La decisión está tomada

Querida hermana, hermosa y lejana, ajena a mis causas unida a mi vida. Ojazos increíbles, sonrisa eterna, manos mágicas, tacos agujas…

Vos eras una alondra, una bruja, un hada y una mujer sexi que nadie supo ver como yo.

Porque cuándo jugábamos, yo jugaba y vos no, tu Tarot era tan certero que ni yo me lo creía. Porque cuando amabas tus manos sanaban. Porque nunca hiciste código de silencio para castigar, hiciste cosas como perdonar y soportar.

Este amor que te tuve, el rencor que me nació y las veces que te perdoné y me abrazaste son tan nuestros como el útero que nos cobijó.

Por eso. Porque no te cerré los ojos. Porque la desaparecida debí ser yo y no vos, que no sé dónde llorarte hermana. Que dejaron tus huesos y ni siquiera me dijeron dónde y eso me cala el alma y es por eso, sí por eso, tengo que escribir tu historia.

Aunque eso tal vez me lleve años: debo hacerlo.

Aunque escriba con este dolor de tripas. Aunque llore sin parar al releer.

Debo hacerlo.

Adiós al blog. Bienvenida a tu, mi, novela.

Quizás no termine nunca

“ Las novelas permiten que me demore en ellas el tiempo necesario para formularme preguntas lo suficientemente importantes y urgentes como para que no me importe entregar a cambio esos años de mi vida.” Hang Kan

He sido y sigo siendo una persona sin paciencia, de la vejez me molesta el que voy más lenta. Tal vez por eso amo el cuento corto, no por estilo, sino por prontitud.

Pero si sigo embarcada en esto de contar tu, mi, historia, no tendré la posibilidad de síntesis. Tengo que hurgar y no soy buena. Hurgar dentro de mí tal vez pueda, pero hurgar por vos, esto es lo más triste, que no puedo hacerlo. Entonces será mera fantasía. Y no quería escribir fantasía.

En nuestras vidas hubo cosas que hoy pueden ser consideradas cuasi fantásticas pero no lo fueron.

Hurguemos a ver si las que recuerdo pueden haber alterado eso que la gente llama destino.

