Viajar a los sesenta y nueve años, unos mil quinientos kilómetros, para ver si te re encuentras con un sitio donde fuiste feliz, entre los cinco y casi ocho años. Ese fue mi viaje. Por qué a ese lugar? Por qué no visito la chacra de mi difunta abuela donde pasé casi todos los veranos? Además, es muy cerca…
Por qué no al colegio donde tuve que ir al volver de la Patagonia y donde comencé mi rebelde adolescencia? El primer departamento en Buenos Aires, donde nació mi primer hijo?
La casa que amé tanto en Montevideo, cerca de la rambla, donde nació mi segundo hijo y donde un 25 de Mayo me llevaron encapuchada las Fuerzas Conjuntas uruguayas y argentinas?
Todos esos sitios los visité desde la lejanía, veredas o calles de por medio. No pedí para entrar, no intenté golpear, explicar, volver a ver paredes, puertas, rincones.
No, nada fue tan maravilloso en mi vida, ni tan triste como La Esmeralda en Cinco Saltos. La tristeza la dejo para el final. Lo maravilloso como dije fue mi estrenar en la vida de un montón de cosas, la única etapa de mi vida familiar donde estuvimos juntos y contentos, el lugar hermoso donde vivimos y el pequeño pueblo que tanto nos gustaba.
Fue también una experiencia lejana a la familia de mi madre, estábamos más solos y ahora, que he tenido que vivir el exilio, me doy cuenta de lo triste que era para mi madre pero, a su vez, que distinta actuaba sin la influencia familiar.
Creo que de alguna manera esa maraña intrincada de mi subconsciente necesitó ese viaje hacia el pasado como un homenaje a mi familia desaparecida. Todos murieron jóvenes. Estoy superando la edad de mi madre que murió un año menor que yo. La estancia en Cinco Salto me hizo ver muchas cosas de cerca. Los aborígenes en su extrema pobreza. Los peones de campo y su trabajo mal remunerado. La incansable fatiga de las cosechas con jornadas de doce horas. El color de la piel, que separa.
Viajar a los sesenta y nueve años, unos mil quinientos kilómetros, para ver si te re encuentras con un sitio donde fuiste feliz, entre los cinco y casi ocho años. Ese fue mi viaje. Por qué a ese lugar? Por qué no visito la chacra de mi difunta abuela donde pasé casi todos los veranos? Además, es muy cerca…
Por qué no al colegio donde tuve que ir al volver de la Patagonia y donde comencé mi rebelde adolescencia? El primer departamento en Buenos Aires, donde nació mi primer hijo?
La casa que amé tanto en Montevideo, cerca de la rambla, donde nació mi segundo hijo y donde un 25 de Mayo me llevaron encapuchada las Fuerzas Conjuntas uruguayas y argentinas?
Todos esos sitios los visité desde la lejanía, veredas o calles de por medio. No pedí para entrar, no intenté golpear, explicar, volver a ver paredes, puertas, rincones.
No, nada fue tan maravilloso en mi vida, ni tan triste como La Esmeralda en Cinco Saltos. La tristeza la dejo para el final. Lo maravilloso como dije fue mi estrenar en la vida de un montón de cosas, la única etapa de mi vida familiar donde estuvimos juntos y contentos, el lugar hermoso donde vivimos y el pequeño pueblo que tanto nos gustaba.
Fue también una experiencia lejana a la familia de mi madre, estábamos más solos y ahora, que he tenido que vivir el exilio, me doy cuenta de lo triste que era para mi madre pero, a su vez, que distinta actuaba sin la influencia familiar.
Creo que de alguna manera esa maraña intrincada de mi subconsciente necesitó ese viaje hacia el pasado como un homenaje a mi familia desaparecida. Todos murieron jóvenes. Estoy superando la edad de mi madre que murió un año menor que yo. La estancia en Cinco Salto me hizo ver muchas cosas de cerca. Los aborígenes en su extrema pobreza. Los peones de campo y su trabajo mal remunerado. La incansable fatiga de las cosechas con jornadas de doce horas. El color de la piel, que separa.
Por otro lado hice mi primera aparición en público, narré a mis muñecos por primera vez y escribí mis primeras frases. Escuché más historias de las que pude entender.
Todo eso junto sumado a los acontecimientos que destrozarían la familia en pocos años más, condicionaron ese período como para que quisiera volver. Haber encontrado todo lo que guardaba en mi memoria, aún con ciertos cambios, fue un premio buscado e inesperado.
Sin dudas el Universo estuvo de acuerdo.

