Tristezas

“ Las lágrimas nacen del corazón, no del cerebro “ . Leonardo da Vinci

Grito que no creo en nada y que todo es absurdo, pero no puedo dudar de mi grito y necesito, al menos, creer en mi protesta“.

-Albert Camus 

Es triste escribirte. Tan triste como haber sido esas hermanas que se amaron pero no lo suficiente. Hermanas no de tiempo completo. Hermanas de a ratos.

Los tramos felices de nuestra historia juntas fueron cortos. Las separaciones, después de mi intento de ingresar a la Universidad y de nuestros respectivos partos, fueron cada vez más breves.

Fue tan triste tenerte pero no. Mi faro que se apagaba y después, se encendía, yo corría y otra vez se apagaba. Yo era, dicho por vos, tu eterna niña, te pasaría lo mismo: me recobrabas, me abrazabas y me perdías.

En esa primera separación me metí de lleno en los estudios y en tener novio. Pero era imposible y no sé si tantos años después puede entenderse, no militar con ideología de izquierda. Eran los años setenta! Con la sensibilidad de una adolescente llena de cuentos, poemas, teatro; con un novio intelectual, músico y militante, con las novedades que se tejían en la Universidad y la brutal represión en las calles, el miedo siempre pegado a las minifaldas escandalosas y las barbas que imitaban a Guevara: cómo hubiera podido no militar? Leer libros prohibidos. Encariñarse con gente comprometida. Escuchar discursos sobre Marx, Mao y Fidel. Todo a escondidas. Es que no pude escapar a ese destino ( tampoco lo intenté).

Mientras en el Norte vos tampoco escapabas al tuyo.

En el Norte, provincia pobre, ciudad pequeña donde todas y todos se conocen, Capital del chisme y del citrus. Donde no te seleccionaron nunca como candidata a reina o princesa de la citricultura porque no éramos dueños de plantaciones. Aunque nuestro padre podría saber más que cualquier ingeniero agrónomo y había trabajado como encargado de las mejores firmas. No éramos propietarios. Pero tuvimos primas que sí lo fueron. Eran bonitas y propietario el tío que se casó con la hermana de mamá. Además, tema muy importante, se iban a casar con hombres de buen vivir. No sé si se enamoraron, ni si escribieron un solo poema de amor, no sé si leyeron otro libro que el manual de la Escuela. Y tampoco sé, porqué me asaltó este recuerdo ahora.

En ese pueblo, que sigue con casi las mismas características, vos estabas viviendo los peores y los mejores momentos. Los peores porque trabajas casi como esclava de la tía nueva rica, dueña de restaurantes junto al tío que manoseaba a su hija y se animó con vos, los que en su nueva posición social eran como todos los nuevos ricos: miraban al resto de la familia por encima del hombro y le daban migajas a cambio de trabajo duro.

Ahí estabas y mientras entrabas al mundo esotérico poco a poco, fuiste la amante de un amaestrador de perros de la policía. De la policía que, recuérdese, eran parte de las fuerzas de represión pocos tiempo más tarde. Tenia ya esa virtud y un alcoholismo que creció con el tiempo. Fuiste feliz ? No lo puedo imaginar. Tu mundo y el de ese hombre jamás pudieron ser compatibles. Pero sola y casi esclavizada qué podías encontrar? Y cómo estarías sin nadie a tu lado? Así entró ese hombre en tu vida. La puta causalidad.

Sin embargo tuviste la enorme dicha de quedar embarazada. Uno de tus anhelos. Fueron unos meses donde mamá y vos se escribieron bastante. Mamá iba a ser abuela y comenzó a levantar su ánimo, del otro lado yo tenía sexo como en los años 70: sin demasiada responsabilidad.

Cuando mama decidió irse unos meses contigo me sentí mal. Intenté entender pero tenía diesiete años egoístas.

Al poco tiempo supe que estaba embarazada y el hombre intelectual, el del oído absoluto y militante de izquierda me dio el dinero para abortar. No pude, no quise, no lo hice. El misógino creyó que lo hacía para casarme con él. Que los intelectuales no suelen ser inteligentes emocionalmente y menos aún, entender cómo siente una adolescente.

Como habías predicho en tus primeras pruebas de Tarot, vos tuviste una hija, yo un varón.

Las dos fuimos abandonadas, de diferentes maneras. Las dos nos agrupamos junto a mamá en tu departamento. Alquilábamos el resto y finalmente mamá cobró la pensión de papá. Habían pasado dos años.

El padre de tu hija a veces ayudaba, el padre de mi hijo enviaba a veces dinero. Así comenzamos el camino de la maternidad.

Otra vez me escabullí, maternar no fue lo mío, quería seguir estudiando y mamá, vio en mi hijo al que vivía encerrado. Se aferró a ese niño como a nadie en su vida.

Dos años casi sin vernos y después, estuvimos con nuestros hijos a rastras casi dos más.

Llegaría la primera gran separación. Porque para cuando volvimos a vernos nuestros hijos eran adolescentes de casi quince años.