  • Cuando regresamos del amado pueblo de Cinco Saltos, anduvimos muy perdidas al principio. Cuando al fin regresó papá y tuvimos de nuevo nuestra casa solíamos andar casi siempre juntas, a pesar de esos diez años que me llevabas. En ese pueblo del Norte Argentino, existía un cementerio abandonado que me enseñaste a visitar. El cuidador ya te conocía y nos dejaba andar revisando restos macabros. Cajones con más de cien años con cadáveres casi intactos. Cajones violados por vándalos y calaveras sin sus dientes de oro. El señor, también narraba hechos de dudosa credibilidad pero qué pueden suceder en un cementerio abandonado, porque nadie va y nadie realmente puede decir que es lo falso y verdadero. Sobre este hecho puntual me pregunto: desde ahí comenzaste a percibir que tu conexión con los muertos o con el esoterismo eran potentes? Ahí comenzaste a percibir que lo tuyo era otra cosa que el aburrido mundo cotidiano? Y me pregunto sobre mí: cómo no me asustaba? Una niña de nueve años que asistía a un Colegio católico y una familia llena de supersticiones, es raro que no solo te acompañara sino más aún, que no me llenara de pánico y contara adonde íbamos. Ese recuerdo de qué manera labró laberintos en nuestras mentes. Jugar con los muertos no fue ni es usual…
  • Del amor y el sexo que hablamos tan pero tan pocas veces. Es extraño de verdad. Porque tuvimos tantas y tantas horas de charlas y lecturas compartidas. Porque tuvisteis tantos novios de los cuales fui testigo, porque fuiste liberal y no ocultaste tus amantes, porque tuvimos eso de menstruar por primera vez en la misma fecha,con diez años de diferencia, el mismo dos de agosto fecha que falleció nuestra hermana mayor. Causalidades numéricas. Pero además vos siempre fuiste de hablarme mucho de muchas cosas y sin embargo ni yo te pregunté sobre el sexo, ni vos me instruiste. Pero me permitiste leer, muy joven, doce años?, una enciclopedia sobre sexualidad que te habían prestado y donde por suerte descubrí que las mujeres, si nosotras, también gozábamos en la cama. Eso borró un poco los comentarios de las “ obreras laboriosas del cuarto de costura” que, mientras les cebaba mates dulces, se quejaban de sus maridos que las molestaban de noche. Esa enciclopedia, de la que nunca comentamos nada, me adelantó al libro de Johnson & Johnson que me haría leer el novio intelectual que tuve. Pero yo hubiera deseado saber qué te pasaba a vos con el sexo. Eras una mujer apasionada e insatisfecha? Eras una mujer sin prejuicios pero quizás tímida para exigir el placer? Tuviste tan mala suerte en el sexo como en las relaciones personales con tus amores? No pudieron o no supieron hacerte feliz? Fuiste demasiado condescendiente y otorgaste más placer del que te supieron dar? Eso seria importante hoy, para entender tu historia, pero no tengo respuesta. Me creo más mi última pregunta. Vos haciendo feliz, otorgando placer y gozando a veces. Sin reclamos de tu parte. Me quiero creer que en gran parte tus cambios de pareja eran por eso, aunque quien duda que después de tu gigante amante y el desaire de la familia tu autoestima quedó en descenso casi permanente? En fin que… qué pena no hablamos más de sexo! En ese camino quiero creer que te hubiera ayudado. Porque tuve suerte y gocé de una vida saludable en relación a mi sexualidad. Porque me importó mucho y leí todo lo que pude y exigí placer sin vergüenza alguna.
  • Hermano. Es repetitivo pero es que no hablamos casi nunca de él. Por qué? Qué significó para vos ese hermano que acunaste desde niña y que después te hizo pasar momentos de vergüenza en cada baile o frente a tus amigos y amigas? Que te perseguía con preguntas extrañas, que casi mata a papá y solo vos pudiste detenerlo? Qué habrá pasado por tu psiquis saber que el desquiciado, el loco, solo respondía a tu voz para detener sus furias? Tanto dolor callaste que por eso no me acompañaste a enterrarlo en el loquero? Recuerdo mi propia rabia. No podía resignarme a que no estuviera a mi lado. Que no vieras a hermano en su cajón de loco muerto, con cara de hombre tranquilo, algo que jamás habíamos visto en vida. Por qué no fuiste? Te comunicaste con él de otra forma? No pudiste verlo muerto y enterrado entre los locos que, al final, eran más su familia que nosotras. Otra pregunta sin respuesta.
  • Por qué te enamoraste de ese hombre que era medio hermano de mi marido? Por qué te alejaste con él de nosotros y del resto? Por qué hiciste el camino hacia Uruguay sin avisarnos y vivimos por años en el mismo lugar sin que nadie nos acercara? Y yo? Por qué permití que te alejaras sin buscarte? Por qué no te extrañé y necesité como lo hacía cuando era más joven? Tenía a mamá conmigo y por primera vez la veía feliz. Por primerísima vez era mi compinche y no la tuya. Alcanza acaso esa justificación de celos fraternales para años de silencio? No lo creo.
  • Pero el porqué más grande es el de: porqué te transformaste tanto junto a ese hombre y cómo hiciste para, a pesar de esa transformación, crecer en tus dones místicos ? Cómo sucedió? Eso te salvó o por el contrario, te hizo saber cuál sería el verdadero final?

