1 de enero

1 de Enero:

El 1ero de todos los eneros, los de antes y los de ahora, son lentos, las horas se detienen, los sueños y las esperanzas están tan nuevecitos que ni el papel de regalo se ha roto. Se demora el día para asimilar que otra vez, sí, otra más, estamos con calendario a estrenar. Hay que remar otro año y nadie puede decir si terminará, si habrá o no, si tendremos o perderemos.
Por eso es bueno una casa llena de tías, como la mía cuando pequeña, las tías son muy buena receta para los 1ero de enero. Llega una y te da un consejo, llega otra y te cuenta un chisme, otra se aventura a predecirte algo que ocurrirá, otra te depila por vez primera aunque vos des alaridos de terror, otra pica las sobras de la comilona de anoche, otra hace té para las que bebieron de más.
Nada más feliz que una cocina llena de tías. Todas saben todo de todas y de más allá y de más acá. Todas pueden gritar y entenderse a la vez. Todas pueden dejar que sus hijos vayan y vengan pero no les permitirán interrumpir esa reunión compleja, espiritual, chismosa, cruel, tierna y tan femenina que se puede lograr en un grupo de tías.
Así, recordándolas, comienza otro año. Gracias por tanto.

Sentirse nada

Para cuando acepte que tengo un desgarro en el alma, estaré lejos.

Para cuando libere este llanto eterno que no debería cesar, ya no tendré lágrimas.

No existe peor castigo que verte enferma con la luz y la energía que no tienes, aún así, luchando sin tregua.

No hay en este mundo nada, ni una gota de medicamento que calmen este desasosiego. Mezcla de rabia, angustia e impotencia.

No sirve que diga que quiero estar yo enferma, que quiero entregar los años de vida que me quedan para sanar tu dolor. No. Todo suena tan vacío. Tan despersonalizado.

Cómo se hace cuando una llegó a mi edad y ya tiene estos años, las fuerzas menguadas, y tiene que ver sufrir una enfermedad conocida por, nada menos, su hija menor.

Esa puta insuficiencia renal, la que te hará vivir pendiente de la diálisis hasta que llegue un riñón. Y aún después.

Han cambiado mucho las cosas desde que cuidé a tu padre en diálisis pero sé que esto es de por vida. Sujeta a un horario, una dieta, una medicación y mil detalles más que no te los dicen porque tu batalla será permanente.

Vos sos la que sufre, acá soy solo tu madre. Se me remueven las vísceras, los recuerdos agónicos, la rabia de la impotencia y el no saber, desde dónde ayudar mejor.

Vos darás la batalla y yo, otra vez, sufriré desde afuera, desde mi alma, no pondré mi cuerpo.

Tuvimos las dos ese Aniversario Cósmico: huérfanas de padre a los 15 años. Cuidé tanto a tu padre que los dejé solos a vos y tus hermanos. Lo cuidé tanto que le di un riñón que hoy, tendría que ser para vos.

Mi vida tiene una relación directa con la insuficiencia renal. Por eso me quería morir más joven, no quería verte librar esta batalla.

Pero estoy y no sé bien qué hacer. Ya no soy joven, tengo limitaciones, ya no logro ocultar mi pena, ni sé bien cuál es mi rol.

Perdida. Absolutamente perdida.

Somos fuertes y rescilientes, me dicen. Y hasta cuando hay que resistir sin quejarse? Y hasta qué momento debo seguir siendo la mujer de hierro? Cuándo podré llorar y gritar y mandar a todas y todos a la reverenda mierda?

… hoy estoy callada por vos, para no angustiarte yo más que tu propia enfermedad.

No te enojes si un día de esto estallo y meto la pata. Es mentira que soy de hierro. Hoy me siento de harina, de pluma, de espuma, hoy más que nunca en mi vida, me siento nada.

Agradezco

Hoy necesito agradecer por ese momento que no fotografiamos.

Ese instante único que nos pertenece y no compartimos.

Dar las gracias por esos secretos celosamente guardados por años. Esos que de vez en cuando, desempolvamos para recordarlos en un lugar que nos gusta.

Agradezco nuestros locos viajes no planeados, sin perfiles de viajes codiciados donde buscábamos tal vez, solo escabullirnos, sin demasiados propósitos.

Esos poemas que nunca te escribí y te los dije mal pero con el alma una noche de luna.

