Abortar domingos

Qué bueno sería poder abortar los domingos insanos, los no deseados, los obligados a estar, a sonreír y a mentir.

Abortarlos sin escrúpulos, arrancarlos de los recuerdos y ponerlos en una bolsa de morgue, negra y lista para incinerar.

Hoy es un domingo tranquilo, con lluvia y sin prisa, sin familia, sin alcohol, ni comida especial. Hoy, será otro domingo para dejar en el calendario de mis recuerdos.

Hace poco escuché y comprendí que mis domingos serán cada vez más solitarios y lentos. Que después de cierta edad ya no te invitan y en contrapartida, vas invitando menos.

Al principio duele y después, te pones a recordar los domingos hermosos y los otros.

Debería de existir una autopsia de domingos, de aniversarios y de fiestas. Poder despellejar cada instante y recordar: lo que trabajaste para lograrlo, el dinero que gastaste, el estrés que te produjo y del otro lado: cuánta felicidad cosechaste.

Pero como desde hace unos años estos teléfonos tienen cámara y no nos escapamos de las Redes Sociales : la foto con sonrisas será la fachada del asesinato y nadie hará autopsias de domingos o días no deseados.

Hemos asesinado muchos días, muchas memorias porque hay una imposición: somos felices. De pronto, cuándo carajos fue, todxs somos felices.

Basta. No somos felices casi nunca y el que lo sienta así o se miente, o no piensa o se burla o está mal de la cabeza.

Bueno, sigan en la vidriera, familia feliz, domingo feliz, pareja feliz y hasta mascotas felices. Mientras alrededor nuestro el egoísmo, la crueldad, el racismo, los femicidios siguen creciendo, todos felices.

Prefiero un domingo sin foto. Sin sonrisas. Escuchando un interior intenso que empatiza con desgracias. No será un domingo de dolor, no, será un domingo para sentirme humana. Tan humana como para reflexionar sobre estos temas y no posar en la vidriera.

La bruja del pueblo

Que yo era la bruja del pueblo. Que era y exorcisaba demonios mientras dormía. Era una bruja reconocida. Pero solo podía ejecutar conjuros y profetizar en sueños, mientras dormía.

Usted venía y me pedía algo. La bruja, o sea yo, podía o no. Nunca mentía, pues era bruja muy sincera.

Pero tenía que poder dormirme y soñar su problema. Resolverlo o conjurar para ayudar o para maldecir. Si lo lograba, le daba garantías y en ese momento, cobraba mis servicios. Si no lo lograba, usted no pagaba nada y seguíamos intentándolo.

En ese mundo onírico solucioné amores y maldije y escupí, no tuve piedad y ellos conmigo, tampoco. Hubo fatales pesadillas donde resulté herida y desperté sobresaltada

dando maldiciones. Pero hubo sueños casi amorosos que me levantaron con una sonrisa.

Hubo sueños imposibles y otros, reiterados y persecutorios.

Lo mejor fue soñar con el día y la hora de mi muerte. Y supe que era cierto. Y me dormí para esperarla. Y vino.

Pero lo bueno fue que de tanto probar sueños no solo pude escaparme un par de veces sino, lo más importante, pude burlarla para nombrar mi sucesora. Para hacerlo tuve que reunir todas mis energías e hice lo que nunca: me metí en su sueño. La nombré heredera de todos mis sueños y la hice dueña de mis profecías.

La bruja del pueblo ha tenido una hija, gritaron todos en ese lugar, despertaron y sonrieron felices. Era la primera vez que el pueblo soñaba conmigo. Y salieron a festejarlo. Y no pude ver más nada porque la Muerte, metida en mi sueño, me dijo que era mi hora.

Petunias

Las petunias de Marosa se han perdido por este clima que desde el caribe, nos ha contagiado el escritor colombiano. Las camelias de la abuela casi no se ven y Dalias y Hortensias son mucho más pequeñas. El mundo de las flores ha cambiado, también ellas, precisas, frágiles y bellas han optado por abrirse en pleno otoño y casi dormir en primavera.

Ellas, tan sensuales, abriendo sus corolas como piernas que ofrecen la humedad del sexo. Ellas que con lentitud retiran las ropas y muestran su húmedo interior. Ellas que se excitan, se muestran y llenan de vida jardines, senderos, macetas. Trampa para colibríes y néctar de abejas y avispas.

Las flores son auténticas mujeres sensuales. Cada vez que las cortan para regalar un ramo o adornar un salón, mucho más para acompañar un muerto, matan sus orgasmos y las condenan a morir secas y frígidas.

Mujer hoja

Desde pequeña demostró que su juego favorito era saltar, pisar o revolcarse en las veredas cubiertas de hojas de otoño. Su madre la llamaba riendo antes de limpiar el suelo lleno de hojas, para que pudiera saltar a su antojo.

No les pareció bien ni a padres ni a vecinos que ya en plena adolescencia siguiera haciendo lo mismo. Entonces comenzó a levantarse muy temprano, antes del alba, y recorría las veredas y calles sin barrer, en puntillas o dando pequeños saltos.

Y en cada casa que le tocó vivir hizo lo mismo. Y el barrio terminaba aceptando su figura alegre pisando y saltando la hojarasca de cada otoño.

Su marido, sus hijos e hijas, sus nietos y nietas, pasaron a considerar un juego que solo ella entendía. “ La loca del otoño”, la “ pisa hojas “, y otros sobrenombres menos buenos le pusieron. Pero nada derrotó su manía de andar entre las hojas de otoño antes del alba.

Frente a su casa construyeron una mansión de tres pisos. A su dueña le molestó aquella mujer madura que venía a pisar su vereda y desordenar sus hojas. Por eso contrató una empresa que juntaba todas las noches sus hojas y dejaba la vereda impecable.

