Querida:
Si continuó este delirio no puedo hacerlo de un solo lado. Desde el mío y el tuyo pero ese tuyo, también es mío. Mi concepto y mis recuerdos, mis vivencias, compartir mis emociones.
Me puse a pensar en “ellos”, mi marido, tu marido, dos uruguayos hermanos solo por parte de madre. Dos historias que en un momento de nuestras vidas ocasionaron lo que nos quedaba por delante.
A partir de mi exilio político y tu lejanía, que después supe era una distancia corta, vivíamos muy cerca pero no nos veíamos, nuestras vidas de hermanas pasó a ser la de estos hombres más que la nuestra.
Y para explicar algunos motivos que podrían aclarar esas razones debo meterme en la parte de sus historias que conozco. Otra vez caigo en mi propia versión de lo que me contaron y recuerdo.
Hubo mucho machismo acatado de nuestra parte. Ellos tal vez tenían razones para estar separados. No tuvieron una familia como la nuestra, ni una madre como la nuestra. Dos padres diferentes uno, el padre de mi marido, abandónico. El otro, el de tu marido, cruel, abusador y alcohólico. Una madre que cambió de marido muy rápido, antes que la dejara el primero ya tenía el segundo, antes de que se fuera el segundo ya tenía el tercero.
Sus vidas fueron tan diferentes. Sus vivencias de niños siempre hundidos en la pobreza, con una familia de dos apellidos con tres hijos de un padre y tres de otro, un tercer marido mucho más joven que la madre, creo que los marcó de una manera de la que no pudieron escapar.
No puedo o no debería obviar porque por esa forma cruel de vida que tuvieron, cuando se encontraron con nosotras a los dos, de una u otra forma, les condicionó el comportamiento.
He decidido parar estas cartas para ver cómo narro la vida de estos hombres que siendo hermanos de útero, vos entenderías porque no pongo de madre, tuvieron sin embargo una hermandad tardía que al final, nosotras de por medio y sin culpa alguna, se separaron para siempre.
Tengo que completar la historia y no sé si estoy lista.