Esas lágrimas que conozco y te nacen con ciertas melodías.

Agradezco tanto sabernos con auténtica sencillez, sin reprocharnos ayeres.

Agradezco más aún venir de aquella lejana época del lápiz y el cuaderno porque quizás eso, nos ha impedido caer en los lugares comunes de la tecnología permanente.

Olor a amor maduro, perfume a madera sazonada, música que nos hermana los sentidos y arrugas que nos dan un recorrido para las yemas de los dedos.

Nada que fingir, nada oculto, todo expuesto y con intensa sinceridad, una apacible vida que aún guarda estremecimientos de ternura, recodos de pasión.

Alguien alguna vez nos dijo que esta puede ser la mejor etapa? No, porque solo se sigue alabando el hecho de ser jóvenes y tener la agilidad en el cuerpo, la elasticidad en la piel y el sexo urgente.

Agradezco estar viviendo con vos esta etapa diáfana de amor, la calidez de la ternura, las nostálgicas noches, la dulzura del beso y la felicidad de amanecer juntos.

Todo lo demás, se quedó en la vidriera de las Redes, por suerte seguimos hablando mirándonos a los ojos. Sin maquillaje.

Vómito

Qué asco vomitar. Qué gusto asqueroso te queda, que dejo amargo en el paladar.

Y cuando no podes parar y sentís que tu vida sale por la boca a borbotones hasta desintegrarte?

Qué sensación angustiante. Qué cansancio y agotamiento te deja ese vómito que juntó tus tripas a tu alma.

La vida como que se iba entre arcada y arcada.

El alcohol? Indigestión?

No, palabras. Eso. Has logrado, alguna vez, vomitar sin poder parar palabras que te sacan el alma y la vida?

Es una sensación que debería de definir con mi psicóloga. Porque comenzás escribiendo casi con timidez y de pronto, viene el vómito. No alcanzan los dedos, las pantallas, los recuerdos, no podes ni querés parar de vomitar.

Exhausta, casi agonizando estoy.

Es un proceso: reconstruir para sanarme.

Escribir para afirmar mi verdad.

Veremos si la vida me da el tiempo necesario y si logro vomitar hasta la última gota de amargo rencor escondido bajo la careta mansa que he venido usando.

Desde mi balcón

Asomarme sin intenciones al estrecho balcón que me regala buena vista.

Un tumulto de estrellas, a las que alguna vez, de niña, intenté recordarle sus nombres, siguen perennes sobre mi cabeza.

En los caminos zigzagueando andan luces por doquier, más allá en los edificios, las otras luces anuncian sus costos elevados. 

La noche densa y tranquila trajo un poco de frescor. Me quedo contemplando estrellas distantes, luces de todos tipo y mi gato, me acompaña.

Entonces percibo o recuerdo que bajo las mismas estrellas corre marrón y seguro un río de todos los tiempos. Un río que sigue su camino sin importarle nada. O todo, que es lo mismo.

Adentro del bote estamos todos, a la deriva, todos y todas, picados por la víbora desde que nacimos. Todas y todos recordando, elucubrando, adormecidos o incluso, lúcidos y soberbios.

Sí, allá está el río y todos están en el bote. Yo también. A la deriva, como escribió el maestro. *

La muerte está a la vuelta. Sobre un remanso, sobre un remolino, va hacia ella el bote, con o sin orgullo. Va, porque tiene que ir y porque estamos a la deriva aunque muchos creen poder dominarlo.

Ya llevamos el veneno dentro. Será cuestión de tiempo. Las estrellas seguirán mirándonos. Las luces irán cambiando de dueños o no. Eso no es importante.

Antes de entrar y tener esta certeza decido tipear lentamente las letras. No olvidar el bote, el veneno que es destino incuestionable. 

Es fácil desde un pequeño balcón recordar quién soy y bajo un puñado de estrellas respirar la belleza porque también voy hacia el mismo final.

Mi gato, que no lo sabe, maúlla pidiendo entrar. Es mejor que el atrapa sueños nos regale otra ilusión.

*Horacio Quiroga, cuento A la deriva.

Mujer pensante

Mujer pensante

Cuando vos pones la mirada en ese compás de espera o perdida y sin rumbo, ni triste, ni alegre, más bien buscando…

Sé que hurgas ficciones o tal vez, recuerdos y otras veces, dialogas con vos misma sobre la existencia.

