Las fotos

Tomar fotos a casas abandonadas ha sido siempre una especie de entretenimiento cada vez que tomé vacaciones. He tenido suerte, existen casas abandonadas en todos lados.

Ese año a pocos metros del mar, en una colina algo elevada, una casona que tuvo que ser hermosa y deslumbrante, tenía los techos volados, las ventanas sin sus marcos, las puertas ya no existían y las paredes, que habían resistido el deterioro, mostraban las huellas inexorables del abandono: yuyos, espinas, bordes desgastados.

Busqué por días el ángulo perfecto pero nada me satisfacía. Saqué muchas fotos y al ampliarlas en la computadora las deshechaba. Estaba buscando algo que no podía captar con mi cámara.

Me trepaba en el risco, pisaba sus desniveladas galerías invadidas de yuyos , intentaba con la cámara una imagen que diera cuentas del dolor de su abandono. Inútil, nada era tan bueno como yo esperaba. 

Fue la noche en que la luna mostró el mar detrás de una de las ventanas voladas cuando que creí lograr la imagen perfecta. Tomé una y más, era una noche tan mágica y aquella casona lucía tan triste mostrando el paisaje por sus ahuecados bordes. 

Después de las tomas rápidas fui corriendo a ampliar mis codiciadas fotos. Entonces supe que fotografie una pareja o más bien, sus sombras. Entre la luna y el mar,intemporales y distantes, una pareja en sombras escapó por algún lado y posaron para mí mientras yo soñaba que fotografiaba una casa en ruinas.

Me fui enterando de a poco, porque me daba ese no sé qué averiguar en un lugar desconocido, qué había sucedido allí. La historia de una pareja enamorada y feliz, recién casados, ricos herederos, sin que ni la salud, la belleza y el amor les faltara, que se suicidaron y luego, ante el horror, la mismas familias quemaron parte de la casona… me dejó temblando.

La historia la conoce todo lugareño. Por las dudas, no me traje las fotos.

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