Rompecabezas

Quién fue la primera persona que me leyó Angelitos Negros?

Quién aceptó que los negros eran iguales y que su piel, lejos de ser horrible, era hermosa?

Quién compraba libros de Africa y me mostraba fotos para contarme lo que hacían en ese continente?

Quién renunció al catolicismo y pregonó otras religiones?

Quien comprendió que como dijo Shakespeare, hay más cosas entre el cielo y la tierra que las que una puede imaginar, y probó caminos diferentes?

Quién consideró que ir a los barrios paupérrimos y ayudar en lo que fuera era una labor satisfactoria?

Quién me enseñó a leer teatro, poesía y esoterismo?

Quién se atrevió a decir frente a toda la familia que el tío, nuevo rico, la había manoseado y acosado?

Quién se animó a tener más de un amante en épocas donde eso debía de esconderse y jamás saberse?

Quién menstruó por primera vez, con diez años de diferencia, el mismo día que yo?

Quién dedicó horas para hacer un calendario sobre los designios del mes según el día que menstruabas?

Quien tejió con palabras miles de cartas y obtuvo respuestas de los grandes actores y actrices de la pantalla del cine?

Quién tuvo un álbum de fotos de los más famosos del Cine, autografiado?

Quién coleccionó postales del mundo entero?

Quién se adelantó a las citas por Internet y se inscribió en todos los : Correos del Amor de las revistas de la época?

Quién se quedó presente en lo allanamientos aunque no tenía nada que ver con el tema?

Quién guardó fielmente el secreto de los refugiados que yo escondí en el departamento del fondo?

Quién pudo con las voces de hermano?

Quién me acompañó en mi viudez?

Quién se murió y me dejó sola con tu, mi, historia?

Quién me tiraba las cartas y me decía verdades que ni yo me creía?

Quién se enamoró siempre del hombre equivocado?

Quién tuvo los ojos más enormes y expresivos del mundo?

Quién se cansó de la vida antes de tiempo y me pasó la posta?

Mi hermana…

En el ojo de la tormenta

“ Para darnos cuenta del valor del ancla necesitamos sentir el estrés de la tormenta” – Corrie ten Boom

Un año duró la enfermedad de papá. Tres infartos más, edema pulmonar y el final, estallido de aorta. Así era papá, un corazón enorme y ganas de comer. Nunca fue un gran fumador, ni tomaba mucho alcohol, a padre le gustaba cocinar y comer. Vos y mamá culparon a su glotonería de una muerte que se lo llevó antes de los sesenta y a mí, me dejó huérfana de padre a los quince.

Una de las tardes, cuando comenzó su enfermedad y lo mantenía entretenido tomándome lecciones, me había preguntado qué quería para mi cumpleaños. Nada de esas fiestas que parecen para presentarte en sociedad, respondí y papá sonrío con toda su dentadura perfecta. Entonces nos vamos a Misiones, me dijo. Te llevo a conocer donde naciste porque eras muy pequeña cuando regresamos.

Alguien supo lo que soñé con ese viaje? Tener a padre para mí, porqué quien dudaba que vos eras la niña de sus ojos? Es más fácil si se nace después de que murió la primera hija.

La noche helada de junio, cuando murió papá, mi mejor amiga se quedaba en casa. Estábamos preparando los exámenes cuatrimestrales de julio. La noche tenebrosa, cruel y oscura, en que el corazón de papá dijo basta ya el negocio daba quiebra y tu amante gigante, no volvería.

Hermano seguía escapando cada mes y eran luchas contra sus voces que enloquecían la familia entera. Miedo, golpes, todo tipo de medicamentos y nuevamente, encerrarlo. Acaso le preguntamos a padre lo que sufría?

Nunca nada nadie le preguntó. Padre era el ancla y esa noche helada, vomitando sangre, perdimos el ancla y quedamos desnudas a la deriva, en una tormenta interminable.

Estos días en que escribo, pienso y me duele el cuerpo, que los he sobrevivido a todos. Que me he tomado el trabajo de contar esto y lo otro, acá y en infinitos relatos, porque tal vez me sane. Porque quizás me encuentre.

Pero este es tu relato. Y hoy, sí hoy año 2025, me di cuenta que nunca estuviste cerca en los momentos difíciles. Por qué? Porqué si eras la favorita de papá y la compinche de mamá cuando se fundió el maldito bazar y no volvió tu amante gigante, tuve que acompañar yo a mamá a rogar pedir la prórroga de la hipoteca. Después visitar al amigo millonario de papá, al que nunca le aceptó dinero, y rogar pedir que nos ayude con la hipoteca. Con mis tristes quince años a cuestas y una madre al borde de la locura. Vos nunca fuiste.

Salvamos la casa, claro. Papá fue un hombre querido y respetado. El dinero que sobró mamá lo destinó a dividir la casa. Te hizo un departamento en el fondo e hizo otro más para alquilar. Te desterró mama? No sé, me quedaba un año de secundaria, quería ir a la Universidad, no veía la forma y me sentí aliviada. Finalmente tenía a mamá de mi lado. Vos? Al fondo, a la izquierda. Así de mal me sentía.

