La historia de nunca acabar

“El tiempo no es lineal, es un círculo infinito que nos envuelve”.
-Andrei Tarkovsky

Es que se terminó la historia cuando moriste en Montevideo y nadie me avisó? Escribo para contar qué cosas?…Tal vez cosas que nos sucedieron a todos los humanos, pero no, no es cierto. Porque cómo y de qué manera soportaste aquellos años de hijos chicos, casi bebés y yo metida en refugiar gente que se escondía de las “fuerzas del orden establecidas “ en plena dictadura, me arriesgaba y ponía en riesgo también a los pequeños.

Ahí te quedaste estoica, nunca me delataste, nunca te fuiste y cuando me arrestaban, soportabas la pena de mamá y acunabas a mi hijo junto a la tuya. Eran detenciones breves, un día o dos, en realidad nunca encontraban nada. Pero tampoco me dejaban hacer nada, me cortaban los caminos. Los perros tienen excelente olfato. Aquellos eran muy buenos, olían desde lejos a los que no los soportaban, que la dictadura era para mí lo que decían miles de carteles, que aunque no me mostrara claramente, no estaba de acuerdo y con bajo perfil haría lo que pudiera por sacar la fuerza de los perros de las calles de mi país.

Tengo que recordar esa época donde el terror de ver aparecer a hermano, loco, atacado por sus voces, cambió por el terror de ver los uniformes y los Ford Falcón en la puerta de casa, allanando, revolviendo, rompiendo, llevándome para interrogarme.

Y parece que escribo mi historia pero mientras yo hacía eso de andar arriesgando mi vida en pequeños actos de rebeldía vos, con mamá, protegían y cuidaban los cachorros. Intentaban sobrevivir y no temblar por mi, dudo que lo lograran. Mi terror a ser detenida o desaparecida, era también el tuyo y el de mamá. Por eso tu historia se va a mezclar muchas veces con la mía y tendré que desatar nudos y desnudar muertos. Si no lo hago: no contaré tu historia.

Creo que aún antes de morir papá éramos… qué? Las parias de la familia paterna y las escondidas de la materna?

La familia de papá, bonaerense, habían subido un par de escalones sociales y creo que se olvidaron que el abuelo llegó como polizón en un barco. Incluso olvidaron que papá se fue a vivir con su abuelo materno por una gran pelea con su padre. La pelea fue para impedir que su padre golpeara a su madre. O tal vez, como crecieron social y económicamente, querían olvidar. El golpeador , nuestro abuelo,ya había muerto. No lo conocimos. No se perdieron nada, diría papá pero creo que sí. No siempre habrá sido un golpeador.

El padre de nuestro padre huyó de un campo de prisioneros, con un tiro de sal en la nuca, corriendo, haciéndose desertor y polizón por seguir el rastro de nuestra abuela. Cuando la encontró en Buenos Aires, la raptó para conseguir autorización y casarse con ella. De ese gran amor nacieron once hijos, el mayor de los varones fue nuestro padre. Pero tuvo la mala fortuna de ver a ese padre transformarse en golpeador. Y nos quedamos sin saber qué transformó al hombre que herido y prófugo buscó a la abuela, en un hombre violento. Sentiría voces? Las esquizofrenia es hereditaria?

La familia de papá salvo por las visitas a la abuela, alguna lejana visita de algún tío a nuestra casa, nunca mostró interés. Cuando murió papá se disolvieron. Los busqué tantas veces en la capital. Sencillamente sé perdió toda relación. Y mamá tan tranquila!

Es que tal vez, lo que no le perdonaron a papá fue que se casó con la hija de gente de campo. Es que papá eligió vivir lejos de la capital, le gustaban más los plantíos que los rascacielos. Que si bien jamás perdió la elegancia porteña de la época, amaba su casa de provincia y los campos con cultivo y su gente. Mamá formaba, creo, parte del mundo que la familia no deseaba para papá. El hijo esquizofrénico menos aún. Y nosotras pues… entramos en el paquete.

En la familia de mamá nuestro padre era un hombre muy querido por la matriarca y las hermanas. Después que murió nos perdonaron menos los desórdenes. Agrego los míos a los tuyos. Se nos notó la osadía, la desobediencia, la transgresión.

Viste todo lo que perdimos con papá? Seguramente vos lo entendiste y sufriste más que yo. Diez años más de conciencia tenías.

Fuimos transgresoras cada cual en lo suyo. También recordamos hasta hoy con la tía viva, algunas de nuestras tías maternas por ejemplo, tuvieron infidelidades y abortos clandestinos. Pero guardaron “las formas “, nosotras no. Y hubiera sido posible eso con una madre que necesitaba esa familia para consultar todo, para contar todo, para pedir opinión por todo, para cruzar la calle y llevar sus cuitas? Mamá, que fue sin dudas la mujer más cariñosa, amorosa y buena del mundo, necesitaba vivir cerca y expiar todo al oído de madre y hermanas.

Cuando se juntaban para coser o tejer, cuando los domingos de frío se reunían a jugar rumí canasta, o para hacer grandes comilonas, mamá narraba sus penas y oía consejos. Cinco o seis consejos diferentes y el dictamen de la gran matriarca. Cómo íbamos a mantener en secreto nuestras transgresiones, nuestros pecados?

Aquellos dos años terribles fueron los de exposición permanente ante la familia. Una vez, la abuela me preguntó porqué me andaba metiendo en política. Tuve la osadía de responder que era igual a sus hermanos, comunista. Y mi relación con ella tuvo un gran cambio. Casi no me habló más. Decía que mi hijo era muy marrón, muy oscuro, que mis senos eran muy blancos y por eso no se amamantaba correctamente. Le puso de sobrenombre “ el negro”. En realidad no era negro, solo su pelo y sus ojos. Pero así castigó ella mi soberbia de responderle. Y nunca supe si a mi hijo eso lo afectó. Ilusa de mí, vos me habías enseñado desde niña que no había diferencias por el color de la piel. Mi hijo: habrá sentido también que no le importaba?

Tu hija en cambio era más morena que mi niño pero vos jamás le respondiste a la abuela. La oías y bajabas la cabeza, aunque después la desobedecieras. Era entendible: fuiste la nieta deseada, trabajabas para la tía nueva rica en casa de la abuela. Sin ella y su apoyo no hubieras sobrevivido y tenías la misma actitud que mamá. La matriarca podía opinar y decir lo que ella pensaba y una tenía que callar. Durante mucho tiempo tuviste el aprendizaje correcto que te dio mamá, después cuando desapareciste, no volviste más.

