Que no puedo intentar no relatar ficciones. De un hecho puntual puedo y creo que debo, ficcionar…(verbo que existe persuasivo solo en mí cabeza.).
De otro hecho, ya con ficciones , tengo que seguir aventurándome más. Y por eso supongo que jamás escribiré una novela.
Me gustan los relatos breves, incluso los que parecen no finalizar. Es mi forma de imaginar que juego con la ficción del lector. Y sé que no habrá dos iguales. Eso me entusiasma.
No sé si me gusta escribir o intentar que la persona que me lee entienda lo que se le antoje. Escribo cada día y me sorprende no saber cómo y cuándo terminará el relato. Me crea una especie de excitación mental ignorar el final de lo que escribo. Y otro, aún mayor, qué entenderá el que lee.
No me gusta que me “encarguen” un tema, aunque sí lo haya hecho por desafío, pero sin placer. Y al final descubro que esa excitación mental, ese placer que me despierta escribir como y lo que quiero, es igual a como leo: cómo , cuándo y dónde quiero.
Lo mío debe de ser por puro reflejo a desafiar las reglas. Me gusta leer el final del libro, lo leo salteado, leo varios a la vez e incluso a veces, se me enredan los personajes y eso me causa el placer de reírme de mí misma.
Desde niña aprendí que hablarme en voz alta es muy saludable, aunque no siempre me estoy escuchando, pero aún más saludable es reírme de mí. Como la literatura parece seguir siendo una cosa para gente seria, me gustan más los libros para niños y jóvenes. Ahí manipulo a mi antojo el placer del disparate y los relatos breves.
Y esta reflexión que la estoy haciendo en voz alta y la transcribo es porque me sigue asombrando que alguien, sin ser los miles de niños y niñas que me han leído, sí, que algunas personas piensen que escribo bien, medianamente bien, o incluso que les guste.
A las niñas y niños que me siguen leyendo les creo, porque si se quedan en silencio escuchando o se ríen a carcajadas, son seres incapaces de mentirme cuando me reciben como escritora.
Nunca sé si obtuve el título y quién lo otorga. Me gusta, me apasiona escribir, pero no sigo muchas reglas y suelo transgredir permanentemente ( ese mente es una transgresión porque sí).
Tengo siempre muchos libros empezados al lado de mi cama y otros tantos bailando como proyectos de escritura en mi cabeza y en mi computadora. Tendré que ser paciente, una asignatura pendiente para mí: la paciencia, pero tendré que serlo para ver quién le gana a quién: la ficción a la vida o al revés, la vida a la ficción.

Muy buena reflexión, típico de María Luisa.
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