Ese departamento tuyo fue unos años después mi propio refugio. Pero primero disfruté a mami para mí.

Y vos seguiste tu vida trabajando y comenzaste a leer el Tarot. Otra vergüenza! Para mí era terrible, estaba en plena edad de no creer en nada y menos en el horóscopo o el Tarot o cartas astrales.

Quién me diría que treinta años después me leerías mi destino? Quién me diría, con el enojo que tenía contigo, que casi en el final de tu vida, me aferré a vos como salvavidas? Quién carajos me iba a decir que te sigo extrañando? Quién fue el reverendo hijo de puta que no me permitió saber que te estabas muriendo?

De ese personaje no puedo hablar ahora. Fue el último amante, el esposo real que tuviste. Tu última gran desilusión. Que el amor querida hermana, te traicionó mil veces, pero nunca te diste por vencida.

En esos años, sin el ancla de papá y vos lejana aunque en el fondo de casa, me llegó el primer amor y el deseo de ir a la Universidad. Mamá estaría más que cansada porque me propuso alquilar la casa, el apartamento del fondo e irnos juntas a Buenos Aires, donde trabajaba también, mi primer novio oficial.

Y así, feliz y aturdida me fui con mamá. Primera separación. Duraría poco pero cuando nos fuimos me gustó demasiado. La familia materna furiosa con mamá, vos, como siempre que te disgustabas, con un silencio de muerte y tus ojos enormes destellando ira.

Nos alejamos a una vida tan diferente. Te dejamos sola viviendo como podías trabajando en todo lo que podías y pasando hasta mal. Me odiaste por llevarme a mamá y vivir otra vida?

En realidad: nunca supe si eras capaz de odiar. Lo tuyo eran iras tremendas que duraban unas horas. Igual a papá.

Cuando nos separamos por primera vez, la distancia con la Capital era muy larga. Tren eterno o caminos bituminoso de escasa fidelidad. Eran horas de viaje. El tren sobre un ferry enorme, Brazo Largo y sus puentes no existían.

Cuándo nos separamos no sabíamos cuándo nos volveríamos a ver? No obstante, nos despedimos sin llantos, ni aspavientos, como si dijéramos, hasta mañana.

No fue un hasta mañana. Fue una vida totalmente diferente. Enfrentar la Universidad y tener que rendir exámenes para poder ingresar, un novio intelectual y de izquierda, una madre que extrañaba. Mi mundo era vertiginoso, despiadado, descubriendo el sexo, las ideologías y reprobando algún examen por primera vez.

Teníamos en nuestra pequeña ciudad una tía que se volvió casi rica con sus restaurantes. Gracias a ella tuvieron trabajo vos y su propia hermana. Les habrá ofrecido alguna vez un trabajo adentro del restaurante? Vos podrías haber hecho, supongo, las adiciones por ejemplo. No, la tía casi rica tercerizó los servicios y pusieron lavadero y el amasado de pastas caseras en la casa de la abuela.

Cuánto tiempo lavaste, planchaste y ayudaste a amasar? La tía casi rica nunca te quiso, vos acusaste a su marido de tocarte a escondidas. Imagínate! La primera que levantó la voz contra un pariente que acosaba. Ni yo, que también me pasó, lo hice. Vos lo acusaste adelante de todos los familiares. Y a partir de eso, fuiste una oveja negra. La tía casi rica decía que vos provocabas, te ponías short y polleras muy justas. La tía casi rica explotó a su propia hermana, a vos, al que pudo, pagando miserias y ganando mucho.

Mientras vos sufrías esa insensatez de nuestra propia familia, no parabas de estudiar espiritismo, Tarot, cartas astrales y tenías algún amante. Nos voy a morirme sin tener un hijo, una hija; me habías dicho antes de que nos fuéramos a capital. Y también estabas buscando eso.

Y porque de alguna manera teníamos que vivir también la maternidad juntas, nos quedamos embarazadas con tres meses de diferencia. Mamá tuvo que repartirse para estar en ambos partos. Volví a sentir algo parecido al rencor.

Tenía a mi madre feliz en la capital, eso creía yo, lejos de esa férrea vigilancia materna, no tenía sosobras a fin de mes, andábamos juntas y creo que la cuidaba. Mi novio la quería mucho, eso creía yo. Qué necesidad de embarazarte y que mamá tuviera qué regresar?

No pude o no quise abortar. También estaba embarazada y tenía solo diez y siete años, no entendí eso, mamá decidió ir a cuidarte. A mí se me partió el mundo. Qué haría yo con todo ese mundo y un novio que no aceptaba mi renuncia al aborto?

