Verano,otra vez

Empezó el verano

ya se siente alguna chicharra,

ayer, escuchamos ranas…

Ya se alargó el día y

este sol quema sin tregua…

Ya se arriman las fiestas tradicionales,

este año, llegaron antes?

Es un misterio o un Ministerio esto del tiempo?

Empezó el verano y se fueron corriendo

las mantas, las bufandas y este año…sí este,

también se está yendo.

Volveremos a tener la esperanza inevitable,

la ilusión adherida a cualquier cosa linda,

olvidaremos las enfermedades , el hambre, la guerra, las mentiras,

 nuestros planes sin cumplir y hasta nuestros muertos…

El arte de sobrevivir exige no rendirse,

debemos tener unos momentos de magia,

brindar con brillo en los ojos y

abrazar a los que tengamos cerca…

El arte de sobrevivir exige amar

y pide a gritos solidaridad…

Llegó el verano y se está muriendo lento

otro año inusual que nos hizo pensar más 

que nunca: qué solitario está nuestro planeta,

qué falta nos hace un poco de humanidad por todos lados.

Por ahora… sólo comenzó el verano

y el año se va muriendo…

Árboles

Amo el verde de los árboles o sus ocres otoñales.

Será que nos unen los árboles en esta locura de dormir y despertar juntos hace ya casi 25 años?

Porque a vos te gusta buscar restos de madera y con tus manos de artesano, darle formas.

A mí me gusta escribir y cada año, algún libro logró publicar.

De los árboles alimentamos nuestros pasatiempos favoritos.

Y no está del todo bien, porque al mundo le están faltando árboles.

Pero si tenemos culpa, es solo la que nos corresponde.

Agradezco

Hoy necesito agradecer por ese momento que no fotografiamos.

Ese instante único que nos pertenece y no compartimos.

Dar las gracias por esos secretos celosamente guardados por años. Esos que de vez en cuando, desempolvamos para recordarlos en un lugar que nos gusta.

Agradezco nuestros locos viajes no planeados, sin perfiles de viajes codiciados donde buscábamos tal vez, solo escabullirnos, sin demasiados propósitos.

Esos poemas que nunca te escribí y te los dije mal pero con el alma una noche de luna.

Esas lágrimas que conozco y te nacen con ciertas melodías.

Agradezco tanto sabernos con auténtica sencillez, sin reprocharnos ayeres.

Agradezco más aún venir de aquella lejana época del lápiz y el cuaderno porque quizás eso, nos ha impedido caer en los lugares comunes de la tecnología permanente.

Olor a amor maduro, perfume a madera sazonada, música que nos hermana los sentidos y arrugas que nos dan un recorrido para las yemas de los dedos.

Nada que fingir, nada oculto, todo expuesto y con intensa sinceridad, una apacible vida que aún guarda estremecimientos de ternura, recodos de pasión.

Alguien alguna vez nos dijo que esta puede ser la mejor etapa? No, porque solo se sigue alabando el hecho de ser jóvenes y tener la agilidad en el cuerpo, la elasticidad en la piel y el sexo urgente.

Agradezco estar viviendo con vos esta etapa diáfana de amor, la calidez de la ternura, las nostálgicas noches, la dulzura del beso y la felicidad de amanecer juntos.

Todo lo demás, se quedó en la vidriera de las Redes, por suerte seguimos hablando mirándonos a los ojos. Sin maquillaje.

Vómito

Qué asco vomitar. Qué gusto asqueroso te queda, que dejo amargo en el paladar.

Y cuando no podes parar y sentís que tu vida sale por la boca a borbotones hasta desintegrarte?

Qué sensación angustiante. Qué cansancio y agotamiento te deja ese vómito que juntó tus tripas a tu alma.

La vida como que se iba entre arcada y arcada.

El alcohol? Indigestión?

No, palabras. Eso. Has logrado, alguna vez, vomitar sin poder parar palabras que te sacan el alma y la vida?

