Muerte y después

El sol rojo y eterno se va a morir por un rato

Cae sobre la magnificencia del agua en el eterno e infinito horizonte

Mil puestas de sol no te alcanzan para seguir mirando, ni a mi, ni a nadie…

No somos especiales: toda la humanidad se ha detenido a mirar alguna vez, la puesta del sol.

Es un poco esa sed de inmortalidad: sabemos que regresa, es una muerte falsa su caída roja sobre la lejanía… y tenemos la esperanza de volverlo a ver.

Así reanudamos el ciclo y nos sentimos eternos como el astro rey.

La muerte mentida del sol lleva millones de años, es un breve refugio para abrazar la noche, abrazar la oscuridad , rodearnos de ella o dormirnos en ella y renacer con el nuevo nacimiento del sol.

El crepúsculo suele ser lo más romántico del día y tal vez por eso mismo, lo visitamos con frecuencia pero… qué tiene de romántico la cercanía de la muerte? Nada en la vida humana…pero todo en el deseo antropológico de eternidad.

El sol se muere de mil colores y el rojo es el favorito de fotógrafos y poetas. Porque el rojo es pasión y morirse o irse, es lo mismo, mejor llenos de pasión que blanco hielo.

Dejemos, una o mil veces más, que el sol se vaya fingiendo muerte, mirémosle arrebolados de belleza… tal vez podamos parecernos mísera mente en morir en rojo pasión…