Hay que tener paciencia y habilidad para hacer palomas con migas de pan. Cuando lo lográbamos, no muy seguido, corríamos al jardín de florcitas anaranjadas y amarillas. Era, sin dudas, la parte más humilde del inmenso predio. Ahí arrojábamos las aves de pan. Y fue el día del viento loco del Norte, el día que el sol se incendiaba que ante nuestras cándidas miradas, algunas cobraron vuelo.
Publicado por María Luisa De Francesco
Tejedora de historias más o menos malas.
Madre y abuela.
Experta en enredarse sola.
© Malu Escritora 2025
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