En un laberinto de pensamientos que muchas veces deseas ir a escribir, muchas veces lo haces, otras, lo desestimas.

Conviene no sacarte de tu abismo interno. Conviene dejarte que te vayas y regreses cuando y como puedas. A veces incluso vale la pena la espera, porque comenzarás a contar el último libro que deberías escribir. 

Entonces te dejo. Libre y profunda en tu red de laberintos, espejos, resolanas, adioses y encuentros, es un buen sitio para vos. Tal vez el único donde realmente sos libre. O donde te permitís regresar a la infancia. O de autorizas ficciones y maravillas. 

Es cierto que te conozco tanto que por el brillo de tus ojos, a veces puedo adivinar que andas atrás de un recuerdo doloroso, también me doy cuenta por la lejanía de tu ser, que te estás metiendo en el mundo de los fantasmas o las fantasías que, en tu caso, pueden ser la misma cosa.

“ Nos dedicábamos al placer de pensar”, dijo en alguna lejana entrevista Borges. Se te grabó. El placer de pensar te busca, te anida, te aleja y después, te regresa como liviana de equipaje.

Sigue elucubrando más allá de nosotros, más allá de lo cotidiano, más allá de vos misma. 

Te sanas y regalas. Existe mejor receta? 

Reinventando

Cuando me resigné al olvido
regresaron los recuerdos
esos sueños infiltrados de la mirada
que todo lo resucita
Ese poder ancestral de soñar lo
irremediable
lo terrenal y lo banal y lo rutinario
Regresó el tiempo y el olvido
se fue diluyendo,
fragmentando
Ilusa de mí que pensé olvidar
esa terrible forma de presentir…
Presentir aunque la ciencia lo niegue
y la razón no lo permita,
presentir en los silencios y
también en algunas miradas…
Quedarse con ese presentir,
buscar olvidarlo y entender que no se puede,
porque lo irracional te gana.
Después…llega la lenta comprensión: por algo presentías,
por algo intuías y por algo tantas veces
descubriste que envolverte es mejor.
Es mejor la posición fetal
sobre vos misma, meterte muy adentro,
dejar que suceda y salir ilesa,
cómo reinventando la vida.

Y ellos: quienes eran?

Querida:

Si continuó este delirio no puedo hacerlo de un solo lado. Desde el mío y el tuyo pero ese tuyo, también es mío. Mi concepto y mis recuerdos, mis vivencias, compartir mis emociones.

Me puse a pensar en “ellos”, mi marido, tu marido, dos uruguayos hermanos solo por parte de madre. Dos historias que en un momento de nuestras vidas ocasionaron lo que nos quedaba por delante.

A partir de mi exilio político y tu lejanía, que después supe era una distancia corta, vivíamos muy cerca pero no nos veíamos, nuestras vidas de hermanas pasó a ser la de estos hombres más que la nuestra.

Y para explicar algunos motivos que podrían aclarar esas razones debo meterme en la parte de sus historias que conozco. Otra vez caigo en mi propia versión de lo que me contaron y recuerdo.

Hubo mucho machismo acatado de nuestra parte. Ellos tal vez tenían razones para estar separados. No tuvieron una familia como la nuestra, ni una madre como la nuestra. Dos padres diferentes uno, el padre de mi marido, abandónico. El otro, el de tu marido, cruel, abusador y alcohólico. Una madre que cambió de marido muy rápido, antes que la dejara el primero ya tenía el segundo, antes de que se fuera el segundo ya tenía el tercero.

Sus vidas fueron tan diferentes. Sus vivencias de niños siempre hundidos en la pobreza, con una familia de dos apellidos con tres hijos de un padre y tres de otro, un tercer marido mucho más joven que la madre, creo que los marcó de una manera de la que no pudieron escapar.

No puedo o no debería obviar porque por esa forma cruel de vida que tuvieron, cuando se encontraron con nosotras a los dos, de una u otra forma, les condicionó el comportamiento.

He decidido parar estas cartas para ver cómo narro la vida de estos hombres que siendo hermanos de útero, vos entenderías porque no pongo de madre, tuvieron sin embargo una hermandad tardía que al final, nosotras de por medio y sin culpa alguna, se separaron para siempre.

Tengo que completar la historia y no sé si estoy lista.