Es una especie de tela de araña fuerte, irrompible y a su vez, invisible.
Te cuesta imaginar que exista algo así. Porque es parte de un mundo de magia o de imposibles que nos enseñaron a negar.
La intuición, fuerte, presente, la que heredaste y la propia hacen su trabajo. Y te gana antes de notarlo, la seguís sin sentir que vas tejiendo la red invisible de tu vida y la de otras, otros, que vas marcando de forma invisible lo que luego llamarás, destino.
Finalmente está tu subconsciente, ese otro que también teje desde allí, tu propio cielo o infierno.
Estamos todas y todos repletos de señales, guías, advertencias, caminos y tejidos que sin darnos cuenta, usamos, desoímos, tal vez hasta despreciamos y otras veces, abrazamos. Están, de todos modos, están.
Es verdad que hay más cosas entre el cielo y la tierra que las que una pueda imaginar, lo dijo Shakespeare y no se equivocó. Es solo que ante tanta ciencia, tecnología y supuestos futuristas, creemos que ya no hay más.
Siempre habrá más, mucho más que lo que podamos imaginar.
Es una finísima y fuerte red tejida por miles de generaciones que ni siquiera sabemos dónde termina para atrás y menos aún, cuánto seguirá hacia adelante.
Cuanta gente detrás tuyo tejió lo que eres hoy, cuantos hombres, mujeres, jóvenes y niños o niñas, vivieron y murieron para estar escribiendo esta estupidez yo desde aquí, vos leyendo desde ahí..
Aún así, somos soberbios y nos creemos artífices de nuestros destinos y creadores gracias a nosotros mismos. No. Para este hoy mío o tuyo, otras y otros pelearon sus propias batallas y tejieron estas redes. Infinitas e invisibles que muchos llaman destino.

Muy bueno.
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