La foto de la muerta ( ejercicio 2)

El pueblo estaba alborotado por el casamiento de Fermina Dacosta y Prado. Era la única hija del ganadero más rico del pago.

Cada quién esperaba una invitación, porque el día que comprometieron a Fermina con un abogado de la capital, después del festejo casero, el patrón se tomó un montón de vino en el boliche de Sánchez. Invitó a todos los presentes, terminaron todos borrachos y con la promesa de que todo el pueblo tendría su lugarcito en la boda.

Así que ese mes de octubre el pueblo entero anduvo esperando invitaciones que por cierto, fueron llegando. Y llegaban camiones desde la capital surtidos de todo lo necesario para que esa boda fuera la más recordada en la historia.

A la novia casi no se la veía, tenía dos modistas y peluqueras alojadas en el casco mayor de la Estancia El Patrón, donde estaba la casa más grande de la familia Dacosta y Prado.

Después de recibir las invitaciones las mujeres enloquecieron, cómo iban a vestirse, cómo conseguirían ropa para los hijos y los maridos. Los hombres estaban ocupados calculando si iban a hacer vaquillona con cuero, si optarían por cerdo o corderos. Tal vez todo. Y bebidas?

Todo el pueblo sacaba deducciones y mientras tanto no habían más telas en la única tienda del pueblo, no habían zapatos, ni sombreros. Se encareció muchísimo el casamiento: había que traer las ropas de pueblos vecinos. Y los pueblos vecinos aprovecharon, ellos no tenían fiesta pero ganarían más: aumentaron toda prenda o ropa de buen vestir.

También las mujeres que cosían tuvieron sus beneficios pero padecieron los malos tratos y trabajaron día y noche. Malos tratos como: que mi vestido no se parezca al de la viuda X, que no tenga mi vestido nada que ver con la flaca M, y mil advertencias más.

Todas las mujeres querían ser originales y elegantes. Los hombres, asombrados de los bríos y discusiones, prefirieron quedar al margen y ver sus ahorros volar sin meterse demasiado en el apronte familiar.

En la casona principal no paraban los preparativos que iban desde el jardín a los salones. Pocos días antes llegó personal extra para la cocina.

La boda estaba fijada para el 4 de noviembre, y octubre entero fue de locos preparativos. Pero cuando las cosas estaban ya al borde, cuando la novia ya se había probado varías veces el vestido, entonces fue que sucedió.

Fermina se murió. Ataque cerebral o al corazón o a la realidad, quién lo podría saber? Fue instantáneo, no hubo tiempo para ir a buscar médicos, los hospitales estaban muy lejos.

A la locura de los preparativos se vinieron, como golpes insanos, aceptar la novia muerta. Tener que preparar un velatorio y olvidar el casamiento es, fue y será una paradoja brutal.

La familia quedó en shock y el pueblo entero hizo silencio. La novia, nívea y virginal, en su cajón de madera durmiendo para siempre. Todos o casi todos reprobaron al Patrón que hizo fotografiar a su hija muerta en su cajón.

Pero nadie dijo nada. Muchos días después llegaron las fotos, eran varias y en esos tiempos valían una fortuna. La casa entera se llenó de esas fotos enmarcadas finamente.

La foto de la muerta estuvo en el gran casco de la estancia, en cada habitación, por orden del padre de Fermina.

Cuando murió el padre fueron quitadas y guardadas en algún lugar sombrío. Las fotos desaparecieron, nadie quería tenerlas, todos querían olvidar.

Cómo aparecían esparcidas en las calles del pueblo cada 4 de noviembre debe de ser una leyenda del lugar. Sin embargo, no puedo explicar… cómo consiguió mi abuela esta foto cuando visitó aquel pueblo de su infancia?

No quiero pensarlo…