También yo desaparecí por motivos mucho más complejos pero regresé siempre que pude. Incluso al : entierro de la mamá grande, como diría GGM. Yo sufrí un exilio político, vos te auto exilaste por tus propios motivos.

Esta ciudad pequeña, con su bello Río, ahora plagada de edificios y robos y mendigos, fue el escenario de los primeros años de nuestros hijos. Y si no aparecen esos dos hombres, hermanos ellos y uruguayos, si no cambiábamos de ciudad, casa, destino, ni siquiera puedo imaginar que hubiera sido de mi hijo, tampoco sé si aún tendría a mi sobrina.

Durante eso dos, casi tres años que duró el estar las tres juntas con los niños, hice de todo, vos también. Vos para sobrevivir y proteger, para ayudar a mamá, yo para incluirme entre los que cambiaríamos el país, que también era una forma de intentar recuperar al intelectual de izquierda que fue mi primer amor. Estudiar enfermería, retomar la música, intentar trabajar como oficinista, todas esas cosas iban unidas a refugiar exilados o clandestinos, aparecer en marchas y manifestarme junto a otras y otros. Al final de todo eso: no hice nada. Sólo conseguí que me ficharan en la larga lista negra de la dictadura.

Fue entonces que llegó a mi vida ese hombre que me salvó. Sé que se enamoró de mí mucho antes que yo de él. Que comencé a salir con él como en un juego, porque su mundo y el mío no tenían nada que ver. Pero tal vez era necesario pasar un tiempo de tranquilidad, la casa de mamá había sido allanada dos veces, a mi me habían llevado detenida más de tres y la última vez, me llevó la Policía Federal y no la pasé bien. Los compañeros andaban disparando, como en bandadas sueltas, el apartamento del fondo dejó de ser seguro; mamá lo alquiló a un primo, hijo de los nuevos ricos de la familia. Y aparece, en tu departamento por invitación de un amigo, este hombre mayor, me llevaba diez y ocho años, con un pasar económico sólido, con una sonrisa sensual y unas tremendas ganas de amar. Me dejé llevar, pensando que pronto volvería a mi camino revolucionario.

A vos ese hombre te agradó, me lo dijiste: Este no es como el otro, este hombre te quiere, dejà un poco de pensar en los líos de la revolución y dedicale un tiempo. Tal vez tu vida lo necesite y vos también. Me extrañó todo lo que me dijiste, era un época en que casi no hablábamos, salvo por los niños y por el costo de la vida, alguna vez hablamos de algún libro. Cuando me lo dijiste mi mirada cambió. Me fui corriendo a la casa de la abuela, nosotras ya no teníamos teléfono, no podíamos pagarlo, lo llamé y acepté su invitación para viajar un fin de semana a Uruguay. Me miraste con aquellos tus ojos, afirmativa, segura, y me sentí bien.

Así empezaba mi nuevo destino, no lo sabía. Pero lo que menos aún pude imaginar que marcaba el tuyo. ¿ Vos lo leíste en tus cartas? Nunca nadie responderá esta cruel pregunta retórica.

Pasaron unos meses y yo me mudé de casa a vivir con él. Al principio no quise llevar mi hijo, quería ver si funcionaba. Fue el tiempo de la felicidad, del amor que nacía, más de él que de mí, yo me dejaba amar que me hacía tanta falta. Fue el tiempo de descubrir que podía hacer otras cosas.Descubrir o más bien recordar, los tiempos de ser clase media, tener un apartamento sin que nada falte. No sacar cuentas para llegar a fin de mes, ni buscar más trabajos donde mi número de documento fuera un obstáculo, olvidarme por un tiempo de la revolución que no fue, de que podían llevarme de nuevo simplemente para interrogarme y amedrantarme. Descubrir que sin hacer demasiado esfuerzo aquel maravilloso primer amor podía olvidarse, no tener que lidiar con un intelectual militante de oído absoluto, no tener que dar exámenes cada vez que hablaba. Sucedía casi lo contrario.

También fue el hombre que me hizo tomar conciencia de mi maternidad. Porque por aquel tiempo hermano estaba en casa y consideramos que no era sano para mi hijo estar ahí. Tampoco para nuestra madre era sano. Había que ubicar a hermano nuevamente.

Mientras se sucedían los día, nos mudamos a una casa más grande y me llevé a mi niño. De pronto mi vida dio el gran salto: ama de casa, madre, aprender a conducir un auto, olvidarme de la política, salir a cenas, comprarme ropa, comprar ropa para mi hijo, regalarle almuerzos en restaurantes a mi madre.

Y apareció su medio hermano, buscando refugio. Había sido abandonado en la puerta del Registro Civil por su futura, nunca, esposa. No era un hombre hermoso, más bien lo contrario, no era un hombre elegante…no era un buen hombre. Pero no lo sabía, era su medio hermano y por supuesto, lo recogimos en casa. Mientras buscaban un lugar para hermano, se quedó en casa de mamá.

Cuánto tiempo pasó entre eso y que fuera tu pareja? Ahora no puedo recordarlo, pero no fue mucho tiempo.

Cuánto tiempo pasó entre que todo eso sucedió y hermano fue recluído de nuevo para ser hospitalizado? No puedo recordarlo…

Cuánto tiempo pasó para que mamá se fuera a vivir conmigo porque tenía serias discusiones contigo y tu nueva pareja, o sea, su medio hermano?

Fueron días o meses, fue un año. Tal vez. Una vez que mamá se vino a vivir con nosotros, un alivio infinito brotó en mi corazón. Darle a mamá una vida más cómoda, más relajada, sin la presencia constante de las huidas de hermano, sin mis refugiados en el fondo de casa, al lado de su nieto que adoraba, viviendo sin apreturas ningunas. Sentí que por primera vez, porque mi ida con ella a Buenos Aires nunca fue totalmente feliz, estaba haciendo mi trabajo como hija menor.

Pero no sucedía lo mismo con vos. Mi nueva pareja no vio con buenos ojos que a poco tiempo de conocerse se fueran a vivir juntos, dudaba mucho de su medio hermano. Es un hombre inestable, me confesó, se estaba por casar con una prostituta, entendés eso?, con una prostituta de la calle, y ella ni siquiera fue al Registro Civil. Es mi medio hermano, pero estoy cansado de pagarle las deudas y sacarle las castañas del fuego, me contó una noche desvelada de confesiones, tu hermana es una mujer grande, debe de tener cuidado.

