Mujer hoja

Desde pequeña demostró que su juego favorito era saltar, pisar o revolcarse en las veredas cubiertas de hojas de otoño. Su madre la llamaba riendo antes de limpiar el suelo lleno de hojas, para que pudiera saltar a su antojo.

No les pareció bien ni a padres ni a vecinos que ya en plena adolescencia siguiera haciendo lo mismo. Entonces comenzó a levantarse muy temprano, antes del alba, y recorría las veredas y calles sin barrer, en puntillas o dando pequeños saltos.

Y en cada casa que le tocó vivir hizo lo mismo. Y el barrio terminaba aceptando su figura alegre pisando y saltando la hojarasca de cada otoño.

Su marido, sus hijos e hijas, sus nietos y nietas, pasaron a considerar un juego que solo ella entendía. “ La loca del otoño”, la “ pisa hojas “, y otros sobrenombres menos buenos le pusieron. Pero nada derrotó su manía de andar entre las hojas de otoño antes del alba.

Frente a su casa construyeron una mansión de tres pisos. A su dueña le molestó aquella mujer madura que venía a pisar su vereda y desordenar sus hojas. Por eso contrató una empresa que juntaba todas las noches sus hojas y dejaba la vereda impecable.

Pero se marchó de viaje la dueña de la mansión y cuando regresó el cúmulo de hojas tenía más de cinco centímetros. Imaginarse a la loca revolcándose en su vereda la llenó de ira. Así que ella misma amontonó todas las que pudo, incluso las de otras casas y ese mismo atardecer, les prendió fuego.

La loca de las hojas se metió en la pira y sin un sonido, se fue quemando. Para cuando llegaron bomberos y ambulancias el pequeño fuego era nada, puras cenizas… y sólo encontraron unos aretes rojos con forma de hoja del otoño… de puro oro.

El arte de narrar

Del arte de narrar

Serena al aire de este mes

recordando historias más o menos

veraces y siempre románticas,

me enseñaba el arte casero

de una literatura 

oral e imperfecta.

Se me llenaban los oídos de relatos:

secuencias lógicas 

problemas inesperados

finales anunciados

personajes imborrables.

La voz de mi madre me alejaba de lo cotidiano.

Sus versiones libres de tanta novela

fueron la casa 

que contenía a la verdadera.

Cuál fue nuestra casa de verdad?

La de Juan de Garra de Oso?

La de la servilleta mágica?

La del potrillo blanco?

Mis noches se llenaron de cuentos 

mis noches se vistieron de palabras,

algunas me daban miedo,

otras, me enfadaban, 

de otras, me reí a carcajada y

algunas, me pusieron a llorar.

Mamá jamás se resistió a narrar

una y otra vez, 

nunca dijo que no a inventar

a cambiar o finalizar

su cuento, mi cuento…

Nuestro cuento… 

Mi madre no leyó de literatura ni filosofía.

No supo qué era la pedagogía.

Era lectora y me alentaba a leer todo,

sin censuras…

Y así fue cómo logró, con secreto arte

casero, una hija lectora que 

dedica su vida a entender: qué nos hace lectores!!!

Mujer pensante

Mujer pensante

Cuando vos pones la mirada en ese compás de espera o perdida y sin rumbo, ni triste, ni alegre, más bien buscando…

Sé que hurgas ficciones o tal vez, recuerdos y otras veces, dialogas con vos misma sobre la existencia.

En un laberinto de pensamientos que muchas veces deseas ir a escribir, muchas veces lo haces, otras, lo desestimas.

Conviene no sacarte de tu abismo interno. Conviene dejarte que te vayas y regreses cuando y como puedas. A veces incluso vale la pena la espera, porque comenzarás a contar el último libro que deberías escribir. 

Entonces te dejo. Libre y profunda en tu red de laberintos, espejos, resolanas, adioses y encuentros, es un buen sitio para vos. Tal vez el único donde realmente sos libre. O donde te permitís regresar a la infancia. O de autorizas ficciones y maravillas. 

Es cierto que te conozco tanto que por el brillo de tus ojos, a veces puedo adivinar que andas atrás de un recuerdo doloroso, también me doy cuenta por la lejanía de tu ser, que te estás metiendo en el mundo de los fantasmas o las fantasías que, en tu caso, pueden ser la misma cosa.

“ Nos dedicábamos al placer de pensar”, dijo en alguna lejana entrevista Borges. Se te grabó. El placer de pensar te busca, te anida, te aleja y después, te regresa como liviana de equipaje.

Sigue elucubrando más allá de nosotros, más allá de lo cotidiano, más allá de vos misma. 

Te sanas y regalas. Existe mejor receta? 

Estoy, Domingo

Domingo, amigo?

Cuando era pequeña el Domingo tenía olor a mi padre que ponía música, tangos en general, desde las seis de la mañana. Mi hermana y yo intentábamos con almohadas tapar los oídos. Imposible.

El Domingo era eterno y de tarde, me aburría. En invierno los adultos desgajaban las tardes invernales con aburridos juegos de cartas.

Hubo Domingos de charcas y correr al aire libre, trepar a los árboles, guerras de mandarinas con los primos y siestas con revistas de historietas. Sublimes.

Hubo tantas formas de vivir el Domingo. 

En el coro del Colegio, canciones religiosas, fue mi etapa de querer cantar.

Domingos de adolescencia con mi padre ya muerto intentando hacer sonreír a mamá.

Domingo en Montevideo, descubriendo un lugar nuevo para almorzar. Recorrer la Rambla. 

Domingo de familia con y sin mi madre. 

