Casa humilde

Era una casa humilde, cercana al mar. Casa de chacareros pobres. No faltaba la sombra del parral en el patio. Ahí, debajo, escuché miles de cuentos en el verano. En su galería pequeña y sombreada de plantas, escuché las cosas más graciosas e interesantes de mi infancia.

Era sí, muy humilde la casa. Pero era mi lugar favorito para ir en vacaciones. No habían reglas de etiqueta, se podía andar sin peinarse y descalzos, los tíos abuelos jugaban con nosotros, de noche no faltaban los cuentos a la luz de las luciérnagas. El baño cotidiano era una gran tina antigua donde una podía quedarse hasta que el calor se evaporara.

Yo tenía un cariñoso y agradable recuerdo en esa casita. Por eso discutía tanto, por eso no quería regresar. Pero acá estoy, me ganaron, me hicieron venir.

La tibieza y la felicidad de mi infancia han quedado reducidas a una pocas y crueles palabras de unos versos que recuerdo bien :

” y qué iba a hallar al volver/ tan sólo hallé la tapera”. ( del Martín Fierro de José Hernández)