  • A mí mi hermana no me hará caso, cuando se enamora…
  • Pero fijate, hace tan poco tiempo se conocen, tu hermana estaba en pareja, dejaron al tipo colgado sin explicación y es el padre de su hija, además están impidiendo que tu madre alquile toda la casa, con la falta que le hace. Te repito, no es confiable.

Ese más o menos fue el diálogo. No tuve que hacer nada, los dos medios hermanos uruguayo tuvieron una pelea en tu casa, fue por dinero, fue por juego y dinero, fue porque no querían que mamá alquilara toda la casa que le pertenecía. No sé, no estaba, sé que estaba mamá. Sé que eso marcó nuestra gran segunda separación sin siquiera despedirnos.

Mamá pasó a vivir con nosotros. La casa se puso en alquiler como ella quería. Mi pareja la alentaba, le decía que era lo correcto, mamá comenzó a quererlo mucho, me sentía distinta, diferente. No tuve tiempo a pensar en nada más, o no quería pensar en nada más.

Vos te fuiste con tu niña y tu nueva pareja antes que nosotros. No te despediste ni de mamá, ni de nadie. Te fuiste, sin dejar ni un rastro atrás. De pronto, por aquellos días, pasé a ser la favorita de la gran matriarca. Tenía a mi lado un hombre culto, elegante, con dinero, con su propio departamento, con ventas de autos y casas, tenía a mi niño y a mi madre viviendo en una hermosa casa. ¿ No era eso lo que toda familia como la mía necesitaba para darme el visto bueno? Tuve el visto bueno. Todo cambiaba vertiginosamente para mí.

Entonces recibí la maldita carta de la triple A ( Alianza Anticomunista Argentina), entonces tuve que contarle que no era nada, que era una simulación, que en realidad lo mío no había sido tan grave, que nunca me había afiliado. Que mis cosas eran la de todos los estudiantes de esos días, algunos refugiados, algunos allanamientos, algunas detenciones, algunas marchas, no tenía importancia y seguramente, era todo un error. Yo no podía estar segunda en la lista de personas que iban a ejecutar los servicios paramilitares de la triple A.

Pero él se asesoró con abogados y me dijo que nos íbamos a Uruguay. Que dejaba sus negocios en Argentina, que había que poner a salvo mi hijo, que era muy pequeño, a mí y a mi madre. Que él se encargaría de pasar la frontera, no hay frontera, por más requerida que estés, que no se compre con plata. Así fue. Migramos, él debió pagar una fortuna. No teníamos permiso para cruzar a mi hijo. Yo tenía requerimiento por mi número de DNI.

Cuando llegamos a Uruguay sentimos que un capítulo había acabado y comenzaba otro. Vi sonreír y disfrutar a mi madre como nunca. Estaba comenzando a amar aquel hombre cariñoso, protector, dadivoso y empírico que era mi segundo marido. Cuando llegamos a Uruguay pensamos muchas cosas pero tu nombre, querida hermana, estaba como bloqueado.

Qué manía esa de bloquear con el pensamiento lo que nos molestó o nos dolió mucho. Ni siquiera teníamos tu dirección. Y según madre, mejor, porque nadie salvo su hermana menor tenía que tener nuestra dirección. De esa manera no nos ubicarían y dejarían de perseguirme. Mamá era muy ingenua con respecto a las fuerzas del orden de esos días, yo tenía ganas de amar distinto, diferente, aferrarme a un amor sin sacrificios, atarme finalmente a mi hijo, a una vida distinta y distendida. Estábamos equivocadas…

Pero más equivocadas estuvimos por no tener donde escribirte y saber de tu vida.

Esa fue nuestra segunda gran separación y un lugar del que no se tiene retorno. Te juro que no me daba cuenta de eso…

Fue ese lugar del no retorno que nos agrietó el muro de la sangre compartida. Muchas veces volvimos a estar juntas pero no pudimos recomponer esa grieta. Y mamá se equivocó porque ella siempre tuvo retorno a su familia. Los dos medios hermanos uruguayos se equivocaron porque nunca tuvieron familia, nacieron de la misma madre, pero nunca tuvieron una familia. Ni siquiera un padre protector como el nuestro. Se equivocaron y nosotras no valoramos ese lazo amoroso que nos había unido. Las noches de lecturas, mi compañía para que estrenaras tu primer papel actoral. Mi compañía para verte en Cinco Saltos besar tu primer novio. Tu compañía para ayudarme en mi fracaso revolucionario. Tu compañía para acompañarme a recibir medallas en el colegio.

No recordaba que nunca planché, ni lavé, ni cosí, porque vos decías: anda a estudiar, yo te lo hago. No me acordaba que tus primeras experiencias con el Tarot, las Runas y Cartas Astrales, hice de conejito de Indias a pesar de mi descreimiento.

Pequeñeces

«Cuando uno está rodeado de tinieblas, la única alternativa es permanecer inmóvil hasta que sus ojos se acostumbren a la oscuridad» – (del libro Tokio Blues) HARUKI MURAKAMI

Pequeña era tu niña, pequeño era el mío. Pasaba la vida como por el costado nuestro. Mamá recobró un poco de su felicidad con los nietos. La casa de la abuela siguió siendo la referencia obligada.

La tía nueva rica les enviaba cada día más manteles, servilletas y pastas caseras para hacer.

Estoy aquí hoy, en ese antiguo restaurante re inaugurado cinco veces. Cuando tenía doce años vinimos a su inauguración con un italiano casi millonario que había contratado a papá y nos invitó a toda la familia. Sin hermano. Él ya estaría en una de esas jaulas para locos que le conseguíamos. Aquí estoy. Mirando las enormes diferencias y no solo las físicas.

Este restaurante en su tiempo fue el de mejor nivel. Nosotros pudimos acceder a un almuerzo porque el italiano que contrató a papá era un gran empresario. Muchas cosas que tuvimos, lo narro en mi libro sobre los dos años en Cinco Saltos, fueron porque papá trabajó para grandes empresas. Y vivimos como si de verdad perteneciéramos a esa clase social que no era la nuestra. Por eso cuando papá se enfermó, cuando quisiste transformar la casa en un negocio próspero y después, la deuda contraída terminó con la vida de papá, la caída fue estrepitosa.

Vos habrás sufrido mucho más. Te debes de haber sentido culpable o responsable. En mi adolescencia llena de egoísmo y con la cabeza puesta en mil cosas, lo pensé mucho después y recién me animo a escribirlo.

Acá, sentada con mi marido en aquel antiguo restaurante de pueblo, ahora me lo puedo pagar y no es ni la sombra de lo que fue. Nos pienso.

