva cultura, sus diversas formas, el devenir cotidiano irán permeando tu día con día.
Irás mutando tu paladar. Aquellos sabores jamás volverán. El gusto, el olfato, tu mirada, en forma imperceptible descubrirán el nuevo rumbo.
Pasan los días y los meses. Trabajas, te cansas, amas, te liberas, vuelves a ser tu misma, te desvelas, lees, miras cine, tomas helados, vives. Sobrevives. Empatizas. Usas toda tu resiliencia.
Te sientes mucho mejor. Respiras y duermes bien. Confraternizas.
Y te toca regresar de paseo. Te alegras, vas, te surge la primera duda.
Te diría: no vuelvas más, quédate en tu exilio. Porque esos paseos, alegres, floridos, llenos de la que fuiste pero ya no eres, confunden.
Vete de paseo a otro paisaje. No vuelvas a tu calle, la que fue tu casa, no regreses: estarás después de dos o tres regresos profundamente confundida. Y eso no es bueno.
Es que el exilio es confuso, por más espejitos de colores que te ofrezcan. Pero el poder de la sobrevivencia y el afán de volver a ser feliz, siempre triunfan. Y vuelves a ser feliz. Es verdad. Lo que ocurre que esa felicidad no es la misma.
Estuve tantos años exilada que me olvidé de todo, de las formas, los colores, las texturas y los sonidos. Me adapté de tal manera que mi identidad, mi tono de voz, mis dichos, mutaron.
Pero he comenzado a volver a visitar mi país y hoy, estoy confundida. No sé de qué, no sé porqué, pero todo me arranca recuerdos que creí olvidados, todo me crea expectativas que no debería tener, cada foto es una sonrisa que no recuerdo haber tenido ni antes, ni después.
La pregunta más temida me atrapa: dónde me gustaría terminar de respirar? Insólita forma de decirme: siempre he extrañado y hoy me lo confieso.
Y estoy agradecida al país que me dio otra vida, que me permitió seguir, que me hizo madre y abuela. Admiro y amo este trozo de tierra…
Es solo que… cuando cruzo el río y viajo por otras rutas, ese sabor perdido regresa cada vez con más fuerza.
Estoy absolutamente confundida. Nada se olvida, todo se confunde en el exilio por supervivencia.
Es solo eso…
Los lugares
Las ciudades y los lugares donde alguna vez estuvimos: guardan algún recuerdo de nosotros?
No puede ser que una ciudad, un barrio, una casa donde caminaste, viviste, fuiste… joven, se quede sin nada tuyo. En cada baldosa que pisaste con la insana risa, en cada muro donde te recostaste indolente, en cada habitación donde reías con ganas de ser eterno, dejaste una parte de vos…Dónde quedan pedacitos de tu alma, es tu pasado, tu estancia primitiva, tu paso indolente…
Recuerditos tuyos hay en un montón de lugares que ya no recuerdas. Estás seguro que esos lugares no te atraerán de alguna manera con su onda radiactiva de recuerdos?







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