Contéstame esta noche en una pesadilla cruel que me traiga tus ojos, que me traiga tu sonrisa, que me acune en tu voz leyendo poemas… contéstame por favor o no podré avanzar..,

2018: ya te escribía

Mi hermana

tenía una mirada tan clara

que podía congelarte

o te alegraba la vida

según cómo te miraba…

Mi hermana puso en mis manos

un mundo lleno de libros 

un universo de lecturas,

y cuando era pequeña 

me leía  por las noches

sus novelas y poemas…

A veces no entendía de qué hablaban

si había que reír o llorar

lo hacía por solidaridad,

( no por comprensión lectora).

En ese tiempo de Infancia mi hermana 

era casi mi madre

me cuidaba y me mimaba

me leía y protegía.

Después…

la vida nos fue llevando 

los rumbos, nos alejamos.

Pero en algunos encuentros fugaces,

volví  a reír de su mirada,

volví a leer con ella pero al revés 

yo en voz alta y ella, oyéndome. 

Mi hermana es un recuerdo

que aún llevo en mi propia mirada

vuelvo una y otra vez a nombrarla.

Y en este empecinado vivir

me he quedado tan sola sin ella que

la retomo cada vez que me brotan

las palabras.

Tuve que regresar a este escrito para solucionar esto.

Esto es: qué estoy escribiendo? Para quién y porqué?

Es una pérdida total de tiempo?

Es una justificación?

Es un intento de reconciliación con la vida que pudimos vivir?

Es una terapia casera que me inventé para traer tantos recuerdos a la luz?

No tengo idea. Sé que hace mucho te escribo…

Pequeñeces

«Cuando uno está rodeado de tinieblas, la única alternativa es permanecer inmóvil hasta que sus ojos se acostumbren a la oscuridad» – (del libro Tokio Blues) HARUKI MURAKAMI

Pequeña era tu niña, pequeño era el mío. Pasaba la vida como por el costado nuestro. Mamá recobró un poco de su felicidad con los nietos. La casa de la abuela siguió siendo la referencia obligada.

La tía nueva rica les enviaba cada día más manteles, servilletas y pastas caseras para hacer.

Estoy aquí hoy, en ese antiguo restaurante re inaugurado cinco veces. Cuando tenía doce años vinimos a su inauguración con un italiano casi millonario que había contratado a papá y nos invitó a toda la familia. Sin hermano. Él ya estaría en una de esas jaulas para locos que le conseguíamos. Aquí estoy. Mirando las enormes diferencias y no solo las físicas.

Este restaurante en su tiempo fue el de mejor nivel. Nosotros pudimos acceder a un almuerzo porque el italiano que contrató a papá era un gran empresario. Muchas cosas que tuvimos, lo narro en mi libro sobre los dos años en Cinco Saltos, fueron porque papá trabajó para grandes empresas. Y vivimos como si de verdad perteneciéramos a esa clase social que no era la nuestra. Por eso cuando papá se enfermó, cuando quisiste transformar la casa en un negocio próspero y después, la deuda contraída terminó con la vida de papá, la caída fue estrepitosa.

Vos habrás sufrido mucho más. Te debes de haber sentido culpable o responsable. En mi adolescencia llena de egoísmo y con la cabeza puesta en mil cosas, lo pensé mucho después y recién me animo a escribirlo.

Acá, sentada con mi marido en aquel antiguo restaurante de pueblo, ahora me lo puedo pagar y no es ni la sombra de lo que fue. Nos pienso.

No sé escribir novelas y por eso: como sigo la parte intrincada del relato donde con dos hermanos aparecemos por diferentes caminos y motivos en Uruguay? Como se cuenta eso sin caer en contar verdades crudas y mirar desde la distancia el horror, la vida en llagas y se narra como simple escritora?

En una hora veré a la única tía viva, veré una parte de la vieja casona de la abuela, veré algunas calles reconocibles, el Colegio, las plazas. Veré con estos ojos que escrutan en el tiempo el recuerdo de quienes fuimos y por qué no pudimos ser otra cosa.

Sentiré como ahora, mal sabor en la comida, pesadumbre para caminar las calles, agonía para cruzar el río y después, la intrincada realidad de enfrentar la pantalla para pretender la historia. A veces creo que soy arrogante. Esta historia recién comienza y los ribetes más trágicos no sé cómo los contaré y nadie en este mundo los debería leer.

