El olvido que no seremos

“No son los males violentos los que nos marcan, sino los males sordos, los insistentes, los tolerables, aquellos que forman parte de nuestra rutina y nos minan meticulosamente como el tiempo”.

-Emil Cioran

Hubo de esos momentos terribles. Con hermano, muchos, su esquizofrenia paranoica nunca comprendidas. Hubo momentos duros cuando en mi querer cambiar el mundo, la vida o la realidad, me llevaron detenida y angustié a mi madre, a vos. Hubo también momentos tan crueles como la muerte de papá, vos tenías 25 pero yo, apenas 15. Y salir a mendigar para pagar la hipoteca…

Cuando mamá estaba entrando en coma, estábamos las dos a su lado y la tía, la que aún vive y es mi madrina, de pronto mamá se sentó, abrió los ojos y sin ver nada, dijo fuerte y claro:

  • Ahora sí, me muero.

Y se acostó, se durmió y poco a poco en cinco o seis horas más, el corazón fue parando. No sé qué vio, no sé que sintió para declarar fuerte que ese era el momento.

Hubo otros momentos duros, ásperos, difíciles de digerir. Una madrugada, cerca de las 2 am tu hija llamó desde la Seccional Policial del menor y pidió por mi marido. A las cinco o seis de la mañana la trajo a casa.

  • Mañana tenemos que hablar con el Juez de menores, ese hijo de puta, mi medio hermano, la acosa hace tiempo. No sé qué tiene tu hermana en la cabeza que no lo saca a patadas de la casa…

No, no sabía después de tantos años cómo funcionaba tu pensamiento. Qué hacías. Porqué permitías esa aberración. Qué había sucedido. Primero debí de tomar juramento a mi marido que no iría a buscar a su medio hermano. Haríamos las cosas bien.

Se pueden hacer ese tipo de cosas bien? No sé. Por mi parte hice todo lo que dijo el Juez: mi sobrina, tu hija, tenía que ir a psiquiatra infantil, al médico, recomponerse en un ambiente tranquilo y yo firmé que me haría cargo de todo eso. Mi momento fatal, no debí hacer nada sin sentarme a hablar con vos.

Creo que vos necesitabas más tratamiento que ella. Pero hacía tanto tiempo que éramos casi dos extrañas. Que ni te consulté. Me hice cargo. Otra vez dejé que la influencia masculina me dictara qué hacer, no lo pensé bien.

Cómo hacerme cargo con un hijo de 14 años, otro de 4 y una niña de 3? Y un marido en diálisis? Yo no estaba en la plenitud de mi vida como madre, como mujer. Estaba perdida entre aprender a ser madre, cuidar un hombre enfermo y trabajar su negocio para mantener nuestra economía que disminuía. Porque por aquellos años, tuvimos que pagar varias diálisis antes de que pudiera hacerse a través de la mutualista. Y nos desequilibró económicamente. Era muy caro hace más de 30 años, pagar diálisis tres veces por semana.

Pero mi sobrina era una hermana mayor para mis hijos chicos. El trabajo más grande era llevarla a terapia, al médico y tratar de ver si al año siguiente, encaraba estudiar otra vez.

Mientras todo eso sucedía vos tampoco me llamaste. Tampoco buscaste la forma de ver a tu hija. Qué horror! Era normal que yo me hiciera cargo y vos te desentendieras? Era normal no contarte lo que me dijeron el psiquiatra y el médico?

Solución que encontramos: nos fuimos todos un mes de enero completo a la playa. Bellísima solución sin solución.

La playa, el mar, los paseos, la felicidad de un enero lleno de sol. A pesar de la diálisis. Estuvimos como una familia durante casi un mes, hasta el golpe. Mi marido sufrió una terrible des compensación y tuvimos qué regresar.

Hoy, después de tantos años me preguntó cómo lo hice, cuatro chicos atrás, conduciendo el auto con mi marido adormilado y dolorido a mi lado. Le inyecté yo mismas dos calmantes en el trayecto. En el camino también fui hablando con sus médicos, nos estaban esperando e inmediatamente lo atendieron. Lo mío era ver quien se quedaba en la casa. En el negocio. En el sanatorio: mi marido empeoraba con diagnóstico de cáncer de colon y había que operarlo casi inmediatamente.

Y fueron dos meses de internación para mí también. Mientras él se batía a duelos con la muerte procuraba estar a su lado. Me perdí el inicio de las clases, qué comían en casa, cómo iba pagando las cuentas. Me olvidé de todo: quería salvarlo de una muerte que parecía segura.

Un día mientras estaba en el Sanatorio y mis hijos en la Escuela fuiste a casa y te llevaste tu hija. No sé si hablaron antes. Si ya estaban en contacto. Pero mi furia fue tan grande que no logré controlarla.

Entré en tu casa sin golpear. Cocinabas algo y me miraste como diciendo: estaba esperando qué llegaras. Te dije todo lo que pude. Escupí palabras. De lo que pasó: como permitías a tu marido toquetear, acosar a tu propia hija? Porqué la sacaste de mi casa sin aviso? Y mi firma ante el Juez? Y el tratamiento con el psiquiatra? Qué ibas a hacer?

Nada. Seguiste cocinando. Una media sonrisa o una mueca. No sé, hermana, nunca supe. Grité por mí, que también fui una niña acosada por un tío, por vos que acusaste a otro tío, grité porque mi marido se estaba muriendo y no tenía fuerzas para obligarte a ocuparte de lo que tenías que ocuparte. Grité porque en ese momento, mucho más que en cualquier otro, deseé que fueras mi hermana mayor, aquella que había tenido . Vergüenza, rabia, indignación y un profundo cansancio.

Cuando dije: no sos más mi hermana, me lo creí. Me fui llorando y con un silencio total de tu parte. Ni me hablaste.

Y después de algunos años, mi marido, que se salvó esa y otras veces de la muerte, nos volvió a unir, cuando supo que finalmente su medio hermano ya no estaba en tu vida,

4 comentarios sobre “El olvido que no seremos

  1. Malu, estás desnudando tu vida y veo más tristezas que alegrías. Cosas que quedaron sin responder, es terrible cuando esa persona que dejó una huella muy grande en ti, ya no está. Me pregunto qué pasó con tu sobrina, pudo superar todo?

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