Buenos Aires es inmenso y triste. Te traga y te devora esa ciudad. Te distraen muchas cosas. Me costaba estudiar. No me pesaba para nada el embarazo. Me escurría por pasillos donde la música, el teatro, el cine, los cafés con clases de ideología se abrían como ventanas al hollín porteño. Cuando tenía tiempo jugaba a ser ama de casa y recordaba que vos siempre me habías hecho todo y yo, tan cómoda, nunca aprendí nada.

Nos escribimos algunas cartas que fueron cortas. Para contarnos cosas del embarazo y me avisaste ( vos siempre me avisaste las cosas que ocurrirían) que yo tendría un hijo varón y vos, una nena. La ecografía de tu Tarot así lo decía y así fue.

Paréntesis

Una de las tantas veces que escribí sobre hermano, para perdonarme, para entender, para liberarme:

Mi hermano nació con una maldición que lo hizo vivir prisionero casi toda su vida.

 Para cuando le diagnosticaron la esquizofrenia ni yo, ni mi familia, ni los médicos de esa época, tenían demasiada información sobre el tema. Nos dijeron tantas cosas y nos aconsejaron tantas otras que la mayor parte de su vida probó tratamientos, terribles, dolorosos, para que finalmente, lo encerráramos.

Pero él era un pájaro. Se escapaba de sus jaulas siempre. ¿Cómo lo hacía?, no se sabía, porque tenía carceleros fieros pero él, siempre los burlaba. No había forma de tenerlo prisionero, en esas épocas terribles de dictadura, cuando los jóvenes no salíamos a la calle sin documentos, él que nunca tuvo los suyos porque se los quitaban, sin otra cosa que el uniforme de su manicomio, burlaba a todos: volaba, se escapaba.
Mi hermano era muy inteligente, leía muchísimo y le apasionaba la geografía. Sin embargo a los médicos no les importaba ese detalle. Mi hermano era peligroso porque en su cabeza las voces lo enloquecían de una manera que la furia lo dominaba y golpeaba a todo lo tocaba. Ni el chaleco de fuerza lo sujetaba. Su locura era de una dimensión extraordinaria.

Era un pequeño pájaro, estoy segura, delgado y de piel tan blanca, renegrido los ojos y el cabello. Era un hombre bello que cuando escapaba, en el limbo de su locura, se transformaba en pájaro. Porque no hay forma de explicar sino, como podía siempre evitar que lo rastrearan y lo llevaran de regreso.
Eso creía cuando era casi adolescente, mi hermano aprendió a volar y cuando lo encerraban, se escapaba con tal precisión que nunca lo podían rastrear.

Cuando se escapaba regresaba a casa hecho un desastre: tiritando de frío, con el cuerpo en un temblor intenso, por el castigo del electro shock, asustado y furioso por su jaula medicamentosa. Y al poco tiempo, otra vez, conseguíamos otra jaula. Le teníamos tanto miedo a esa locura suya de escuchar voces que lo azuzaban contra nosotros.
En uno de esos escapes una lluvia intensa le mojó las plumas y lo encontraron tirado, ardiendo en fiebre. Esa fue la única vez que lo rastrearon, que lograron encontrarlo; él, se murió de una infección pulmonar…dijeron. Supe que se murió porque le rastrearon su vuelo y porque su sufrimiento, ya era mayor que su locura.

Entendí, después, que se murió porque ya no soportábamos más sus locuras de oír voces y atacarnos, porque no entendíamos lo que le pasaba en su cabeza y porque no soportaba más electro shock y pastillas a granel. Sé que la neumonía fue una forma de encontrar al fin la libertad de la muerte.

Cuando fui a verlo…en su cajón de hospital mental, todos los locos lo lloraban, mucho más que nosotras por supuesto. Y nos acompañaron con babas, lágrimas y mocos a dejar el cajón en la tierra, rezaron con el cura un padre nuestro que sonaba a letanía, en su locura, los otros locos, amaban a mi hermano como nunca pudimos amarlo nosotros.

Fue una escena increíble, ahora puedo escribirlo. Sola con mi única tía, acompañada por un cortejo de locos, poniendo el cajón del pájaro dentro de la tierra. Después, en la estación de trenes ellos fueron nuestros acompañantes, se despidieron en el andén con un adiós sincero, con llanto verdadero, nosotras agotadas por una tristeza que no habíamos logrado expresar en todo el velatorio, nos dejamos abrazar porque supimos que finalmente algunos, lo habían aceptado y querido así, con sus voces en la cabeza y con su vuelo de pájaro que cada tanto, recuperaba.

Escribí esto y otros relatos, algunos hasta en primera persona, como si la ezquizofrénica hubiera sido yo, para perdonarme, para entender, para olvidar que odié a nuestro hermano. Que me daba mucha vergûenza tener un hermano loco, que quería tenerlo lejos, que nunca pude entender cómo lograba escaparse y aparecer.

Hoy repito el relato por vos, ya no estás conmigo, ni con nadie, pero fue tu hermano casi gemelo de edad, fuiste la única que las voces en su cabeza respetaron, más que a su propia madre. Sin embargo, jamás hablamos de ello. Y en nuestras vidas, que se alejaron y juntaron muchas veces, no tocamos el tema. En mi caso era miedo, vergûenza, rabia, todo eso junto. Quiero adivinar que tus motivos para no hablar fueron otros.