  • Vas a contar la intimidad verdadera de tu familia, pregunta mi marido.
  • O cuento la verdad o no cuento nada.
  • No podrás contar solo un poco, murmura, hay gente viva aún.
  • Mi familia no me lee, argumento.
  • Y si justo este lo publicas y lo leen?
  • Es la verdad…y no sé si es para publicar.

Así vamos pisando veredas que en aquellos años pisé muchas veces a tu lado. La del correo, por favor, la más conocida. Cuantas cartas podía escribir mi hermana? Con su letra redondita y faltas de ortografía? Pero cartas convincentes: las respuestas lo demostraron.

Tal vez querida, este lugar que ocupo debió ser el tuyo y el mío, debió ser, desaparecer. Cuando me encapucharon y encerraron en el año 78, debí desaparecer y tal vez hoy, estarías vos escribiendo la historia y tendrías mejores respuestas.

Por ahora me resigno y aunque parezca mentira subo los siete grandes escalones de la casa de la abuela. Voy a visitar la única tía viva. Si puedo hablaré de esos tiempos duros. A veces ella, no solo me sigue, sino que aporta mejoras a mi memoria.

Cipolletti en el horizonte

“ La escritura es una forma de autoconocimiento, un viaje hacia tu propia verdad y autenticidad.” Virginia Wolf

Literoterapia llamaron a ciertas tendencias, creo que comenzó en Inglaterra, donde los terapeutas aconsejaron lecturas literarias y escrituras para paliar ciertas condiciones ligadas a la ansiedad, depresión y algunas otras. No son psicólogas o psicólogos que escriben literatura, no es autoayuda. Es la liberación de traumas, dolores, recuerdos, a través de una técnica literaria libre.

Estoy haciendo eso? Tú muerte me dolió tanto, me resultó tan injusta, tal vez más que el resto de nuestra familia porque éramos las dos que quedábamos. Y porque sobre el final de tu vida, cuando aún no sabía lo cerca que estaba ese final, logramos volver a vivir juntas, reírnos, compartir tus dones místicos, compartir la misma casa, los mates del desayuno…

Como en aquella época donde antes que regresara papá se terminó el teatro y tu noviazgo. Y ya no hubo sosiego en casa. A pesar de que las monjas, ese año, me entregaron aquella medalla al mejor promedio. Fuiste mi única acompañante , mamá no pudo levantarse ese día. Maquillaste tu tristeza y fuiste conmigo, me abrazaste y felicitaste. Gracias hasta hoy.

Pero cómo fue que después del actor y director de teatro, del que estoy convencida te enamoraste, apareció aquel hombre mayor y te pusiste de novia- amante de él? Era mayor, era casado, según él separado, medía más de dos metros y pesaba más de doscientos quilos. Un disparate. Viajero, representante, con buen vivir. No puedo recordar quién o cómo apareció ese personaje nefasto a tu vida. Marcó tu primera gran equivocación? No sé, pero tu autoestima debió sufrir mucho porque no logré verte feliz nunca más. Pero lo disimulaste muy bien.

Mi rechazo hacia su persona, que debió ser en esa edad, más que nada visual, se terminó con algunas charlas sobre música. Era un hombre culto, lector, amable. Pero era casado: recordamos lo que era vivir con un hombre casado a fines de los 60?

Trangresora y audaz tu solución a nuestras vidas. Tal vez fue tu única alternativa a salir del amor por el actor y al teatro. Quizás no pensaste, o no pudiste darte cuenta, la influencia que tendría un par de años después en nuestra vida. En la familia entera.

Puede ser que mi recuerdo sea muy duro y vos podías enamorarte de nuevo con total inocencia e intensidad. El amor en mi vida era una pregunta y muchas novelas, no me había tocado para nada.

