El mar escribe historias

A orillas de este encrespado trozo de Atlántico lo veo ir y venir. Trae, deja, lleva. Su inmensidad se hace espuma y su clamor aullido.

En este rincón olvidado del turismo consumidor y etiquetado, hemos pasado momentos inolvidables. Hemos intentado traer aquí a todos los que amamos y muchas veces, lo hemos conseguido.

Tenemos recuerdos guardados de más de veintitantos años, otros veranos, el mismo océano, la playa brava y cada casa nueva, un acontecimiento.

No sabemos porqué volvemos. Insistimos y cuando no lo hacemos, sentimos que no hemos tenido verano.

Este mar salvaje, nos convoca cada año. Hemos dejado parte de nuestra juventud aquí, hemos visto a los nietos bebés transformarse en hombres. 

Repetimos el ritual que es el mismo pero diferente cada verano. Y el pequeño pueblo sigue sufriendo el embate de las olas y arrinconan piedras para sostener casas. Y cada año vemos que se llevó otra pero un poco más lejos, nació otra. 

Este trozo de mar podrá escribir que cada año, hemos dejado un pedazo de nuestras vidas aquí, en su orilla. En los pliegue furiosos de sus olas, en la infinitud de su esplendor.

Amo este mar bravío, este pueblo pequeño, esta costa rústica e infinita. El silencio de sus noches y las miles de fotos que tenemos guardadas.

Es verdad que el mar escribe historias y a nosotros, a buena parte de nuestra familia, nos escribió el regreso en cada centímetro de piel.

No podemos abandonar esa caligrafía marina que nos invita cada verano a volver. 

Deja un comentario