Papelitos por doquier,
notitas innecesarias y excusas intangibles.
Del papel y el lápiz
a la máquina de escribir y de ahí,
al mundo de las pantallas.
Acá y allá o dónde se te ocurra
dejar como el rastro de algo,
alguien o la vida, que es lo mismo.
Me he pasado los años
dejando escritos y aún, no alcanzan.
Tal vez el hechizo esté ahí:
nunca alcanzará y por eso es
tan misterioso y mágico
intentar escribir algo.
Prosas, cuentos, intentos poéticos
y notas, apuntes, conferencias o
charlas, estudios…secretos, espantos,
deseos, recuerdos, novedades y
mil formas de ir dejando esta trama
que vivo en imprecisas metáforas,
borradores eternos.
Busca una a las y los lectores?…
O te encuentran?…
No importa. La sencilla precisión de las palabras, no agitan más egos
que dejar semillas en cada intento…
Autor: María Luisa De Francesco
Juana
– Qué hiciste Juana?
⁃ Justicia.
Así comenzó aquella mañana gris en el país europeo que jamás pensé visitar y donde me encontré con Juana. Fue tan sorprendente el encuentro, diez años sin vernos como encontrarla viviendo en Europa.
Juana y yo no éramos amigas íntimas pero compartimos durante algunos años intereses literarios y de edición de libros. Nos encontrábamos en cursos, talleres, conferencias y algunos otros eventos.
Creo que solo dos veces nos fuimos solas a tomar una copa de vino pero no recuerdo haber intimado más allá de lo común y corriente.
⁃ Lo mataste?
⁃ No, yo no…
⁃ Pero bueno, es casi lo mismo.
⁃ Es algo totalmente diferente!- agitó su larga cabellera oscura y dejó de mirarme.
La historia de Juana era una historia común o no, según usted lo mire. Ella siempre me dijo que estudió antropología y le creí, porqué no, nunca me aclaró cómo había terminado siendo editora de libros. Sé, era obvio, que abandonó la antropología.
Tal vez la habían obligado a estudiar? No, cuando hablaba de antropología marina, su cara adquiría ojos y gestos felices. Cuando compartimos un paseo y un almuerzo con su marido, se me ocurrió pensar qué tal vez, abandonó su profesión por él, o por su hijo. Era una posibilidad.
Formaban una linda pareja joven. No llegaban a los cuarenta. Tenían un solo hijo que era brillante en los estudios. Que no eran felices, se les notaba.
El hijo quería ser médico y el padre quería que heredara su negocio. La única vez que la vi poner un gesto durísimo fue cuando, en una cena con amigas, nos contó lo mucho que discutía con su marido para que dejara al muchacho estudiar lo que quería.
En otro seminario que coincidimos me contó que el hijo había obtenido una beca total en una excelente universidad. El marido ya no podía oponerse, con o sin su ayuda, el joven estudiaría medicina.
Era tan obvio que el mundo de Juana era su hijo. Ahora ya no estoy tan segura.
Juana se ha mudado a Europa y su hijo sigue en su país estudiando, a punto de ser médico. Ella vive con su nueva pareja y en las fotos, se ven tan felices…
Al marido de Juana lo mataron de forma inverosímil y estúpida. A media mañana salió hacia la calle hablando por su celular, adentro del comercio estaba Juana, y con un pequeño cuchillo de cocina le perforaron el hígado, se llevaron el celular.
Cuando Juana salió el hombre ya estaba bañado en sangre, cuando llegó la ambulancia estaba agonizando desangrado. Murió camino del hospital.
A mí me avisaron amigas en común. Pero recién volvimos a vernos casi al año, en otro simposio.
Estaba muy delgada. Es verdad. Tenía una sombra en la mirada. También es cierto eso. Se iluminaba cuando hablaba de su hijo, como siempre. El joven iba muy bien en sus estudios.
Y nada más. El hombre murió y nunca nadie supo nada del incidente. Pasó la pandemia, pasaron dos años, no nos vimos.
La encontré hace pocos días en Europa donde reside desde hace más de un año. Está feliz, y se le nota, con su pareja. Dejó su adorado hijo y vive lejos, enamorada y exilada, adaptándose.
De qué se exilia una mujer? Del desamor, de la obligación, del miedo, de la sospecha? De eso y mil motivos más. Unos más dignos que otros.
Tiene derecho a ser feliz, a considerar su pasaporte europeo( aunque hablaba lenguas aborígenes y defendía sus causas), tiene también derecho a amar y cambiar todo lo que quiera cambiar.
Tiene derecho a olvidar el pequeño cuchillo clavado en el hígado, la infortunada mañana donde toda la sangre se fue por la acera, si, tiene derecho. Incluso a no querer vivir donde vive y estudia su único hijo, que fue su luz, su vida.
También tiene derecho a olvidar que nunca se supo quién destrozó ese hígado a cambio de un celular.
Lo demás, me lo inventé para contar una historia.
Del silencio que seremos
Parafraseando a Faciolince en su libro “ El olvido que seremos”, me estoy preguntando sobre el silencio que seremos.
Seremos? Ya no hay millones de nosotros que lo somos, que no tenemos voz? Y ya no hablo de gritar derechos, sería demasiado, hablo de que se nos escuche en la pena, en la risa, en el llanto, en el pedido y en la gratitud; en nuestras hipocresías y en nuestras verdades.
Nadie nos escuchará. Hay una élite muy pequeña que se escucha y, como dioses del Olimpo, de tanto en tanto se dignan a escuchar a otros.
Somos un silencio atronador que no escucha nadie. Ni nuestro grito de vida al nacer, ni el de agonía al morir.
El silencio nos anula, quedamos a la intemperie de los sordos consecuentes y así moriremos.