  • Nos vamos a vivir a Cipolletti- anunció papá cuando regresó- Recogemos a tu hermano en Buenos Aires, nos vamos. Me dieron otra chacra y la compañía como en Cinco Saltos. La casa es muy linda. Necesitamos estar juntos y ver cómo marcha nuestro hijo.
  • Y el Colegio?
  • Todo eso se soluciona- terminante papá y nadie lo discutió. Éramos tres mujeres solas, una madre deprimida, una hermana mayor que había perdido sus amores e iniciaba uno muy criticado, una niña púber con notas excelentes que estudiaba también guitarra y canto, más perdida que las otras dos en el acontecer diario. Nos íbamos de nuevo al Sur. Llorando nos fuimos, volveríamos pronto, no lo sabíamos y no fue, para nada la hermosa experiencia de Cinco Saltos.
  • Recuerdo ese viaje… lo más triste de esa pubertad que recién comenzaba.

El teatro y la esquizofrenia

“ Escribo para entretener a la niña que fui.”

Astrid Lindren

Cité esta frase porque en mi caso además, entretengo a la mujer mayor que soy ahora. Y mi falta de respeto se debe a seguir transgresora, como casi toda mi vida. También te debo esa noble cualidad.

“ Las de enfrente” de Federico Martens, fue tu primera obra. No eras la actriz principal pero sí tenías un buen papel. Nuestra tía, la modista que cosía tan bien, te hizo uno de los trajes. Nunca pudo hacerte el traje que soñaste, el blanco de novia, pero colaboró mucho en tu vestuario artístico. Esa obra fue la primera y si bien estuvo poco tiempo en la cartelera del teatro, te hizo estudiar, practicar y lograste tu objetivo. Una compañía ya firmada te buscó.

En ese tiempo alguien que no recuerdo su nombre, un autor de Entre Ríos, escribió el libro: Yo voy más lejos. El famoso palacio de San Carlos de la ciudad de Concordia, era el escenario. El romance entre el noble que vino a radicarse y trajo una hermosa mujer, supuestamente una cortesana parisina, era la trama principal. En ese palacio, hoy en ruinas, se alojó nada menos que Saint Exupery. Pero eso no lo tuvo en cuenta este autor.

Adaptaron el libro a guion radial y luego teatral. Éxito asegurado: por primera vez la ciudad sentía esa emoción de tener, aunque en ruinas, una historia, un lugar, un castillo, una historia de amor ahí, en el lugar donde habitaban. Las personas son posesivas hasta de cosas que tal vez jamás tuvieron en cuenta. Pero también les entra eso de ser locatarios: era la historia de cada uno de los habitantes de aquella ciudad.

Aquí también tuve que acompañarte. Y cuando comenzaste, debut de primera actriz, qué importaba si tu personaje era una francesa suelta de cascos, importaba ser la “ prima donna”.

Creo que no quedó concordiense sin ver la obra. Creo que fue tu mejor momento no solo a reinar en la familia sino, te llegó tu primer gran amor. El primer actor, unos diez años mayor que vos, era actor de experiencia. Alto, agradable, varonil y muy atractivo. Como pareja en el escenario lucían espléndidos. Pero se enamoraron. O tal vez él sólo jugó. A mí me encantaba verlos.

Fue la primera vez que escuché eso de: va a pedir mi mano, que sólo había leído en alguna novela. O sea que esperaría a papá para que autorizara el noviazgo formal. De todos modos mamá hacía concesiones y toda la familia supo que además de brillar en el escenario, estabas por fin, ennoviada formalmente.

Y todos felices. Menos nuestro hermano que comenzó a oír no sé qué voces y de las convulsiones saltó a una esquizofrenia paranoica que nos descalabró la vida.

Comenzó a amenazarnos de muerte. A mamá y a mí, guardaba y escondía armas como cuchillos, el rifle e incluso, el revólver de papá que jamás se utilizó en casa. Empezó la época del terror. Era impredecible. Podía estar todo el día en su mundo sin hablar y de golpe, en la noche, venía gritando con un cuchillo en la mano.

