Para cuando acepte que tengo un desgarro en el alma, estaré lejos.
Para cuando libere este llanto eterno que no debería cesar, ya no tendré lágrimas.
No existe peor castigo que verte enferma con la luz y la energía que no tienes, aún así, luchando sin tregua.
No hay en este mundo nada, ni una gota de medicamento que calmen este desasosiego. Mezcla de rabia, angustia e impotencia.
No sirve que diga que quiero estar yo enferma, que quiero entregar los años de vida que me quedan para sanar tu dolor. No. Todo suena tan vacío. Tan despersonalizado.
Cómo se hace cuando una llegó a mi edad y ya tiene estos años, las fuerzas menguadas, y tiene que ver sufrir una enfermedad conocida por, nada menos, su hija menor.
Esa puta insuficiencia renal, la que te hará vivir pendiente de la diálisis hasta que llegue un riñón. Y aún después.
Han cambiado mucho las cosas desde que cuidé a tu padre en diálisis pero sé que esto es de por vida. Sujeta a un horario, una dieta, una medicación y mil detalles más que no te los dicen porque tu batalla será permanente.
Vos sos la que sufre, acá soy solo tu madre. Se me remueven las vísceras, los recuerdos agónicos, la rabia de la impotencia y el no saber, desde dónde ayudar mejor.
Vos darás la batalla y yo, otra vez, sufriré desde afuera, desde mi alma, no pondré mi cuerpo.
Tuvimos las dos ese Aniversario Cósmico: huérfanas de padre a los 15 años. Cuidé tanto a tu padre que los dejé solos a vos y tus hermanos. Lo cuidé tanto que le di un riñón que hoy, tendría que ser para vos.
Mi vida tiene una relación directa con la insuficiencia renal. Por eso me quería morir más joven, no quería verte librar esta batalla.
Pero estoy y no sé bien qué hacer. Ya no soy joven, tengo limitaciones, ya no logro ocultar mi pena, ni sé bien cuál es mi rol.
Perdida. Absolutamente perdida.
Somos fuertes y rescilientes, me dicen. Y hasta cuando hay que resistir sin quejarse? Y hasta qué momento debo seguir siendo la mujer de hierro? Cuándo podré llorar y gritar y mandar a todas y todos a la reverenda mierda?
… hoy estoy callada por vos, para no angustiarte yo más que tu propia enfermedad.
No te enojes si un día de esto estallo y meto la pata. Es mentira que soy de hierro. Hoy me siento de harina, de pluma, de espuma, hoy más que nunca en mi vida, me siento nada.