No sé escribir novelas y por eso: como sigo la parte intrincada del relato donde con dos hermanos aparecemos por diferentes caminos y motivos en Uruguay? Como se cuenta eso sin caer en contar verdades crudas y mirar desde la distancia el horror, la vida en llagas y se narra como simple escritora?

En una hora veré a la única tía viva, veré una parte de la vieja casona de la abuela, veré algunas calles reconocibles, el Colegio, las plazas. Veré con estos ojos que escrutan en el tiempo el recuerdo de quienes fuimos y por qué no pudimos ser otra cosa.

Sentiré como ahora, mal sabor en la comida, pesadumbre para caminar las calles, agonía para cruzar el río y después, la intrincada realidad de enfrentar la pantalla para pretender la historia. A veces creo que soy arrogante. Esta historia recién comienza y los ribetes más trágicos no sé cómo los contaré y nadie en este mundo los debería leer.

  • Vas a contar la intimidad verdadera de tu familia, pregunta mi marido.
  • O cuento la verdad o no cuento nada.
  • No podrás contar solo un poco, murmura, hay gente viva aún.
  • Mi familia no me lee, argumento.
  • Y si justo este lo publicas y lo leen?
  • Es la verdad…y no sé si es para publicar.

Así vamos pisando veredas que en aquellos años pisé muchas veces a tu lado. La del correo, por favor, la más conocida. Cuantas cartas podía escribir mi hermana? Con su letra redondita y faltas de ortografía? Pero cartas convincentes: las respuestas lo demostraron.

Tal vez querida, este lugar que ocupo debió ser el tuyo y el mío, debió ser, desaparecer. Cuando me encapucharon y encerraron en el año 78, debí desaparecer y tal vez hoy, estarías vos escribiendo la historia y tendrías mejores respuestas.

Por ahora me resigno y aunque parezca mentira subo los siete grandes escalones de la casa de la abuela. Voy a visitar la única tía viva. Si puedo hablaré de esos tiempos duros. A veces ella, no solo me sigue, sino que aporta mejoras a mi memoria.

Tristezas

“ Las lágrimas nacen del corazón, no del cerebro “ . Leonardo da Vinci

Grito que no creo en nada y que todo es absurdo, pero no puedo dudar de mi grito y necesito, al menos, creer en mi protesta“.

-Albert Camus 

Es triste escribirte. Tan triste como haber sido esas hermanas que se amaron pero no lo suficiente. Hermanas no de tiempo completo. Hermanas de a ratos.

Los tramos felices de nuestra historia juntas fueron cortos. Las separaciones, después de mi intento de ingresar a la Universidad y de nuestros respectivos partos, fueron cada vez más breves.

Fue tan triste tenerte pero no. Mi faro que se apagaba y después, se encendía, yo corría y otra vez se apagaba. Yo era, dicho por vos, tu eterna niña, te pasaría lo mismo: me recobrabas, me abrazabas y me perdías.

En esa primera separación me metí de lleno en los estudios y en tener novio. Pero era imposible y no sé si tantos años después puede entenderse, no militar con ideología de izquierda. Eran los años setenta! Con la sensibilidad de una adolescente llena de cuentos, poemas, teatro; con un novio intelectual, músico y militante, con las novedades que se tejían en la Universidad y la brutal represión en las calles, el miedo siempre pegado a las minifaldas escandalosas y las barbas que imitaban a Guevara: cómo hubiera podido no militar? Leer libros prohibidos. Encariñarse con gente comprometida. Escuchar discursos sobre Marx, Mao y Fidel. Todo a escondidas. Es que no pude escapar a ese destino ( tampoco lo intenté).

Mientras en el Norte vos tampoco escapabas al tuyo.

En el Norte, provincia pobre, ciudad pequeña donde todas y todos se conocen, Capital del chisme y del citrus. Donde no te seleccionaron nunca como candidata a reina o princesa de la citricultura porque no éramos dueños de plantaciones. Aunque nuestro padre podría saber más que cualquier ingeniero agrónomo y había trabajado como encargado de las mejores firmas. No éramos propietarios. Pero tuvimos primas que sí lo fueron. Eran bonitas y propietario el tío que se casó con la hermana de mamá. Además, tema muy importante, se iban a casar con hombres de buen vivir. No sé si se enamoraron, ni si escribieron un solo poema de amor, no sé si leyeron otro libro que el manual de la Escuela. Y tampoco sé, porqué me asaltó este recuerdo ahora.

En ese pueblo, que sigue con casi las mismas características, vos estabas viviendo los peores y los mejores momentos. Los peores porque trabajas casi como esclava de la tía nueva rica, dueña de restaurantes junto al tío que manoseaba a su hija y se animó con vos, los que en su nueva posición social eran como todos los nuevos ricos: miraban al resto de la familia por encima del hombro y le daban migajas a cambio de trabajo duro.

Ahí estabas y mientras entrabas al mundo esotérico poco a poco, fuiste la amante de un amaestrador de perros de la policía. De la policía que, recuérdese, eran parte de las fuerzas de represión pocos tiempo más tarde. Tenia ya esa virtud y un alcoholismo que creció con el tiempo. Fuiste feliz ? No lo puedo imaginar. Tu mundo y el de ese hombre jamás pudieron ser compatibles. Pero sola y casi esclavizada qué podías encontrar? Y cómo estarías sin nadie a tu lado? Así entró ese hombre en tu vida. La puta causalidad.

Sin embargo tuviste la enorme dicha de quedar embarazada. Uno de tus anhelos. Fueron unos meses donde mamá y vos se escribieron bastante. Mamá iba a ser abuela y comenzó a levantar su ánimo, del otro lado yo tenía sexo como en los años 70: sin demasiada responsabilidad.

Cuando mama decidió irse unos meses contigo me sentí mal. Intenté entender pero tenía diesiete años egoístas.

Al poco tiempo supe que estaba embarazada y el hombre intelectual, el del oído absoluto y militante de izquierda me dio el dinero para abortar. No pude, no quise, no lo hice. El misógino creyó que lo hacía para casarme con él. Que los intelectuales no suelen ser inteligentes emocionalmente y menos aún, entender cómo siente una adolescente.

Como habías predicho en tus primeras pruebas de Tarot, vos tuviste una hija, yo un varón.

Las dos fuimos abandonadas, de diferentes maneras. Las dos nos agrupamos junto a mamá en tu departamento. Alquilábamos el resto y finalmente mamá cobró la pensión de papá. Habían pasado dos años.