Domingo de verlo enfermo y a punto de morir.

Cuántos Domingo al lado del mar.

Al lado del río. Al lado de mis hijos, después los nietos. 

Domingo sonoro, Domingos silencioso.

Entre la luz y la sombra existieron tantos y varios Domingo

No sé si a esta altura de mi vida tiene algo de especial este día de semana. Serán recuerdos? Serán las costumbres? Algo social enquistado? 

Ya no hay religión. No es día de descanso. Están lejos los lazos familiares. Es Domingo de acumular otros en esa memoria casi infinita. Es Domingo de aprender a mirar hacia adentro y valorar el silencio y la quietud de los otros.

Aprovechar que todos duermen más y vivir este Domingo con ganas de estarse en perfecta armonía: quietud, silencio, mente que divaga, llenar los sentidos de la vida que está. Todavía está! 

Quería escribir que me duele otro Domingo más. No lo logré. Al final: todavía quiero ver otros más y saber que estoy cobrando significados diversos.

Estoy y te sufro Domingo. Estoy y puedo verte, Domingo. Estoy y puedo lamer mis heridas. Estoy, puedo lamer las heridas de mis seres más amados. 

Estoy, todavía vivo este sistema dominical, diferente, parecido, mudo o bullicioso. 

Estoy, Domingo.

Tejido invisible

Es una especie de tela de araña fuerte, irrompible y a su vez, invisible.

Te cuesta imaginar que exista algo así. Porque es parte de un mundo de magia o de imposibles que nos enseñaron a negar.

La intuición, fuerte, presente, la que heredaste y la propia hacen su trabajo. Y te gana antes de notarlo, la seguís sin sentir que vas tejiendo la red invisible de tu vida y la de otras, otros, que vas marcando de forma invisible lo que luego llamarás, destino.

Finalmente está tu subconsciente, ese otro que también teje desde allí, tu propio cielo o infierno.

Estamos todas y todos repletos de señales, guías, advertencias, caminos y tejidos que sin darnos cuenta, usamos, desoímos, tal vez hasta despreciamos y otras veces, abrazamos. Están, de todos modos, están.

Es verdad que hay más cosas entre el cielo y la tierra que las que una pueda imaginar, lo dijo Shakespeare y no se equivocó. Es solo que ante tanta ciencia, tecnología y supuestos futuristas, creemos que ya no hay más.

Siempre habrá más, mucho más que lo que podamos imaginar.

Es una finísima y fuerte red tejida por miles de generaciones que ni siquiera sabemos dónde termina para atrás y menos aún, cuánto seguirá hacia adelante.

Cuanta gente detrás tuyo tejió lo que eres hoy, cuantos hombres, mujeres, jóvenes y niños o niñas, vivieron y murieron para estar escribiendo esta estupidez yo desde aquí, vos leyendo desde ahí..

Aún así, somos soberbios y nos creemos artífices de nuestros destinos y creadores gracias a nosotros mismos. No. Para este hoy mío o tuyo, otras y otros pelearon sus propias batallas y tejieron estas redes. Infinitas e invisibles que muchos llaman destino.

Las palabras

Soberbia pretensión: creer que se tienen.

Las palabras están viven se escapan.

Las palabras huyen.

Las palabras desaparecen.

Y una creyó, mucho tiempo,

que tenía con ellas un buen vínculo.

Una creyó que con ellas tendería

todos los puentes de comunicación.

Los del perdón, los del amor, los de

la ironía, los del entendimiento…

Nada, en realidad las palabras tienen

vida propia y están cuando quieren,

( o cuando pueden).

Estoy angustiada de palabras obstinadas

acurrucadas en algún lugar de mi cuerpo.

Se retuercen y no me salen,

al menos no salen las que deben,

ni cuando ni como quiero.

Errática y desencajada estoy

disparando de esta situación

que me tiene silenciada o casi,

que digo lo que no debo,

que me obligo a silenciarme porque

sé que las palabras, mis cómplices,

esta vez no pueden ayudarme.

De verdad he leído sobre el silencio,

he intentado ese método de dejarlo hablar,

de habitarme con una paz de silencio.

Y que este silencio sean mis palabras.

Reverenda estupidez. Pero por hoy:

no me quedan soluciones ni

esperanzas para expresar lo que quiero,

ni lo que ansió, ni lo que no quiero.

Solo el silencio me asiste.

Triste

Triste

… como la luna sin espejos de aguas donde mirarse,

… como el cachorro de lobo que aúlla por una madre asesinada 

… como un joven que vestido de soldado se enfrenta a la muerte y el asesinato

… como un chico que le quitaron el sueño de ser niño

… como una niña que le robaron la posibilidad de ser niña

… como una mujer de pechos ya secos viendo sus hijos con hambre 

… como un árbol que ve llegar el fin de su vida y no puede gritar

… como una joven loca de amor primero frente a la traición del amado

… como un joven enamorado frente al desdén de la chica en cuestión 

… como un obeso que siente el asco de lo que los rodean

… como un perro siempre sufriendo en una cadena

… como una bella lagartija verde pisoteada y mordida por perros 

… como un gato maullando en la lluvia

… como un tren abandonado 

…como un sol preso de nubarrones oscuros

… como un libro nunca abierto

…como un autor nunca publicado 

… como una mujer que debe exhibirse para que le den trabajo

… como una prostituta que sabe que morirá en la calle

… como capitán sin más soldados ni guerras

…como una flor pisoteada por botas

… como un libro prendido fuego junto a otros

… como un cuadro destruido

… así de triste. Se entenderá?