Un laberinto de palabras

Un estrecho camino…
Un regreso por veredas rotas, crujientes,
una mirada que busca y no encuentra y de pronto… te presiento y se me acaba el gris.

Rompo dos o tres ventanas, juego con un perro callejero, recojo frutas de un árbol, me interno en el silencio de la tarde… Te pienso y sé, sin dudarlo, me estás pensando.
Millones de energías invisibles atraviesan la tarde de verano. Quiero huir y no puedo. Tiemblo y el perro callejero ladra a mi lado, se eriza de miedo. Es mi propio miedo.
Regreso por el laberinto buscando perderme y por primera vez encuentro la salida sin esfuerzo.. te veo esperándome, como antes, como siempre… me tiendes la mano y caminamos en silencio. Todo regresa a su lugar.