Cuando papá no estaba yo dormía con mamá. Siempre iba a ese dormitorio, nunca al tuyo.

Muchas veces las tías oían los gritos y cruzaban la calle, los vecinos también, hasta que una noche, era muy tarde, vos lo detuviste con un grito. Él te respetó. Después hablaste horas con él en la cocina, Le hiciste tomar la medicación y se fue a dormir tranquilo.

Confieso que tuve tanta rabia… no sólo estabas de novia y eras como la Meg de Mujercitas, te ibas a casar y a ir de casa, eras primera actriz, y te hacían notas en los diarios, además de eso nuestro hermano te obedecía y se había olvidado que yo era su hermana pequeña.

Después de ese día comenzó el peregrinaje de mamá por cuanto especialista había. Terminaría en la capital, donde se encontró con papá para determinar qué hacer con su vida, que también era la nuestra.

Fue esa época de vagar en un claro oscuro permanente. Como si la esquizofrenia nos afectara a toda la familia. Nosotras no oíamos voces pero la inestabilidad familiar era durísima.

Papá regresó a su trabajo en el Sur y mamá regresó sola. Su único hijo varón quedó internado en una Clínica especializada en la capital. Una clínica costosa donde le aseguraron que en unos meses saldría un muchacho calmado, diferente. Y se lo creyeron. Nosotras también.

Mamá cayó en una profunda depresión, según ella era su hígado que funcionaba mal. Hubo muchos días que no salió de la cama. O sólo cruzaba la calle para ver a su madre y sus hermanas.

Pero la vida, tu noviazgo, tu teatro seguían y por mi parte, interesada desde pequeña en la ópera, encontré un compañero tuyo que me inició en el camino de la vocalización y el canto. Hasta comencé a cantar en el coro del Colegio. Y también comencé a estudiar música y guitarra.

Era un vivir para tantas cosas! Había que tapar el hueco del hermano loco. De la Clínica psiquiátrica. Había que consolar a mamá y levantarla. Había que esperar a papá para anunciar tu compromiso y había que estudiar, cantar, aprender teoría y solfeo, cantar, ayudar con tus guiones de teatro, cantar, cocinar y hacer tareas en la casa, cantar, escribir cartas y seguir cantando, preparar mis primeros cuatrimestrales y cantar.

“ Si se calla el cantor”, entonaba en el folclore argentino Horacio Guaraní. Nunca estuve más cerca de no callarme más. Y comencé mi propio sueño de “ prima dona”, pero de ópera. Un sueño que duró casi dos años y lo sacó de su lugar otro, la medicina y luego, la literatura.

Mientras la obra: “ Yo voy más lejos”, recorría los interminables caminos de Entre Ríos y vos seguías enamorada y actuando cada día mejor, la oscuridad iba anunciándose.

Vos la viste venir? Yo era muy chica y estaba tan inmersa en estudios y cantos que no pude ver el principio del final. Me escapé y seguí con un poco de felicidad a cuestas.

Cómo lo viviste vos? Hermana, madre, actriz, cocinera, enamorada, planchadora, ama total de la casa y animadora del humor de mamá?

Vos jamás negaste esa sonrisa radiante a nadie. No sé cómo hubiera sido no tenerte en aquella época fatal…

Contarte es contarme?

«¿Cuántas veces contamos la historia de nuestra vida? ¿Cuántas veces la adaptamos, la embellecemos, introducimos astutos cortes? Y cuanto más se alarga la vida, menos personas nos rodean para rebatir nuestro relato, para recordarnos que nuestra vida no es nuestra, sino sólo la historia que hemos contado de ella. Contado a otros, pero, sobre todo, a nosotros mismos».

 Julian Barnes

(«El sentido de un final»)

Te he escrito y disfrazado montones de veces. Y ahora que tu muerte es un punto lejano, no por eso menos doloroso, tengo que desnudarte. Tengo ese derecho?

