Ni yo sabía que te quería tanto…
Cuando fui niña y correteaba a mi antojo
caminos, calles, arboledas, veras del Río,
no sabía que te querría tanto.
Cuando me arrancaron de tu lado
y me fui llorando no sabía que te extrañaría
siempre y no te olvidaría nunca.
Cuando te recordé de adulta te escribí
prosas románticas, cuentos cortos,
vi las calles, la casona, la chacra, el pueblo,
despojado de nosotros: abandonados y olvidados.
La felicidad de esos años de niñez, cuando parecíamos esa familia de foto comercial, los años más felices de nuestras vidas, se metieron debajo de mi piel, de mi olfato, de mi pensamiento y de mis vísceras.
Volver después de tanto tiempo, el corazón latiendo, las preguntas infinitas y mis queridos muertos, sin un sonido, pero presentes en mí mente.
Volver y reconocer la Avenida principal, por algunos tramos que aún están, sacarme fotos en la vieja Estación y la Escuela de mis primeros años felices.
Volver y encontrar la querida Esmeralda, la chacra y la casa que habitamos con una felicidad que no sabíamos que teníamos y menos aún sabíamos, que jamás la recuperaríamos.
Recorrer el Club Social de los bailes familiares y la cancha donde vi a mi padre, por primera vez, gritar en el fútbol.
Entonces, regresar con el paisaje impregnado de memorias y ponerme a escribir los recuerdos, por esa familia que perdí y vive en mis sueños, por mi infancia feliz, por mi primera biblioteca, por los caminos con álamos, por la zafra de la manzana, por las maravillosas peras y nogales, por las cerezas y las acequias y aquel mundo de trabajadores de esa zafra veraniega, que venían de todo el país, incluso de Chile. El albedrío veraniego del pueblo que producía tanto y sus trabajadores que cobraban bien,
Dejé tanto que volví por ello y escribí sin parar hasta que el libro cobró forma. Y no pensé si era un buen libro, si lo vendería o no, pensé que mi familia y ese lugar mágico de mi infancia lo merecían. Lo escribí sin parar, los recuerdos, aún los más olvidados brotaban. El libro tomó forma y fue la Editorial Vuelta a casa quien lo editó. ( Es otra casualidad? Porque yo quería volver a casa)
Y volví para dejarlo. Para llevarlo y que en su lugar quede para siempre ese trozo de infancia feliz que me regaló mi familia en ese Paraíso llamado Cinco Saltos.
Mi único objetivo era llevar el libro, lo cumplí. Estoy en paz con mis muertos queridos y con la magia que tuvo La Esmeralda y Cinco Saltos.
Gracias Andrés por ser parte de esta quijotada!