El silencio también es nuestro aliado y pasamos desapercibidos que a veces, es la mejor manera de seguir vivos. Si te gusta ese estar vivo silencioso.
El silencio también es una forma de escuchar. Escuchar es una virtud de pocos. Hoy por hoy: quién escucha? Y qué es escuchar? Puedo oírte y no escucharte…
Lo cierto que en en esta sociedad hipercomunicada, donde todo se resuelve con un clic, hay un gran silencio que parece un ruido atroz donde nadie escucha a nadie.
En vivo: Dorian.
Se te nota. Sabes por qué? Pues porque cuando escribieron Dorian Grey fue cambiando el lienzo con la pintura. Pero hoy vivimos rodeados de fotos. Las sacamos hasta por deporte.
Y en diez años tu cambio es notorio. El mío también, el de todos. Pero el tuyo…. denotaba una paz interior, una seguridad de vida, una ilusión permanente que ya no noto.
Es triste para una madre decirlo. Porque al final uno desea que los hijos sean felices, nada más.
Tu rostro ha sabido endurecerse. Te ha retornado un tic nervioso que creo tuviste de niño y hace que tus ojos se desvíen. Tu linda mirada azul ya no se posa en la mía cuando hablamos. Cuando lo hace es estudiosa, ladina, no es aquella mirada franca que infundía tranquilidad.
No sé qué te ha sucedido, tal vez simplemente te tocó el puto capitalismo. Pero entiendo que para un hombre de creencias profundas: algo más sucedió.
El otro día me dijiste que yo te consideraba naif, ni sé que quiere decir. Para mi fuiste siempre mi hijo lleno de energía buena y hoy, no se te nota. Eras el de los “ paños fríos “ pero ya no. Eras el que hacía comprender sin alzar la voz, ya no.
Incluso la voz, que era el eco de la de tu padre, no tiene el mismo tono de bajo, suave, alegre, disfrutable…
Ay, ojalá no te suceda como a Dorian y vuelvas a tiempo.
Ni yo sabía que te quería tanto
Ni yo sabía que te quería tanto…
Cuando fui niña y correteaba a mi antojo
caminos, calles, arboledas, veras del Río,
no sabía que te querría tanto.
Cuando me arrancaron de tu lado
y me fui llorando no sabía que te extrañaría
siempre y no te olvidaría nunca.
Cuando te recordé de adulta te escribí
prosas románticas, cuentos cortos,
vi las calles, la casona, la chacra, el pueblo,
despojado de nosotros: abandonados y olvidados.
La felicidad de esos años de niñez, cuando parecíamos esa familia de foto comercial, los años más felices de nuestras vidas, se metieron debajo de mi piel, de mi olfato, de mi pensamiento y de mis vísceras.
Volver después de tanto tiempo, el corazón latiendo, las preguntas infinitas y mis queridos muertos, sin un sonido, pero presentes en mí mente.
Volver y reconocer la Avenida principal, por algunos tramos que aún están, sacarme fotos en la vieja Estación y la Escuela de mis primeros años felices.
Volver y encontrar la querida Esmeralda, la chacra y la casa que habitamos con una felicidad que no sabíamos que teníamos y menos aún sabíamos, que jamás la recuperaríamos.
Recorrer el Club Social de los bailes familiares y la cancha donde vi a mi padre, por primera vez, gritar en el fútbol.
Entonces, regresar con el paisaje impregnado de memorias y ponerme a escribir los recuerdos, por esa familia que perdí y vive en mis sueños, por mi infancia feliz, por mi primera biblioteca, por los caminos con álamos, por la zafra de la manzana, por las maravillosas peras y nogales, por las cerezas y las acequias y aquel mundo de trabajadores de esa zafra veraniega, que venían de todo el país, incluso de Chile. El albedrío veraniego del pueblo que producía tanto y sus trabajadores que cobraban bien,
Dejé tanto que volví por ello y escribí sin parar hasta que el libro cobró forma. Y no pensé si era un buen libro, si lo vendería o no, pensé que mi familia y ese lugar mágico de mi infancia lo merecían. Lo escribí sin parar, los recuerdos, aún los más olvidados brotaban. El libro tomó forma y fue la Editorial Vuelta a casa quien lo editó. ( Es otra casualidad? Porque yo quería volver a casa)
Y volví para dejarlo. Para llevarlo y que en su lugar quede para siempre ese trozo de infancia feliz que me regaló mi familia en ese Paraíso llamado Cinco Saltos.
Mi único objetivo era llevar el libro, lo cumplí. Estoy en paz con mis muertos queridos y con la magia que tuvo La Esmeralda y Cinco Saltos.
Gracias Andrés por ser parte de esta quijotada!
Presentación de: Mi paradisiaco Cinco Saltos
Y traje mi libro. Hicimos más de mil quinientos km para dejar en esta pequeña ciudad mis memorias de una niña feliz con una familia feliz.
Hermosa locura esta, la nuestra, de viajar por dejar en este lugar, un libro que brotó inmediatamente de visitar este lugar hace un año y medio.
Locuras por escribir se hacen : esta es una.

¿Por qué tienes un blog?
Al principio lo tuve para poder enseñar a otros, alumnos, cómo hacerlo y de qué se trataba.
Después en compañía de unas amigas para escribir y no nos dio resultado.
Al tercer intento puse allí mis escritos y fue por ese tiempo que leí CLARABOYA dé Saramago donde él decía que un blog era una especie de diario, un cuaderno de apuntes, una forma de escribir a diario y ver qué sucedía.
Ahí comencé a considerarlo de otra manera. Algo mío , con o sin publicaciones, algo personal y único donde poder escribir cuando quiero lo que quiero.
Leer interrogativamente de Julio Cortázar









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