El padre de tu hija a veces ayudaba, el padre de mi hijo enviaba a veces dinero. Así comenzamos el camino de la maternidad.

Otra vez me escabullí, maternar no fue lo mío, quería seguir estudiando y mamá, vio en mi hijo al que vivía encerrado. Se aferró a ese niño como a nadie en su vida.

Dos años casi sin vernos y después, estuvimos con nuestros hijos a rastras casi dos más.

Llegaría la primera gran separación. Porque para cuando volvimos a vernos nuestros hijos eran adolescentes de casi quince años.

Rompecabezas

Quién fue la primera persona que me leyó Angelitos Negros?

Quién aceptó que los negros eran iguales y que su piel, lejos de ser horrible, era hermosa?

Quién compraba libros de Africa y me mostraba fotos para contarme lo que hacían en ese continente?

Quién renunció al catolicismo y pregonó otras religiones?

Quien comprendió que como dijo Shakespeare, hay más cosas entre el cielo y la tierra que las que una puede imaginar, y probó caminos diferentes?

Quién consideró que ir a los barrios paupérrimos y ayudar en lo que fuera era una labor satisfactoria?

Quién me enseñó a leer teatro, poesía y esoterismo?

Quién se atrevió a decir frente a toda la familia que el tío, nuevo rico, la había manoseado y acosado?

Quién se animó a tener más de un amante en épocas donde eso debía de esconderse y jamás saberse?

Quién menstruó por primera vez, con diez años de diferencia, el mismo día que yo?

Quién dedicó horas para hacer un calendario sobre los designios del mes según el día que menstruabas?

Quien tejió con palabras miles de cartas y obtuvo respuestas de los grandes actores y actrices de la pantalla del cine?

Quién tuvo un álbum de fotos de los más famosos del Cine, autografiado?

Quién coleccionó postales del mundo entero?

Quién se adelantó a las citas por Internet y se inscribió en todos los : Correos del Amor de las revistas de la época?

Quién se quedó presente en lo allanamientos aunque no tenía nada que ver con el tema?

Quién guardó fielmente el secreto de los refugiados que yo escondí en el departamento del fondo?

Quién pudo con las voces de hermano?

Quién me acompañó en mi viudez?

Quién se murió y me dejó sola con tu, mi, historia?

Quién me tiraba las cartas y me decía verdades que ni yo me creía?

Quién se enamoró siempre del hombre equivocado?

Quién tuvo los ojos más enormes y expresivos del mundo?

Quién se cansó de la vida antes de tiempo y me pasó la posta?

Mi hermana…

En el ojo de la tormenta

“ Para darnos cuenta del valor del ancla necesitamos sentir el estrés de la tormenta” – Corrie ten Boom

Un año duró la enfermedad de papá. Tres infartos más, edema pulmonar y el final, estallido de aorta. Así era papá, un corazón enorme y ganas de comer. Nunca fue un gran fumador, ni tomaba mucho alcohol, a padre le gustaba cocinar y comer. Vos y mamá culparon a su glotonería de una muerte que se lo llevó antes de los sesenta y a mí, me dejó huérfana de padre a los quince.

Una de las tardes, cuando comenzó su enfermedad y lo mantenía entretenido tomándome lecciones, me había preguntado qué quería para mi cumpleaños. Nada de esas fiestas que parecen para presentarte en sociedad, respondí y papá sonrío con toda su dentadura perfecta. Entonces nos vamos a Misiones, me dijo. Te llevo a conocer donde naciste porque eras muy pequeña cuando regresamos.

Alguien supo lo que soñé con ese viaje? Tener a padre para mí, porqué quien dudaba que vos eras la niña de sus ojos? Es más fácil si se nace después de que murió la primera hija.

La noche helada de junio, cuando murió papá, mi mejor amiga se quedaba en casa. Estábamos preparando los exámenes cuatrimestrales de julio. La noche tenebrosa, cruel y oscura, en que el corazón de papá dijo basta ya el negocio daba quiebra y tu amante gigante, no volvería.

Hermano seguía escapando cada mes y eran luchas contra sus voces que enloquecían la familia entera. Miedo, golpes, todo tipo de medicamentos y nuevamente, encerrarlo. Acaso le preguntamos a padre lo que sufría?

Nunca nada nadie le preguntó. Padre era el ancla y esa noche helada, vomitando sangre, perdimos el ancla y quedamos desnudas a la deriva, en una tormenta interminable.

Estos días en que escribo, pienso y me duele el cuerpo, que los he sobrevivido a todos. Que me he tomado el trabajo de contar esto y lo otro, acá y en infinitos relatos, porque tal vez me sane. Porque quizás me encuentre.

Pero este es tu relato. Y hoy, sí hoy año 2025, me di cuenta que nunca estuviste cerca en los momentos difíciles. Por qué? Porqué si eras la favorita de papá y la compinche de mamá cuando se fundió el maldito bazar y no volvió tu amante gigante, tuve que acompañar yo a mamá a rogar pedir la prórroga de la hipoteca. Después visitar al amigo millonario de papá, al que nunca le aceptó dinero, y rogar pedir que nos ayude con la hipoteca. Con mis tristes quince años a cuestas y una madre al borde de la locura. Vos nunca fuiste.

Salvamos la casa, claro. Papá fue un hombre querido y respetado. El dinero que sobró mamá lo destinó a dividir la casa. Te hizo un departamento en el fondo e hizo otro más para alquilar. Te desterró mama? No sé, me quedaba un año de secundaria, quería ir a la Universidad, no veía la forma y me sentí aliviada. Finalmente tenía a mamá de mi lado. Vos? Al fondo, a la izquierda. Así de mal me sentía.

Ese departamento tuyo fue unos años después mi propio refugio. Pero primero disfruté a mami para mí.

Y vos seguiste tu vida trabajando y comenzaste a leer el Tarot. Otra vergüenza! Para mí era terrible, estaba en plena edad de no creer en nada y menos en el horóscopo o el Tarot o cartas astrales.

Quién me diría que treinta años después me leerías mi destino? Quién me diría, con el enojo que tenía contigo, que casi en el final de tu vida, me aferré a vos como salvavidas? Quién carajos me iba a decir que te sigo extrañando? Quién fue el reverendo hijo de puta que no me permitió saber que te estabas muriendo?

De ese personaje no puedo hablar ahora. Fue el último amante, el esposo real que tuviste. Tu última gran desilusión. Que el amor querida hermana, te traicionó mil veces, pero nunca te diste por vencida.

