Sacar fotos a casas abandonada fue mi entretenimiento aquel verano. Treparme en el risco, pisar sus desniveladas galerías invadidas de yuyos , intentar con la cámara una imagen que diera cuentas del dolor de su abandono. Inútil, nada era tan bueno como yo esperaba.
Fue la noche en que la luna mostró el mar detrás de una de las ventanas voladas cuando que creí lograr la imagen perfecta. Tomé una y más, era una noche tan mágica y aquella casona lucía tan triste mostrando el paisaje por sus ahuecados bordes.
Después de las tomas rápidas fui corriendo a ampliar mis codiciadas fotos. Entonces supe que fotografie una pareja o más bien, sus sombras. Entre la luna y el mar,intemporales y distantes, una pareja en sombras escapó por algún lado y posaron para mí mientras yo soñaba que fotografiaba una casa en ruinas.
Me fui enterando de a poco, porque me daba ese no sé qué averiguar en un lugar desconocido, qué había sucedido allí.
La historia de una pareja enamorada y feliz, recién casados, ricos herederos, sin que ni la salud, la belleza y el amor les faltara, que se suicidaron y luego, ante el horror, la mismas familias quemaron parte de la casona… me dejó temblando.
La historia la conoce todo lugareño. Por las dudas, no me traje las fotos.