Ahí estaba yo en la Radio de nuestro pueblo, mirando asombrada como aquel locutor que amaban las obreras costureras, madre, tías, primas e incluyo abuela, era un señor casi pelado, algo gordito, con un bigote ridículo y una voz hermosa. El otro, el principal de la novela, que lanzaba sobre el micrófono una voz de terciopelo era un hombre delgado, alto, desgarbado, desprolijo en su vestir, altisonante con su voz de terciopelo. Qué risa. No había nadie allí, nadie, siquiera como la mitad que imaginamos.

Y también estaba esa fábrica de sonidos, un montón de instrumentos desconocidos que ofrecían vientos, pasos, carretas, puertas que crujen y otros y otros. No sé si me quedó algo por inspeccionar.

Sin dudas eras la más joven y atractiva. Leías bien, si lo sabría yo que fui alimentada por tus lecturas y aún te escuchaba en las noches. Pero cuando ibas a la Radio y te acompañaba, te escuchaba atenta porque de noche, te ayudaba con los diálogos. Te escuchaba con miedo a que te equivocaras ( o con deseos que lo hicieras?)

  • No cuentes en la casa de la abuela como son las personas del radio teatro, lo importante son sus voces y su interpretación.

Qué feliz fui cuando te desobedecí, cuando me reí a carcajadas y conté lo que había visto. Odiaba a las obreras de las agujas, odiaba que me pusieran a cebar mate porque era incapaz de hacer nada útil en aquel taller. Y disfruté arruinarles el romance con la Radio.

Sacudiste tu cabeza bien peinada. No dijiste nada. Esa noche repetimos tu libreto cuatro, cinco veces. Te salía mal, decías, linda forma de castigarme.

Por suerte el director del radio teatro te aconsejó un grupo de teatro que comenzaba sus primeros pasos. Allá fuimos. Allá te aceptaron.

  • Eso, dijo mamá, hay que consultarlo con tu padre.
  • Por qué?
  • El teatro es otra cosa…( cuál sería la diferencia), y si hay ensayos de noche, la nena (yo) no te puede acompañar.

Y esa noche, además de ensayar uno de tus últimos capítulos para la Radio, ensayamos la forma de hablar con papá.

Era invierno y teníamos a papá en casa, época de citrus, así que al otro día lanzaste la bomba en la mesa del comedor. Llegué tarde, el Colegio tenia más horas que las Escuelas Públicas.

Papá, serio más que de costumbre, negaba con la cabeza. Mamá insistió que él era en parte culpable: a qué llevarnos a la ópera y al teatro cuando íbamos a visitar a la abuela paterna en capital?

Tres o cuatro días dijo que no papá. Mamá te ayudó. Siempre lo hacía. Y así fue como pasaste a ser actriz de teatro. Y así fue como agilicé mi memoria para ayudarte con los libretos y así fue como un día, once años tendría, descubrieron mi buena memoria y facilidad de lectura, me dieron algunas veces, el oficio de apuntador. Descubrimiento que me hizo bastante feliz.

  • No quiero que pase leyendo teatro, dijo mamá, tiene buenas notas. Ella tiene que estudiar.

Ella tiene que estudiar. Por qué yo sí y ella no? En ese momento no lo pensé. Dupliqué mi esfuerzo y creo que dormí muy poco hasta que la obra se estrenó.

Cuando lo hiciste te vi radiante, te vi inmensa, te vi como nunca te había visto y me contagiaste la sonrisa y el aplauso que recibiste, también fue mío.

Amor fraterno, celos fraternos. Acaso no se trata de eso tener una hermana?

Tu felicidad y tus estudios avanzaban, mis notas brillantes de fin de año pasaron casi desapercibidas, así lo sentí entonces, papá tenía que ir otra vez al Sur y nuestro hermano desmejoraba cada día. Había comenzado a convulsionar. Mamá se dedicaba a él casi todo el tiempo.