En esos años, sin el ancla de papá y vos lejana aunque en el fondo de casa, me llegó el primer amor y el deseo de ir a la Universidad. Mamá estaría más que cansada porque me propuso alquilar la casa, el apartamento del fondo e irnos juntas a Buenos Aires, donde trabajaba también, mi primer novio oficial.

Y así, feliz y aturdida me fui con mamá. Primera separación. Duraría poco pero cuando nos fuimos me gustó demasiado. La familia materna furiosa con mamá, vos, como siempre que te disgustabas, con un silencio de muerte y tus ojos enormes destellando ira.

Nos alejamos a una vida tan diferente. Te dejamos sola viviendo como podías trabajando en todo lo que podías y pasando hasta mal. Me odiaste por llevarme a mamá y vivir otra vida?

En realidad: nunca supe si eras capaz de odiar. Lo tuyo eran iras tremendas que duraban unas horas. Igual a papá.

Cuando nos separamos por primera vez, la distancia con la Capital era muy larga. Tren eterno o caminos bituminoso de escasa fidelidad. Eran horas de viaje. El tren sobre un ferry enorme, Brazo Largo y sus puentes no existían.

Cuándo nos separamos no sabíamos cuándo nos volveríamos a ver? No obstante, nos despedimos sin llantos, ni aspavientos, como si dijéramos, hasta mañana.

No fue un hasta mañana. Fue una vida totalmente diferente. Enfrentar la Universidad y tener que rendir exámenes para poder ingresar, un novio intelectual y de izquierda, una madre que extrañaba. Mi mundo era vertiginoso, despiadado, descubriendo el sexo, las ideologías y reprobando algún examen por primera vez.

Teníamos en nuestra pequeña ciudad una tía que se volvió casi rica con sus restaurantes. Gracias a ella tuvieron trabajo vos y su propia hermana. Les habrá ofrecido alguna vez un trabajo adentro del restaurante? Vos podrías haber hecho, supongo, las adiciones por ejemplo. No, la tía casi rica tercerizó los servicios y pusieron lavadero y el amasado de pastas caseras en la casa de la abuela.

Cuánto tiempo lavaste, planchaste y ayudaste a amasar? La tía casi rica nunca te quiso, vos acusaste a su marido de tocarte a escondidas. Imagínate! La primera que levantó la voz contra un pariente que acosaba. Ni yo, que también me pasó, lo hice. Vos lo acusaste adelante de todos los familiares. Y a partir de eso, fuiste una oveja negra. La tía casi rica decía que vos provocabas, te ponías short y polleras muy justas. La tía casi rica explotó a su propia hermana, a vos, al que pudo, pagando miserias y ganando mucho.

Mientras vos sufrías esa insensatez de nuestra propia familia, no parabas de estudiar espiritismo, Tarot, cartas astrales y tenías algún amante. Nos voy a morirme sin tener un hijo, una hija; me habías dicho antes de que nos fuéramos a capital. Y también estabas buscando eso.

Y porque de alguna manera teníamos que vivir también la maternidad juntas, nos quedamos embarazadas con tres meses de diferencia. Mamá tuvo que repartirse para estar en ambos partos. Volví a sentir algo parecido al rencor.

Tenía a mi madre feliz en la capital, eso creía yo, lejos de esa férrea vigilancia materna, no tenía sosobras a fin de mes, andábamos juntas y creo que la cuidaba. Mi novio la quería mucho, eso creía yo. Qué necesidad de embarazarte y que mamá tuviera qué regresar?

No pude o no quise abortar. También estaba embarazada y tenía solo diez y siete años, no entendí eso, mamá decidió ir a cuidarte. A mí se me partió el mundo. Qué haría yo con todo ese mundo y un novio que no aceptaba mi renuncia al aborto?

Buenos Aires es inmenso y triste. Te traga y te devora esa ciudad. Te distraen muchas cosas. Me costaba estudiar. No me pesaba para nada el embarazo. Me escurría por pasillos donde la música, el teatro, el cine, los cafés con clases de ideología se abrían como ventanas al hollín porteño. Cuando tenía tiempo jugaba a ser ama de casa y recordaba que vos siempre me habías hecho todo y yo, tan cómoda, nunca aprendí nada.

Nos escribimos algunas cartas que fueron cortas. Para contarnos cosas del embarazo y me avisaste ( vos siempre me avisaste las cosas que ocurrirían) que yo tendría un hijo varón y vos, una nena. La ecografía de tu Tarot así lo decía y así fue.

Paréntesis

Una de las tantas veces que escribí sobre hermano, para perdonarme, para entender, para liberarme:

Mi hermano nació con una maldición que lo hizo vivir prisionero casi toda su vida.

 Para cuando le diagnosticaron la esquizofrenia ni yo, ni mi familia, ni los médicos de esa época, tenían demasiada información sobre el tema. Nos dijeron tantas cosas y nos aconsejaron tantas otras que la mayor parte de su vida probó tratamientos, terribles, dolorosos, para que finalmente, lo encerráramos.

Pero él era un pájaro. Se escapaba de sus jaulas siempre. ¿Cómo lo hacía?, no se sabía, porque tenía carceleros fieros pero él, siempre los burlaba. No había forma de tenerlo prisionero, en esas épocas terribles de dictadura, cuando los jóvenes no salíamos a la calle sin documentos, él que nunca tuvo los suyos porque se los quitaban, sin otra cosa que el uniforme de su manicomio, burlaba a todos: volaba, se escapaba.
Mi hermano era muy inteligente, leía muchísimo y le apasionaba la geografía. Sin embargo a los médicos no les importaba ese detalle. Mi hermano era peligroso porque en su cabeza las voces lo enloquecían de una manera que la furia lo dominaba y golpeaba a todo lo tocaba. Ni el chaleco de fuerza lo sujetaba. Su locura era de una dimensión extraordinaria.

Era un pequeño pájaro, estoy segura, delgado y de piel tan blanca, renegrido los ojos y el cabello. Era un hombre bello que cuando escapaba, en el limbo de su locura, se transformaba en pájaro. Porque no hay forma de explicar sino, como podía siempre evitar que lo rastrearan y lo llevaran de regreso.
Eso creía cuando era casi adolescente, mi hermano aprendió a volar y cuando lo encerraban, se escapaba con tal precisión que nunca lo podían rastrear.