Pero se marchó de viaje la dueña de la mansión y cuando regresó el cúmulo de hojas tenía más de cinco centímetros. Imaginarse a la loca revolcándose en su vereda la llenó de ira. Así que ella misma amontonó todas las que pudo, incluso las de otras casas y ese mismo atardecer, les prendió fuego.

La loca de las hojas se metió en la pira y sin un sonido, se fue quemando. Para cuando llegaron bomberos y ambulancias el pequeño fuego era nada, puras cenizas… y sólo encontraron unos aretes rojos con forma de hoja del otoño… de puro oro.

El arte de narrar

Del arte de narrar

Serena al aire de este mes

recordando historias más o menos

veraces y siempre románticas,

me enseñaba el arte casero

de una literatura 

oral e imperfecta.

Se me llenaban los oídos de relatos:

secuencias lógicas 

problemas inesperados

finales anunciados

personajes imborrables.

La voz de mi madre me alejaba de lo cotidiano.

Sus versiones libres de tanta novela

fueron la casa 

que contenía a la verdadera.

Cuál fue nuestra casa de verdad?

La de Juan de Garra de Oso?

La de la servilleta mágica?

La del potrillo blanco?

Mis noches se llenaron de cuentos 

mis noches se vistieron de palabras,

algunas me daban miedo,

otras, me enfadaban, 

de otras, me reí a carcajada y

algunas, me pusieron a llorar.

Mamá jamás se resistió a narrar

una y otra vez, 

nunca dijo que no a inventar

a cambiar o finalizar

su cuento, mi cuento…

Nuestro cuento… 

Mi madre no leyó de literatura ni filosofía.

No supo qué era la pedagogía.

Era lectora y me alentaba a leer todo,

sin censuras…

Y así fue cómo logró, con secreto arte

casero, una hija lectora que 

dedica su vida a entender: qué nos hace lectores!!!

Mujer pensante

Mujer pensante

Cuando vos pones la mirada en ese compás de espera o perdida y sin rumbo, ni triste, ni alegre, más bien buscando…

Sé que hurgas ficciones o tal vez, recuerdos y otras veces, dialogas con vos misma sobre la existencia.

En un laberinto de pensamientos que muchas veces deseas ir a escribir, muchas veces lo haces, otras, lo desestimas.

Conviene no sacarte de tu abismo interno. Conviene dejarte que te vayas y regreses cuando y como puedas. A veces incluso vale la pena la espera, porque comenzarás a contar el último libro que deberías escribir. 

Entonces te dejo. Libre y profunda en tu red de laberintos, espejos, resolanas, adioses y encuentros, es un buen sitio para vos. Tal vez el único donde realmente sos libre. O donde te permitís regresar a la infancia. O de autorizas ficciones y maravillas. 

Es cierto que te conozco tanto que por el brillo de tus ojos, a veces puedo adivinar que andas atrás de un recuerdo doloroso, también me doy cuenta por la lejanía de tu ser, que te estás metiendo en el mundo de los fantasmas o las fantasías que, en tu caso, pueden ser la misma cosa.

“ Nos dedicábamos al placer de pensar”, dijo en alguna lejana entrevista Borges. Se te grabó. El placer de pensar te busca, te anida, te aleja y después, te regresa como liviana de equipaje.

Sigue elucubrando más allá de nosotros, más allá de lo cotidiano, más allá de vos misma. 

Te sanas y regalas. Existe mejor receta? 

Estoy, Domingo

Domingo, amigo?

Cuando era pequeña el Domingo tenía olor a mi padre que ponía música, tangos en general, desde las seis de la mañana. Mi hermana y yo intentábamos con almohadas tapar los oídos. Imposible.

El Domingo era eterno y de tarde, me aburría. En invierno los adultos desgajaban las tardes invernales con aburridos juegos de cartas.

Hubo Domingos de charcas y correr al aire libre, trepar a los árboles, guerras de mandarinas con los primos y siestas con revistas de historietas. Sublimes.

Hubo tantas formas de vivir el Domingo. 

En el coro del Colegio, canciones religiosas, fue mi etapa de querer cantar.

Domingos de adolescencia con mi padre ya muerto intentando hacer sonreír a mamá.

Domingo en Montevideo, descubriendo un lugar nuevo para almorzar. Recorrer la Rambla. 

Domingo de familia con y sin mi madre. 

Domingo de verlo enfermo y a punto de morir.

Cuántos Domingo al lado del mar.

Al lado del río. Al lado de mis hijos, después los nietos. 

Domingo sonoro, Domingos silencioso.

Entre la luz y la sombra existieron tantos y varios Domingo

No sé si a esta altura de mi vida tiene algo de especial este día de semana. Serán recuerdos? Serán las costumbres? Algo social enquistado? 

Ya no hay religión. No es día de descanso. Están lejos los lazos familiares. Es Domingo de acumular otros en esa memoria casi infinita. Es Domingo de aprender a mirar hacia adentro y valorar el silencio y la quietud de los otros.

Aprovechar que todos duermen más y vivir este Domingo con ganas de estarse en perfecta armonía: quietud, silencio, mente que divaga, llenar los sentidos de la vida que está. Todavía está! 

Quería escribir que me duele otro Domingo más. No lo logré. Al final: todavía quiero ver otros más y saber que estoy cobrando significados diversos.

Estoy y te sufro Domingo. Estoy y puedo verte, Domingo. Estoy y puedo lamer mis heridas. Estoy, puedo lamer las heridas de mis seres más amados. 

Estoy, todavía vivo este sistema dominical, diferente, parecido, mudo o bullicioso. 

Estoy, Domingo.