Tener un hermano un año menor te habrá hecho soñar con un compañero de bailes, con un amigo de charlas, con un amigo con amigos para compartir, con un hermano lindo para presentarle a tus amigas. Vos en tu adolescencia fuiste tan sociable. Incluso en nuestra época paradisíaca de Cinco Saltos, nuestro hermano era impresentable. No habían comenzado sus ataques de furia pero era un ser extraño, se alejaba, era obvia su enajenación.

Creo adivinar que mientras fueron niños y jugaron juntos, soñaste con un hermano varón como los de nuestras primas y alguna amiga. Incluso creo que lo maternaste como lo puede hacer una hermana mayor, Pero nada de eso sirvió. Al principio, en la niñez, fueron sus convulsiones y un diagnóstico de epilepsia que te alejó un poco. Después fue su extraño mundo donde se refugió casi en silencio hasta sus casi veinte años y allí, estalló la locura. Creo que no lo superaste. Tampoco yo, pero como me puse a odiarlo, lo expulsé de mi vida, tal vez por eso, en su final, pude estar. Vos no pudiste odiarlo, no sé si odiaste, ni siquiera sé si pudiste odiar a los amantes que te abandonaron cuando entregabas todo de vos.

De qué otra manera justifico tus ausencias en los momentos duros. No todas las personas pueden soportar ciertas situaciones. Pero hoy lo sé, antes…también hubo momentos en que quise borrarte de mi vida, momentos de vergûenza, y rencor. Por suerte tuve la oportunidad de arrepentirme todas las veces y pude, en cierta forma, auxiliarte o obligarte a vivir un año más, cuando tu marido y su familia miraron hacia el costado, te obligué a que te diagnosticaran el cáncer, te obligué a tratarte, te di un año más de vida, quizá el mejor que tuvimos y después, no quise verte morir.

¿No quise o no me dejaron? Es la primera vez que me lo pregunto.

Todo esta especie de romanticismo, en un paréntesis, mientras yo me hacía ideas de ser de izquierda en las puertas de la Universidad, mientras vos pasabas hambre o insuficiencias, te seguías enamorando, a tu manera, y justificando lo bien que iban creciendo en tus dotes inentendibles, ( esotéricas?), todo eso necesito para contar.

Ni siquiera sé si estoy contando. No cuento lo sucio que era Buenos Aires, lo mágico de poder entrar a un teatro, lo maravilloso de escuchar jazz o Piazzolla, no cuento que mientras tanto vos vivías en tu pequeño apartamento soñando quedar embarazada y yo, del otro lado soñaba con no quedar embarazada. Que mientras a vos el amor te fue negado, yo estaba tan enamorada como la primera vez: eso quiere decir ingenuamente, idiotamente, juvenilmente…corrijan, estos adverbios no deben usarse en la buena literatura. Pues no tengo una buena. Tengo esta: la que pude. También la que quiero.

Todo tecleado con demasiada delicadeza. Me pregunto:¿ cómo lo contarías vos? Te veo sentada aquí, a mi lado, sonriendo, diciéndome te olvidaste esto o aquello. O preguntándome: te acordás de:…? No, no me acuerdo, mi memoria recuerda lo que puede o quiere, es como su dueña. A veces romántica, a veces olvidadiza, otras veces cree recordar con exactitud.

Nada nunca nadie podrá narrar aquellos años de nuestras vidas. Qué estoy haciendo ahora? Me estoy perdonando. En mi vida hubo momentos de ser muy inflexible. Necesito perdonar la joven idealista que fui. En ese año que duró mi presencia en la Universidad creí que arreglaría el mundo, creí y me obstiné en seguir a distintos grupos de izquierda en un momento crítico de Argentina. De pura rebeldía entraba y salía de uno y de otro. Cómo hubiera podido permanecer al lado de un líder revolucionario de izquierda, intelectual de coeficiente superior a cualquier mortal conocido, si yo también, no me activaba políticamente…( muchísimos años tardé en darme cuenta que también se podía ser intelectual, de izquierda y machista).

Vos nunca intervenías, no abrías la boca sobre política, pero me salvaste siempre. Como de niña, como de adolescente. Así actuaste cuando años después, yo una mujer de veinte con un hijo, disparaba por mi vida, enroscada para siempre en una maraña difícil de destejer. Vos estuviste, lejos o cerca, defendiste a tu hermana menor. Mal o bien, como podías, todos hacíamos en esos años oscuros lo que podíamos.

Es necesario dejarte por hoy…miro tu foto, aquí a mi lado y sé que debo de escribir más y mejor. Debo de ser más precisa, más objetiva, pero me embargan tantas emociones. Esto de saber que ustedes, todos, ya son sólo fotos al lado de mi computadora. Que he superado a todos en edad y sigo aquí y me creo, hago el esfuerzo de creer que es para contar historias, entonces sigo viva. Y desde hace algunos años me justifico, no sé porqué, mi razón de seguir viva es VIVIR PARA CONTARLA, un título reflexivo que me dejó GGM.