Cuando se escapaba regresaba a casa hecho un desastre: tiritando de frío, con el cuerpo en un temblor intenso, por el castigo del electro shock, asustado y furioso por su jaula medicamentosa. Y al poco tiempo, otra vez, conseguíamos otra jaula. Le teníamos tanto miedo a esa locura suya de escuchar voces que lo azuzaban contra nosotros.
En uno de esos escapes una lluvia intensa le mojó las plumas y lo encontraron tirado, ardiendo en fiebre. Esa fue la única vez que lo rastrearon, que lograron encontrarlo; él, se murió de una infección pulmonar…dijeron. Supe que se murió porque le rastrearon su vuelo y porque su sufrimiento, ya era mayor que su locura.

Entendí, después, que se murió porque ya no soportábamos más sus locuras de oír voces y atacarnos, porque no entendíamos lo que le pasaba en su cabeza y porque no soportaba más electro shock y pastillas a granel. Sé que la neumonía fue una forma de encontrar al fin la libertad de la muerte.

Cuando fui a verlo…en su cajón de hospital mental, todos los locos lo lloraban, mucho más que nosotras por supuesto. Y nos acompañaron con babas, lágrimas y mocos a dejar el cajón en la tierra, rezaron con el cura un padre nuestro que sonaba a letanía, en su locura, los otros locos, amaban a mi hermano como nunca pudimos amarlo nosotros.

Fue una escena increíble, ahora puedo escribirlo. Sola con mi única tía, acompañada por un cortejo de locos, poniendo el cajón del pájaro dentro de la tierra. Después, en la estación de trenes ellos fueron nuestros acompañantes, se despidieron en el andén con un adiós sincero, con llanto verdadero, nosotras agotadas por una tristeza que no habíamos logrado expresar en todo el velatorio, nos dejamos abrazar porque supimos que finalmente algunos, lo habían aceptado y querido así, con sus voces en la cabeza y con su vuelo de pájaro que cada tanto, recuperaba.

Escribí esto y otros relatos, algunos hasta en primera persona, como si la ezquizofrénica hubiera sido yo, para perdonarme, para entender, para olvidar que odié a nuestro hermano. Que me daba mucha vergûenza tener un hermano loco, que quería tenerlo lejos, que nunca pude entender cómo lograba escaparse y aparecer.

Hoy repito el relato por vos, ya no estás conmigo, ni con nadie, pero fue tu hermano casi gemelo de edad, fuiste la única que las voces en su cabeza respetaron, más que a su propia madre. Sin embargo, jamás hablamos de ello. Y en nuestras vidas, que se alejaron y juntaron muchas veces, no tocamos el tema. En mi caso era miedo, vergûenza, rabia, todo eso junto. Quiero adivinar que tus motivos para no hablar fueron otros.

Tener un hermano un año menor te habrá hecho soñar con un compañero de bailes, con un amigo de charlas, con un amigo con amigos para compartir, con un hermano lindo para presentarle a tus amigas. Vos en tu adolescencia fuiste tan sociable. Incluso en nuestra época paradisíaca de Cinco Saltos, nuestro hermano era impresentable. No habían comenzado sus ataques de furia pero era un ser extraño, se alejaba, era obvia su enajenación.

Creo adivinar que mientras fueron niños y jugaron juntos, soñaste con un hermano varón como los de nuestras primas y alguna amiga. Incluso creo que lo maternaste como lo puede hacer una hermana mayor, Pero nada de eso sirvió. Al principio, en la niñez, fueron sus convulsiones y un diagnóstico de epilepsia que te alejó un poco. Después fue su extraño mundo donde se refugió casi en silencio hasta sus casi veinte años y allí, estalló la locura. Creo que no lo superaste. Tampoco yo, pero como me puse a odiarlo, lo expulsé de mi vida, tal vez por eso, en su final, pude estar. Vos no pudiste odiarlo, no sé si odiaste, ni siquiera sé si pudiste odiar a los amantes que te abandonaron cuando entregabas todo de vos.

De qué otra manera justifico tus ausencias en los momentos duros. No todas las personas pueden soportar ciertas situaciones. Pero hoy lo sé, antes…también hubo momentos en que quise borrarte de mi vida, momentos de vergûenza, y rencor. Por suerte tuve la oportunidad de arrepentirme todas las veces y pude, en cierta forma, auxiliarte o obligarte a vivir un año más, cuando tu marido y su familia miraron hacia el costado, te obligué a que te diagnosticaran el cáncer, te obligué a tratarte, te di un año más de vida, quizá el mejor que tuvimos y después, no quise verte morir.

¿No quise o no me dejaron? Es la primera vez que me lo pregunto.

Todo esta especie de romanticismo, en un paréntesis, mientras yo me hacía ideas de ser de izquierda en las puertas de la Universidad, mientras vos pasabas hambre o insuficiencias, te seguías enamorando, a tu manera, y justificando lo bien que iban creciendo en tus dotes inentendibles, ( esotéricas?), todo eso necesito para contar.

Ni siquiera sé si estoy contando. No cuento lo sucio que era Buenos Aires, lo mágico de poder entrar a un teatro, lo maravilloso de escuchar jazz o Piazzolla, no cuento que mientras tanto vos vivías en tu pequeño apartamento soñando quedar embarazada y yo, del otro lado soñaba con no quedar embarazada. Que mientras a vos el amor te fue negado, yo estaba tan enamorada como la primera vez: eso quiere decir ingenuamente, idiotamente, juvenilmente…corrijan, estos adverbios no deben usarse en la buena literatura. Pues no tengo una buena. Tengo esta: la que pude. También la que quiero.

Todo tecleado con demasiada delicadeza. Me pregunto:¿ cómo lo contarías vos? Te veo sentada aquí, a mi lado, sonriendo, diciéndome te olvidaste esto o aquello. O preguntándome: te acordás de:…? No, no me acuerdo, mi memoria recuerda lo que puede o quiere, es como su dueña. A veces romántica, a veces olvidadiza, otras veces cree recordar con exactitud.

Nada nunca nadie podrá narrar aquellos años de nuestras vidas. Qué estoy haciendo ahora? Me estoy perdonando. En mi vida hubo momentos de ser muy inflexible. Necesito perdonar la joven idealista que fui. En ese año que duró mi presencia en la Universidad creí que arreglaría el mundo, creí y me obstiné en seguir a distintos grupos de izquierda en un momento crítico de Argentina. De pura rebeldía entraba y salía de uno y de otro. Cómo hubiera podido permanecer al lado de un líder revolucionario de izquierda, intelectual de coeficiente superior a cualquier mortal conocido, si yo también, no me activaba políticamente…( muchísimos años tardé en darme cuenta que también se podía ser intelectual, de izquierda y machista).

