Vos me pedías un cuento de terror y yo, lejos de pensar en uno, me imaginaba que me decías:
Mamá tengo hambre
Y no teníamos nada, ni una miga de pan, la desesperación y el horror llenaban mi corazón de congoja y llorábamos juntas . Vos, de hambre, yo de impotencia.
Me imaginaba tumbada contigo pegada a mi cuerpo, sobre unos cartones y nylon, durmiendo con un ojo solo para protegerte.
Mamá tengo frío…
Y te apretaba sobre mi pecho, sobre mi ropa sucia, te masajeaba el cuerpito flaco, pero el viento era implacable en la calle y en la noche.
Te imaginé con ojos vidriosos de fiebre, los mocos, la cara pálida y empezar, con desesperación a pedir para llevarte al hospital. La indiferencia también es implacable.
Te imaginé sin juguetes, ni libros, ni escuela, pobre como yo, tu madre que no conseguía ni una miserable limpieza contigo de la mano. No conseguía ni barrer una vereda con la mugre que teníamos.
Nos imaginé durmiendo en un refugio, con un ojo sí y otro no, para cuidarte de las otras miradas hambrientas.
Nos imaginé terribles de abandonadas y pobres, tanto que podía sentir mi corazón apretado, el terror, el verdadero , debe de ser ese, lo pensé y lo supe.
Un cuento de terror es no tener para darte de comer y verte llorar de frío y no poder abrigarte, no poder curarte si estás enferma, ni siquiera poder bañarte… eso sí que da terror.
Me miraste con eso ojos tuyo azules y sagaces, corriste y me abrazaste.
No llores mami, no pienses en esos cuentos de terror, mejor vamos a caminar y si vemos gente así de pobre, los ayudamos… queres?
Ingenua niña mia, me enternece tu solución para el final de mi cuento de terror.

