Qué asco vomitar. Qué gusto asqueroso te queda, que dejo amargo en el paladar.
Y cuando no podes parar y sentís que tu vida sale por la boca a borbotones hasta desintegrarte?
Qué sensación angustiante. Qué cansancio y agotamiento te deja ese vómito que juntó tus tripas a tu alma.
La vida como que se iba entre arcada y arcada.
El alcohol? Indigestión?
No, palabras. Eso. Has logrado, alguna vez, vomitar sin poder parar palabras que te sacan el alma y la vida?
Es una sensación que debería de definir con mi psicóloga. Porque comenzás escribiendo casi con timidez y de pronto, viene el vómito. No alcanzan los dedos, las pantallas, los recuerdos, no podes ni querés parar de vomitar.
Exhausta, casi agonizando estoy.
Es un proceso: reconstruir para sanarme.
Escribir para afirmar mi verdad.
Veremos si la vida me da el tiempo necesario y si logro vomitar hasta la última gota de amargo rencor escondido bajo la careta mansa que he venido usando.

Muy bueno
Me gustaMe gusta