Es una sensación que debería de definir con mi psicóloga. Porque comenzás escribiendo casi con timidez y de pronto, viene el vómito. No alcanzan los dedos, las pantallas, los recuerdos, no podes ni querés parar de vomitar.

Exhausta, casi agonizando estoy.

Es un proceso: reconstruir para sanarme.

Escribir para afirmar mi verdad.

Veremos si la vida me da el tiempo necesario y si logro vomitar hasta la última gota de amargo rencor escondido bajo la careta mansa que he venido usando.

Algoritmo

Entró ella, la inconmensurable maestra, la extraordinaria maestra de las palabras, pero no entró majestuosa por mi puerta. Sabia y sencilla se sentó sobre mi cama y de inmediato sacó infinitos papeles escritos. 

A mi lado se turnaban mi hermana y mi mejor amiga de la adolescencia. Deseosas como yo de descifrar el contenido intrincado del tejido de palabras.

Masticábamos galletitas secas, la poeta también lo hacía, sin parar de mostrar los papeles y explicar. Faltaban palabras y había que encontrarlas, colocarlas en el lugar preciso y la puntuación tenía que ayudar, converger, hacer que parezca perfecto.

Sabemos que la perfección en palabras es algo diferente a un algoritmo de números y sin embargo, a mí la propuesta me parecía similar. 

El sol calentaba la habitación y nosotras nos debatíamos sobre el cobertor azul, cuáles eran esas palabras, dónde iban, cómo lograr la puntuación perfecta. Que ella, la maestra de todas las maestras, la favorita de las palabras nos hubiera elegido, me producía una sensación de alegría y miedo que no podría explicarla nunca.

De pronto los papeles se habían multiplicado y el afán de búsqueda era como una carrera en el tiempo. Alguien dijo que se nos acababa la oportunidad y me quedé como inerte. Estábamos concursando. Recién me daba cuenta. Nos había elegido a nosotras para estar en su equipo. Qué instante de sanación se produjo en mi alma.

Respiré hondo, sentí el aire apenas tibio, seguí buscando palabras pero ya sin afán, lo importante, lo feliz, era ese mínimo hecho: estaba eligiendo compartir y competir con nosotras. 

Qué buen despertar. Saludé al atrapa sueños con un sonrisa y una mano feliz. 

La más grande había estado compartiendo su arte conmigo y me trajo a mi hermana y a mi mejor amiga.

Si la realidad pudiera contagiarse de los sueños…

Sólo en los sueños los mayores talentos se juntan con la plebe y les permiten sentirse elegidas.

Desde mi balcón

Asomarme sin intenciones al estrecho balcón que me regala buena vista.

Un tumulto de estrellas, a las que alguna vez, de niña, intenté recordarle sus nombres, siguen perennes sobre mi cabeza.

En los caminos zigzagueando andan luces por doquier, más allá en los edificios, las otras luces anuncian sus costos elevados. 

La noche densa y tranquila trajo un poco de frescor. Me quedo contemplando estrellas distantes, luces de todos tipo y mi gato, me acompaña.

Entonces percibo o recuerdo que bajo las mismas estrellas corre marrón y seguro un río de todos los tiempos. Un río que sigue su camino sin importarle nada. O todo, que es lo mismo.

Adentro del bote estamos todos, a la deriva, todos y todas, picados por la víbora desde que nacimos. Todas y todos recordando, elucubrando, adormecidos o incluso, lúcidos y soberbios.

Sí, allá está el río y todos están en el bote. Yo también. A la deriva, como escribió el maestro. *

La muerte está a la vuelta. Sobre un remanso, sobre un remolino, va hacia ella el bote, con o sin orgullo. Va, porque tiene que ir y porque estamos a la deriva aunque muchos creen poder dominarlo.

Ya llevamos el veneno dentro. Será cuestión de tiempo. Las estrellas seguirán mirándonos. Las luces irán cambiando de dueños o no. Eso no es importante.

Antes de entrar y tener esta certeza decido tipear lentamente las letras. No olvidar el bote, el veneno que es destino incuestionable. 