Tengo que dejar de escribirte y escribirme por lo menos por un día o dos…cuestión de salud mental y de letras.

La tormenta

“Y una vez que la tormenta termine no recordarás cómo lo lograste, cómo sobreviviste. Ni siquiera estarás seguro si la tormenta ha terminado realmente. Pero una cosa sí es segura, cuando salgas de esa tormenta no serás la misma persona que entró en ella. De eso se trata esta tormenta.» (Haruki Murakami)

Yo no había cumplido catorce cuando se desató la tormenta. La casa, la nuestra, transformando su larga entrada de autos y el jardín de macetas, en un bazar de electrodomésticos y cristalería. Tu presencia emanaba en cada artefacto que recibías o traías de la capital. Viajaste con el amante gigante muchas veces. No tenía edad o no quise ver que volvías cada vez ,más triste.

Al frente del comercio estabas vos y papá. Mamá aparecía a veces, a mí no me gustaba. A mí me parecía vergonzoso tener un negocio en casa. Es lo que mis catorce años dictaminaban. Una casa es una casa y un comercio…, no sé qué sentí realmente pero desde la distancia del tiempo era como una vergüenza. Así que estudiaba con mi mejor amiga, tocaba la guitarra, practicaba en el coro, intentaba jugar bien al voley ball, leía y me ausentaba de casa todo lo que podía.

Coincidieron la literatura y las primeras fugas de hermano. Qué me marcó más? Qué te marcó más?

Mi profesora de Literatura, desde hacía años me había instado a escribir, comencé a los once o doce, y a los catorce, no paraba de leer. Por primera vez no leí tus libros o los de papá, abandoné las revistas y me fui acercando a otro tipo de lecturas. Mi mundo tomó otro color y ya nunca más pude dejar de leer. La literatura comenzó a ser mi prioridad, me olvidé que había soñado con ser médica.

También recuerdo con claridad que entre tu atención al negocio y tus viajes a la capital, apareciste con nuevas lecturas y no las compartías. Un mundo esotérico te estaba abriendo otras puertas de lectura. Tu eterna sonrisa estaba un poco más opaca o yo lo recuerdo mal. Creo que al poco tiempo de convivir en casa con tu amante gigante, comprendiste el error y no sabías ni podías escapar. Tal vez ese mundo detrás del mundo, lo esotérico, te ofrecía un escape que estaba lejos de entender en ese tiempo y ahora. Por eso, en ese lapso de nuestras vidas, no compartimos lecturas. Fuimos muy poco al cine juntas, otra actividad que habíamos compartido.

Estábamos creciendo y nos estábamos definiendo. Era normal y me pasó desapercibido.

Hermano, se escapó de Vieytes. Apareció sucio y precario, ante la desesperación de mamá cuando vio su estado. Como la casa se había transformado, lo ubicaron en el comedor diario. ¿Cuánto duró nuestra paz con sus voces? No sé, no podían sacarlo de las calles en las noches. Caminaba la ciudad entera con sus pasos rápidos, fumando sin parar, sin pisar las veredas. Por el medio de la calle. Y un día, atacó a papá. Así, de pronto, estalló su ira. Tiró a papá sobre la cama y comenzó a ahorcarlo. Nuestro padre, que era un hombre grande, gordo, fuerte, no se defendió. Fuiste vos quien se lo quitó de encima.

Qué escena dantesca! Papá ahorcado por su hijo y vos, con un cinturón de cuero, ahorcando a hermano. Hasta que lo quitaste, lo tiraste al piso y le gritaste: Basta! Vas a matar a tu padre!

Hermano te miró sin entender. La casa ya estaba llena de gente. A mí el pánico me había paralizado y mamá solo lloraba.

En pocos días se llevaron a hermano. Sabíamos que se escaparía otra vez, era solo un respiro a sus eternas fugas.

La tormenta se aprontaba. A los pocos días fue el primer gran infarto de papá. No estaba en casa y lo salvaron dos médicos, uno era familiar y vivía muy cerca, pero fue un infarto gigante. Como lo era su corazón.

Durante dos meses me ocupé de entretenerlo leyendo mis lecciones y tocando la guitarra para mantenerlo en la cama. Vos y mamá andaban entre ese negocio y la casa. A mí no me preocupaba que tu amante gigante apareciera cada vez menos, Tenía tan ocupada mi cabeza con mi amiga, con exámenes, nuevas lecturas, esbozos de escrituras, estudio de canto, de guitarra… creo que me olvido de otras actividades. Y me tomé el rol de estar con papá todas las tardes. No vi el inicio de la tormenta.

Hermana, estamos rotas

Hermana,

estamos rotos al punto del no remiendo.

No hay coincidencia mayor a la de la sangre;

más allá de ese mar común,

solo grietas castrando la orilla,

solo silencios,

un pueblo de ayer saturado en salitre,

escombros por recuerdos,

ni una ostra breve sobrevive,

nada real a que aferrarse.