Vos nunca intervenías, no abrías la boca sobre política, pero me salvaste siempre. Como de niña, como de adolescente. Así actuaste cuando años después, yo una mujer de veinte con un hijo, disparaba por mi vida, enroscada para siempre en una maraña difícil de destejer. Vos estuviste, lejos o cerca, defendiste a tu hermana menor. Mal o bien, como podías, todos hacíamos en esos años oscuros lo que podíamos.

Es necesario dejarte por hoy…miro tu foto, aquí a mi lado y sé que debo de escribir más y mejor. Debo de ser más precisa, más objetiva, pero me embargan tantas emociones. Esto de saber que ustedes, todos, ya son sólo fotos al lado de mi computadora. Que he superado a todos en edad y sigo aquí y me creo, hago el esfuerzo de creer que es para contar historias, entonces sigo viva. Y desde hace algunos años me justifico, no sé porqué, mi razón de seguir viva es VIVIR PARA CONTARLA, un título reflexivo que me dejó GGM.

Tengo que dejar de escribirte y escribirme por lo menos por un día o dos…cuestión de salud mental y de letras.

La tormenta

“Y una vez que la tormenta termine no recordarás cómo lo lograste, cómo sobreviviste. Ni siquiera estarás seguro si la tormenta ha terminado realmente. Pero una cosa sí es segura, cuando salgas de esa tormenta no serás la misma persona que entró en ella. De eso se trata esta tormenta.» (Haruki Murakami)

Yo no había cumplido catorce cuando se desató la tormenta. La casa, la nuestra, transformando su larga entrada de autos y el jardín de macetas, en un bazar de electrodomésticos y cristalería. Tu presencia emanaba en cada artefacto que recibías o traías de la capital. Viajaste con el amante gigante muchas veces. No tenía edad o no quise ver que volvías cada vez ,más triste.

Al frente del comercio estabas vos y papá. Mamá aparecía a veces, a mí no me gustaba. A mí me parecía vergonzoso tener un negocio en casa. Es lo que mis catorce años dictaminaban. Una casa es una casa y un comercio…, no sé qué sentí realmente pero desde la distancia del tiempo era como una vergüenza. Así que estudiaba con mi mejor amiga, tocaba la guitarra, practicaba en el coro, intentaba jugar bien al voley ball, leía y me ausentaba de casa todo lo que podía.

Coincidieron la literatura y las primeras fugas de hermano. Qué me marcó más? Qué te marcó más?

Mi profesora de Literatura, desde hacía años me había instado a escribir, comencé a los once o doce, y a los catorce, no paraba de leer. Por primera vez no leí tus libros o los de papá, abandoné las revistas y me fui acercando a otro tipo de lecturas. Mi mundo tomó otro color y ya nunca más pude dejar de leer. La literatura comenzó a ser mi prioridad, me olvidé que había soñado con ser médica.

También recuerdo con claridad que entre tu atención al negocio y tus viajes a la capital, apareciste con nuevas lecturas y no las compartías. Un mundo esotérico te estaba abriendo otras puertas de lectura. Tu eterna sonrisa estaba un poco más opaca o yo lo recuerdo mal. Creo que al poco tiempo de convivir en casa con tu amante gigante, comprendiste el error y no sabías ni podías escapar. Tal vez ese mundo detrás del mundo, lo esotérico, te ofrecía un escape que estaba lejos de entender en ese tiempo y ahora. Por eso, en ese lapso de nuestras vidas, no compartimos lecturas. Fuimos muy poco al cine juntas, otra actividad que habíamos compartido.

Estábamos creciendo y nos estábamos definiendo. Era normal y me pasó desapercibido.

Hermano, se escapó de Vieytes. Apareció sucio y precario, ante la desesperación de mamá cuando vio su estado. Como la casa se había transformado, lo ubicaron en el comedor diario. ¿Cuánto duró nuestra paz con sus voces? No sé, no podían sacarlo de las calles en las noches. Caminaba la ciudad entera con sus pasos rápidos, fumando sin parar, sin pisar las veredas. Por el medio de la calle. Y un día, atacó a papá. Así, de pronto, estalló su ira. Tiró a papá sobre la cama y comenzó a ahorcarlo. Nuestro padre, que era un hombre grande, gordo, fuerte, no se defendió. Fuiste vos quien se lo quitó de encima.

Qué escena dantesca! Papá ahorcado por su hijo y vos, con un cinturón de cuero, ahorcando a hermano. Hasta que lo quitaste, lo tiraste al piso y le gritaste: Basta! Vas a matar a tu padre!

Hermano te miró sin entender. La casa ya estaba llena de gente. A mí el pánico me había paralizado y mamá solo lloraba.

En pocos días se llevaron a hermano. Sabíamos que se escaparía otra vez, era solo un respiro a sus eternas fugas.

La tormenta se aprontaba. A los pocos días fue el primer gran infarto de papá. No estaba en casa y lo salvaron dos médicos, uno era familiar y vivía muy cerca, pero fue un infarto gigante. Como lo era su corazón.

Durante dos meses me ocupé de entretenerlo leyendo mis lecciones y tocando la guitarra para mantenerlo en la cama. Vos y mamá andaban entre ese negocio y la casa. A mí no me preocupaba que tu amante gigante apareciera cada vez menos, Tenía tan ocupada mi cabeza con mi amiga, con exámenes, nuevas lecturas, esbozos de escrituras, estudio de canto, de guitarra… creo que me olvido de otras actividades. Y me tomé el rol de estar con papá todas las tardes. No vi el inicio de la tormenta.

Hermana, estamos rotas

Hermana,

estamos rotos al punto del no remiendo.

No hay coincidencia mayor a la de la sangre;

más allá de ese mar común,

solo grietas castrando la orilla,

solo silencios,

un pueblo de ayer saturado en salitre,

escombros por recuerdos,

ni una ostra breve sobrevive,

nada real a que aferrarse.

Juan Ortiz ( argentino)

Busqué este poema porque ya no sé si puedo seguir. Si podré con la muerte de papá, las miles de veces que hermano se escapó y lo volvimos a encerrar. Menos aún sé si podré con nuestras despedidas y encuentros.

Cómo contar que mañana, 21 de marzo, murió mamá y no pude resignarme por años?

No sé, no tengo el don, no puedo hacer más metáforas, te debo tanto y entendí todo tan pero tan tarde.

Hermana, estamos jodidas: vos muerta y yo recordando nuestras vidas, haciendo de cuenta que de verdad, esto le importe a alguien…