Dificultad

Dificultad
… de olvidar, padezco esa enfermedad,
puedo recordar con precisión ciertas fechas,
palabras, hechos y circunstancias…
Pueden pasar días, meses y años,
quedarán en mi memoria implacable…
No sé si es una virtud,
estoy aprendiendo, de a poco,
que puede ser un defecto
doloroso.
La peor parte de este padecimiento
es sentir que soy guardiana de secretos,
de cosas que los otros decidieron
olvidar…
Tu nombre y tu existencia efímera…
Las cosas que no nos contaron
cuando te moriste.
Y el llanto de mi madre que
se sentía hasta en el ulular del viento.
Es la peor parte: convencerme que
tengo que recordarlo todo.

Recordar que naciste, viviste casi un año.

Moriste abruptamente en brazos de mi madre.

Moriste rapidísimo en brazos de mi padre.

La menengitis era fatal y te llevó en menos de

lo que dura un día. Enloqueció la familia entera.

Mi verdadera hermana mayor. Tu nombre se perdió en el tiempo. Nadie me habló de vos,

te descubrí por curiosidad a los siete años.

Mi madre padeció de un duelo agónico hasta que nació mi otra hermana, la que conocí como la mayor.

Mamá lloraba cada atardecer, gritaba de dolor amargo y en los pinos que rodeaban la casa, su llanto hacía eco.

Años después, cuando ya tu nombre era una foto guardada en un misal, mi tía me contó que nadie quería vivir en esas casa. El llanto de mi madre sonaba cada vez que soplaba el viento.

Aquí estoy, huérfana de padre, madre, hermanos, dejando una huella de tu pequeño trozo de vida. Contando, no sé a quién, qué mamá lloró hasta dejar el eco de su sufrimiento en aquellos pinos. Para recordar que ni papá ni ella te olvidaron, que si no te nombraron era porque nunca superaron tu muerte.

Aquí estoy, guardiana de tu recuerdo Herminia, la primera que anidó el útero de mamá. Aquí estoy mostrando sin miedo la foto que tomaron, unas horas antes de tu muerte y guardaron en un misal, en una caja de fotos y no sé en cuántos rincones más. No hubo tía, primo, abuela, que no guardara una foto tuya.

Hoy estás aquí, como viviendo de nuevo. Decido sacarte a la luz. Tal vez nunca entendí el porqué no se nombra a las niñas muertas tempranamente.

Tal vez nunca quise creer que eras la segunda muerte profética.

Herminia, pequeña hermana mayor, tengo que contar la profecía aunque yo no sea creyente…