Empezaba la educación secundaria y tenía miedo, pero tu carrera actoral, la enfermedad de nuestro hermano y la lejanía de papá, quitó importancia al hecho de comenzar secundaria con tan poca edad.

Aún quedaban los mejores y los peores días…

Ironía que no tengo

Me haría falta escribir irónica, hasta sarcástica, pero no sería fiel a la forma en que me salen los textos. En este caso no sé ni siquiera si me saldrá. Le he escrito a muchos muertos que amo, pero esto es diferente porque tengo que traerte y ser irónica, cuando la vida lo fue, estoy segura, no podré.

Después de aquellos meses en la Capital regresaste. Como siempre que descubrías algo, feliz y agradecida. Exaltada por tus descubrimientos, seguro alentada por la prima mayor, de cómo hacer dinero con un trabajo sencillo.

Vos hacías todo lo que una mujer de esa época tenía que hacer: coser, cocinar, bordar, limpiar, y abrir la puerta para ir a jugar, eso último era lo que molestaba más. Entonces buscaste trabajo y un periódico local, tendría cuatro o seis páginas, te dio tu columna. No era de chismes, no, era la página cultural. Confieso no guardar recuerdos. No debo haberte leído nunca. Pero en casa se pusieron algo felices, los chismes sobre tu personalidad extravertida y demasiado simpática, bajaron un nivel.

Redacté una vez lo que significaban los radio teatros en la casona de la abuela:

Radio teatros
La radio del taller de costura, en la casa de mi abuela, estaba siempre encendida y las novelas, radio teatros, se sucedían regularmente. Desde las primeras horas de la tarde hasta llegada la noche.
Mi tía podía seguir más de ocho novelas diarias sin interrumpir su labor de artesana y modista. Cuando el trabajo la desbordaba acudían las hermanas a ayudarla.
Casamientos o fiestas de alto porte demandaban manos extras para finalizar infinitas puntadas.
La tía explicaba antes de cada episodio el resumen del mismo. Y cuando la cortina musical lo anunciaba, las agujas laboriosas trabajaban en silencio. Curiosa por aquellos dramas radiales me acercaba y cebaba mate.
Un mundo de amores y desdenes con fondos musicales caían en mi imaginación casi infantil. Amaba, odiaba, me ponía triste con la ayuda de esas voces. Y lo mejor era el después: comentarios obligados de lo que sucedería en el próximo capítulo.
Los radio teatros como las fotonovelas descansan en el rincón de los olvidos. Hoy quería contar como pasábamos las tardes largas, sin prisas, ni aburrimiento. La voz era nuestra compañía. La imaginación, la aliada.

Y fue por aquellos tiempos cuando aún intentaba adaptarme al Colegio Católico que te presentaste, ahí en la casa de la abuela, un día de obreras de la aguja, con tus ojos enormes y grises, brillando de emoción y dijiste:

  • Voy a hacer un radio teatro! – sonreías- me contrataron.
  • Y el diario?- preguntó mamá
  • Me pagan mejor y me gusta mucho más- dijiste con esa seguridad tuya que nadie creía- desde el lunes, me van a tener que escuchar.

No sé cómo siguió la charla, todas hablaban a la vez, vos volvías a ser la nieta Reina, una verdadera artista de radio teatros.

Otra vez te iba a acompañar para grabar. Eso sentenció mamá y era imposible decir no. O preguntar porqué no iba mi hermano que era mayor y era hombre. Su enfermedad iba en aumento y ya mostraba signos notorios.

Otra vez, como en Cinco Saltos, iba a acompañarte pero esta vez no era por un novio. Era para sumergirte, sumergirme, en el mundo ficcional que eran los radio teatros.

Después vendría el teatro. Y para una niña de nueve, diez y once años fue cultura por inmersión fraterna.

Qué ironía: marcar la huella y no transitarla.

Tener el talento y no disfrutarlo.

En cambio yo…