Las palabras

Soberbia pretensión: creer que se tienen.

Las palabras están viven se escapan.

Las palabras huyen.

Las palabras desaparecen.

Y una creyó, mucho tiempo,

que tenía con ellas un buen vínculo.

Una creyó que con ellas tendería

todos los puentes de comunicación.

Los del perdón, los del amor, los de

la ironía, los del entendimiento…

Nada, en realidad las palabras tienen

vida propia y están cuando quieren,

( o cuando pueden).

Estoy angustiada de palabras obstinadas

acurrucadas en algún lugar de mi cuerpo.

Se retuercen y no me salen,

al menos no salen las que deben,

ni cuando ni como quiero.

Errática y desencajada estoy

disparando de esta situación

que me tiene silenciada o casi,

que digo lo que no debo,

que me obligo a silenciarme porque

sé que las palabras, mis cómplices,

esta vez no pueden ayudarme.

De verdad he leído sobre el silencio,

he intentado ese método de dejarlo hablar,

de habitarme con una paz de silencio.

Y que este silencio sean mis palabras.

Reverenda estupidez. Pero por hoy:

no me quedan soluciones ni

esperanzas para expresar lo que quiero,

ni lo que ansió, ni lo que no quiero.

Solo el silencio me asiste.

Un comentario sobre “Las palabras

Deja un comentario