Juan Ortiz ( argentino)

Busqué este poema porque ya no sé si puedo seguir. Si podré con la muerte de papá, las miles de veces que hermano se escapó y lo volvimos a encerrar. Menos aún sé si podré con nuestras despedidas y encuentros.

Cómo contar que mañana, 21 de marzo, murió mamá y no pude resignarme por años?

No sé, no tengo el don, no puedo hacer más metáforas, te debo tanto y entendí todo tan pero tan tarde.

Hermana, estamos jodidas: vos muerta y yo recordando nuestras vidas, haciendo de cuenta que de verdad, esto le importe a alguien…

Olvidos inocentes?

No, no sé si son inocentes. Qué sé yo del subconsciente? Celos fraternos tuvimos ambas. Pero la calidad y la conciencia de esos celos ni son recordables, ni fueron evaluados en su tiempo. A vos se te ocurrió que morir joven estaba bien y me dejaste, otra vez, sola.

Recuerdo la peluquería al lado de la casa de la abuela. Era de Gladys que era la peluquera de toda la familia femenina. Ese día recortó tu pelo y el mío, después nos acompañó a la puerta y te dijo algo como: Esta niña (yo) se va a poner más bonita que vos. Te alejabas ya sobre tus tacos agujas, pollera tubo a cuadros negros y blancos, bamboleante y feliz, gritaste: pero quién me quita lo bailado?

Me quedé sin saber qué quisiste decir. Antes y ahora. Creo que fue un comentario desajustado de una peluquera que dijo una estupidez. Pero debieron ser celos, fueron?

Recuerdo que ibas a la playa con tus amigas y no querías que yo fuera. Como en verano papá no estaba, mamá te dejaba ir sin mí. Te odiaba. Cuando ordenaban que te acompañara sí y cuando yo quería ir, no. A mí me gustaba la playa. Era injusto.

Cuando te dejaron traer tu amante gigante a casa, me dió tanta rabia. Pero después de un año y algo cuando lo sacaste de casa, también te odié. Eras tan inestable en todo, ponías la casa en jaque mate a cada rato. No alcanzaba la esquizofrenia y las infinitas veces que hermano aparecería en casa escapando de sus cárceles para locos donde lo dejábamos. Vos agregabas tus cambios: dejar de estudiar, ser actriz, tener un amante gigante casado separado, irte a vivir sola, hacerte un departamento pequeño al fondo de nuestra casa, cambiar de amantes, trabajar de planchadora, trabajar de cocinera, dedicarte a hacer el horóscopo de un diario, empezar tu carrera mística.

Me debo de olvidar algunas cosas. Te odié tanto como te adoré. En mi infancia hasta mis primeros años de adolescencia fuiste mi gran figura adorada. Después entendí que teníamos que alejarnos, nunca me dolió. A vos tampoco.

Nunca demostramos en nuestras múltiples separaciones, dolor, lágrimas o nos escribimos. No nos escribimos! Vos, que le escribiste a miles de actores y actrices, que conseguiste un álbum de fotos autografiadas mas increíbles que vi en mi vida, a mí nunca me escribiste. Y yo que le escribí a amigas y mi novio semanalmente, tampoco te escribí. Por qué?

Así fue como nos separamos, razones hubo, varias veces. También nos volvimos a juntar. Los encuentros eran efusivos. Te das cuenta? Lloramos, nos perdonamos, nos abrazamos y nos juramos felicidad eterna. Así volvíamos a convivir. Después despedidas sin adioses ni promesas. Leyéndome hoy: parecíamos ciertas parejas que conozco…

No tengo la más minina idea de cómo seguir esto. Contar tu personaje y hacerlo más ficticio se me hace desleal. O te cuento o no. O lo hago público o queda aquí, con dos o tres lectores.

Después de la muerte de papá las idas y venidas, desencuentros y encuentros, fueron varios. Tal vez deba encaminar mi relato por ahí…

El comienzo del caos

Tuve un hermano que fue mi salvación, hizo de mi infancia algo soportable.

Maurice Sendak

Mi, tu, hermano no fue mi salvación. Tampoco la tuya. Cuando regresamos a nuestra casa mamá estaba ahogada de tristezas, dejó su marido otra vez a miles de kilómetros y a su hijo, en Vieytes. Y el panorama era claro: nuestro hermano no debía vivir con nosotros.

Pero vos estabas tan enamorada ( de verdad lo estabas?), tenías un amante gigante, casado en la capital pero según él, separado. Un hombre con buen vivir. Culto y agradable,salvo claro, por su altura y gordura. Que era lo de menos. Porque vos siempre defendiste a los negros, los harapientos, las minorías diferentes. Una de esas enseñanzas que dejaste en mi vida y nunca te pude agradecer.

Sin embargo lo que nunca me quedó claro fue lo permisivos que fueron todos. Porque apenas comenzaban los años sesenta, vos sólo tenías veintidós años y era muy mal visto vivir con un hombre separado. Nunca te ibas a casar.

