Mujer pensante
Cuando vos pones la mirada en ese compás de espera o perdida y sin rumbo, ni triste, ni alegre, más bien buscando…
Sé que hurgas ficciones o tal vez, recuerdos y otras veces, dialogas con vos misma sobre la existencia.
En un laberinto de pensamientos que muchas veces deseas ir a escribir, muchas veces lo haces, otras, lo desestimas.
Conviene no sacarte de tu abismo interno. Conviene dejarte que te vayas y regreses cuando y como puedas. A veces incluso vale la pena la espera, porque comenzarás a contar el último libro que deberías escribir.
Entonces te dejo. Libre y profunda en tu red de laberintos, espejos, resolanas, adioses y encuentros, es un buen sitio para vos. Tal vez el único donde realmente sos libre. O donde te permitís regresar a la infancia. O de autorizas ficciones y maravillas.
Es cierto que te conozco tanto que por el brillo de tus ojos, a veces puedo adivinar que andas atrás de un recuerdo doloroso, también me doy cuenta por la lejanía de tu ser, que te estás metiendo en el mundo de los fantasmas o las fantasías que, en tu caso, pueden ser la misma cosa.
“ Nos dedicábamos al placer de pensar”, dijo en alguna lejana entrevista Borges. Se te grabó. El placer de pensar te busca, te anida, te aleja y después, te regresa como liviana de equipaje.
Sigue elucubrando más allá de nosotros, más allá de lo cotidiano, más allá de vos misma.
Te sanas y regalas. Existe mejor receta?
