Y cuántos he tenido. Son siempre similares. El agobio del calor, el agobio del dinero, el agobio del año entero. Mañana comenzará el último mes del año y como brotes la gente soplará nuevos sueños, arrinconará nuevas esperanzas y deseará llegar a fin de mes y poder gritar : FELIZ AÑO NUEVO.
Enviarán por Internet saludos a conocidos y desconocidos. Desearán, supongo que de a ratos lo harán de verdad, que todos gocen de buena salud y prosperidad y más…
Último día de noviembre, mañana empezaremos a mendigar que lleguen las ansiadas fiestas. En familia y con muchas fotos. Las Redes estallarán, en pocos días más habrá que ver los árboles navideños. Llenos de nieve extranjera mientras nos ahogamos de calor. Los lechones serán sacados de sus tetas. Los corderos igual. Y aunque el termómetro marque que la temperatura subió al techo, habrá brazas y humo. Asadores alcoholizados antes de hora.
Pero será diciembre mañana. Habrá que vivirlo. Habrá que hacer pensar que una también está a la altura de tantos buenos deseos. Y desear lo mejor… ( qué es lo mejor?)
Se termina hoy este mes que es algo así como la sala de espera, después vendrá el quirófano de diciembre y estallaremos en el parto: nació el 2024!
Quién no se ilusiona y desea lo mejor ante un recién nacido?
Y por unos días hasta nos creemos que así será, le ponemos ganas… después… nada, después la vida sigue.
Pero no quiero adelantarme: aún, hoy, aquí, a esta hora y en esta parte del mundo, estamos pisando las últimas horas de noviembre. Aún en la sala de espera.