Tampoco supe nunca y a riesgo de repetirlo lo volveré a escribir: qué sentías ante la enfermedad de hermano?. En los momentos críticos vos no estabas.

Me dejaste ir a mi, con doce años, a hablar con un psiquiatra. En Vieytes! Y muchos años después lo tuve que enterrar en otro loquero, yo tenía tres hijos, un marido enfermo, mamá había muerto, también faltaste. Fui sola con una tía que me acompañó mucho más que vos.

Tal vez a vos te pegaba diferente. Tal vez ocultaste muy bien el dolor que tal vez, era insoportable. No sé: por qué no hablábamos nunca de la esquizofrenia? Vos, que me leíste tanto, que me ayudaste tanto, nunca tocabas ese tema. Neutro no te era.

Ves que al final de todo esto tengo más preguntas que respuestas?

Meses pasó papá en el Sur, meses cuidé a mamá que vivía mal del hígado, una madre que cada tarde se levantaba, se bañaba, se vestía y arreglaba solo para cruzar la calle.

Qué suerte mi amiga del alma, qué suerte el Colegio, estudiar y hasta agotarme haciendo gimnasia. Qué suerte poder tocar la guitarra y cantar. Qué suerte que aún no me enamoraba, vivía de libros, cantos y risas. Tapaba el drama de la madre deprimida, el padre ausente, la hermana que duerme con el hombre casado y la esquizofrenia del único hermano.

Al regreso de papá fue el otro gran cambio. Y vuelvo a no entender: esto se está transformando en un auto psicoanálisis!

Papá siempre tan estricto, muy de su época, incapaz de mentir, de estafar, trabajador por demás , te permitió dejar los estudios, ser actriz de teatro y vivir con un hombre separado. Todas esas cosas, lo sé, no me las hubiera permitido jamás. Tenía que estudiar y en lo posible, sacar las mejores notas. Aunque las medallas que entregaban las monjas las viste solo vos. Qué paradójico me resulta recordar, cuándo estabas y cuándo no.

Y de aquel viaje, nuestro padre no regresó bien. Su sueño de volver a vivir en el Sur se había frustrado otra vez. Y cuando retornó tuvo que visitar a su hijo en Vieytes, su familia jamás visitó al pariente loco, regresando a casa tuvo que hacerse cargo de tu convivencia con el amante separado. Pero para cerrar la mala racha se perdieron casi todas las cosechas de citrus por sequía y su trabajo declinó.

Un año de mala racha. Venía siempre a visitarnos aquel amigo de infancia que tenía papá. Se habían criado juntos frente al viejo, hoy inexistente, Mercado de Abasto. Un hombre que hizo una fortuna casi inaudita, conociendo sus orígenes. Pero era la Argentina de post guerra y con un poco de suerte…(?). Fue el hombre que lo puso frente a su Empresa en Misiones y gracias a él, nací en una bella casa en Apóstoles.

Mientras duraba ese año de mala racha laboral, venía mucho a casa y le dejaba cheques en blanco que nuestro padre jamás aceptó. Que la amistad era una cosa, repetía, la plata es otra. Llovían las críticas de mamá, abuela y tías. Ese hombre, te decían, no solo te conoce desde niño y sabe quién sos, ese hombre te debe la felicidad.

Eso era porque papá le presentó a su esposa, con la que tuvo siete hijos, después de divorciarse de una mujer que lo había hecho muy infeliz. Pero nunca escuchó padre esas críticas.

Jugaba a la quiniela y ganaba. Un año estuvo ganando lo que faltaba de su sueldo. Mientras tanto tu amante gigante lo iba convenciendo de poner un negocio y dejar de depender de las cosechas, del clima, de las compañías que lo contrataban.

Y lo terminó convenciendo. El final inminente se acercaba. Pero vos te instalaste en la otrora nuestra habitación con muebles de lujo, el amante gigante vivió en casa y yo, disfruté la habitación de nuestro hermano para mí sola. Tenía una pequeña biblioteca empotrada en la pared y un escritorio. Qué más necesitaba?

Era una niña casi adolescente de trece años y quería, debía, ser feliz.

Creí por un tiempo que estábamos todos felices. Mamá comenzó a hacerse cargo de su reino: la cocina. Vos trabajas y colaboras con todo lo de la casa. Tu amante gigante separado, vivía solo diez o quince días en casa. Después viajaba. Creo recordar que al final tuve conversaciones interesantes con él, aunque me costó muchísimo sentirlo como un cuñado. Más bien fue un amigo tuyo que también era un poco amigo mío.

Papá, alejado un poco de lo que fue su vida laboral, comenzó a reformar nuestra casa para decidir poner su propio negocio. No existía el marketing, no existía un psicólogo cercano, si hubieran existido nos hubieran dicho que eso de manejar un bazar, era una misión imposible para el hombre que sabía tanto de plantas y cultivos que había sido consultado hasta por ingenieros agrónomos.