Es fácil desde un pequeño balcón recordar quién soy y bajo un puñado de estrellas respirar la belleza porque también voy hacia el mismo final.

Mi gato, que no lo sabe, maúlla pidiendo entrar. Es mejor que el atrapa sueños nos regale otra ilusión.

*Horacio Quiroga, cuento A la deriva.

Abortar domingos

Qué bueno sería poder abortar los domingos insanos, los no deseados, los obligados a estar, a sonreír y a mentir.

Abortarlos sin escrúpulos, arrancarlos de los recuerdos y ponerlos en una bolsa de morgue, negra y lista para incinerar.

Hoy es un domingo tranquilo, con lluvia y sin prisa, sin familia, sin alcohol, ni comida especial. Hoy, será otro domingo para dejar en el calendario de mis recuerdos.

Hace poco escuché y comprendí que mis domingos serán cada vez más solitarios y lentos. Que después de cierta edad ya no te invitan y en contrapartida, vas invitando menos.

Al principio duele y después, te pones a recordar los domingos hermosos y los otros.

Debería de existir una autopsia de domingos, de aniversarios y de fiestas. Poder despellejar cada instante y recordar: lo que trabajaste para lograrlo, el dinero que gastaste, el estrés que te produjo y del otro lado: cuánta felicidad cosechaste.

Pero como desde hace unos años estos teléfonos tienen cámara y no nos escapamos de las Redes Sociales : la foto con sonrisas será la fachada del asesinato y nadie hará autopsias de domingos o días no deseados.

Hemos asesinado muchos días, muchas memorias porque hay una imposición: somos felices. De pronto, cuándo carajos fue, todxs somos felices.

Basta. No somos felices casi nunca y el que lo sienta así o se miente, o no piensa o se burla o está mal de la cabeza.

Bueno, sigan en la vidriera, familia feliz, domingo feliz, pareja feliz y hasta mascotas felices. Mientras alrededor nuestro el egoísmo, la crueldad, el racismo, los femicidios siguen creciendo, todos felices.

Prefiero un domingo sin foto. Sin sonrisas. Escuchando un interior intenso que empatiza con desgracias. No será un domingo de dolor, no, será un domingo para sentirme humana. Tan humana como para reflexionar sobre estos temas y no posar en la vidriera.

La bruja del pueblo

Que yo era la bruja del pueblo. Que era y exorcisaba demonios mientras dormía. Era una bruja reconocida. Pero solo podía ejecutar conjuros y profetizar en sueños, mientras dormía.

Usted venía y me pedía algo. La bruja, o sea yo, podía o no. Nunca mentía, pues era bruja muy sincera.

Pero tenía que poder dormirme y soñar su problema. Resolverlo o conjurar para ayudar o para maldecir. Si lo lograba, le daba garantías y en ese momento, cobraba mis servicios. Si no lo lograba, usted no pagaba nada y seguíamos intentándolo.

En ese mundo onírico solucioné amores y maldije y escupí, no tuve piedad y ellos conmigo, tampoco. Hubo fatales pesadillas donde resulté herida y desperté sobresaltada

dando maldiciones. Pero hubo sueños casi amorosos que me levantaron con una sonrisa.

Hubo sueños imposibles y otros, reiterados y persecutorios.

Lo mejor fue soñar con el día y la hora de mi muerte. Y supe que era cierto. Y me dormí para esperarla. Y vino.

Pero lo bueno fue que de tanto probar sueños no solo pude escaparme un par de veces sino, lo más importante, pude burlarla para nombrar mi sucesora. Para hacerlo tuve que reunir todas mis energías e hice lo que nunca: me metí en su sueño. La nombré heredera de todos mis sueños y la hice dueña de mis profecías.

La bruja del pueblo ha tenido una hija, gritaron todos en ese lugar, despertaron y sonrieron felices. Era la primera vez que el pueblo soñaba conmigo. Y salieron a festejarlo. Y no pude ver más nada porque la Muerte, metida en mi sueño, me dijo que era mi hora.