“El tiempo no es lineal, es un círculo infinito que nos envuelve”.
-Andrei Tarkovsky
Es que se terminó la historia cuando moriste en Montevideo y nadie me avisó? Escribo para contar qué cosas?…Tal vez cosas que nos sucedieron a todos los humanos, pero no, no es cierto. Porque cómo y de qué manera soportaste aquellos años de hijos chicos, casi bebés y yo metida en refugiar gente que se escondía de las “fuerzas del orden establecidas “ en plena dictadura, me arriesgaba y ponía en riesgo también a los pequeños.
Ahí te quedaste estoica, nunca me delataste, nunca te fuiste y cuando me arrestaban, soportabas la pena de mamá y acunabas a mi hijo junto a la tuya. Eran detenciones breves, un día o dos, en realidad nunca encontraban nada. Pero tampoco me dejaban hacer nada, me cortaban los caminos. Los perros tienen excelente olfato. Aquellos eran muy buenos, olían desde lejos a los que no los soportaban, que la dictadura era para mí lo que decían miles de carteles, que aunque no me mostrara claramente, no estaba de acuerdo y con bajo perfil haría lo que pudiera por sacar la fuerza de los perros de las calles de mi país.
Tengo que recordar esa época donde el terror de ver aparecer a hermano, loco, atacado por sus voces, cambió por el terror de ver los uniformes y los Ford Falcón en la puerta de casa, allanando, revolviendo, rompiendo, llevándome para interrogarme.
Y parece que escribo mi historia pero mientras yo hacía eso de andar arriesgando mi vida en pequeños actos de rebeldía vos, con mamá, protegían y cuidaban los cachorros. Intentaban sobrevivir y no temblar por mi, dudo que lo lograran. Mi terror a ser detenida o desaparecida, era también el tuyo y el de mamá. Por eso tu historia se va a mezclar muchas veces con la mía y tendré que desatar nudos y desnudar muertos. Si no lo hago: no contaré tu historia.
Creo que aún antes de morir papá éramos… qué? Las parias de la familia paterna y las escondidas de la materna?
La familia de papá, bonaerense, habían subido un par de escalones sociales y creo que se olvidaron que el abuelo llegó como polizón en un barco. Incluso olvidaron que papá se fue a vivir con su abuelo materno por una gran pelea con su padre. La pelea fue para impedir que su padre golpeara a su madre. O tal vez, como crecieron social y económicamente, querían olvidar. El golpeador , nuestro abuelo,ya había muerto. No lo conocimos. No se perdieron nada, diría papá pero creo que sí. No siempre habrá sido un golpeador.
El padre de nuestro padre huyó de un campo de prisioneros, con un tiro de sal en la nuca, corriendo, haciéndose desertor y polizón por seguir el rastro de nuestra abuela. Cuando la encontró en Buenos Aires, la raptó para conseguir autorización y casarse con ella. De ese gran amor nacieron once hijos, el mayor de los varones fue nuestro padre. Pero tuvo la mala fortuna de ver a ese padre transformarse en golpeador. Y nos quedamos sin saber qué transformó al hombre que herido y prófugo buscó a la abuela, en un hombre violento. Sentiría voces? Las esquizofrenia es hereditaria?
La familia de papá salvo por las visitas a la abuela, alguna lejana visita de algún tío a nuestra casa, nunca mostró interés. Cuando murió papá se disolvieron. Los busqué tantas veces en la capital. Sencillamente sé perdió toda relación. Y mamá tan tranquila!
Es que tal vez, lo que no le perdonaron a papá fue que se casó con la hija de gente de campo. Es que papá eligió vivir lejos de la capital, le gustaban más los plantíos que los rascacielos. Que si bien jamás perdió la elegancia porteña de la época, amaba su casa de provincia y los campos con cultivo y su gente. Mamá formaba, creo, parte del mundo que la familia no deseaba para papá. El hijo esquizofrénico menos aún. Y nosotras pues… entramos en el paquete.
En la familia de mamá nuestro padre era un hombre muy querido por la matriarca y las hermanas. Después que murió nos perdonaron menos los desórdenes. Agrego los míos a los tuyos. Se nos notó la osadía, la desobediencia, la transgresión.
Viste todo lo que perdimos con papá? Seguramente vos lo entendiste y sufriste más que yo. Diez años más de conciencia tenías.
Fuimos transgresoras cada cual en lo suyo. También recordamos hasta hoy con la tía viva, algunas de nuestras tías maternas por ejemplo, tuvieron infidelidades y abortos clandestinos. Pero guardaron “las formas “, nosotras no. Y hubiera sido posible eso con una madre que necesitaba esa familia para consultar todo, para contar todo, para pedir opinión por todo, para cruzar la calle y llevar sus cuitas? Mamá, que fue sin dudas la mujer más cariñosa, amorosa y buena del mundo, necesitaba vivir cerca y expiar todo al oído de madre y hermanas.
Cuando se juntaban para coser o tejer, cuando los domingos de frío se reunían a jugar rumí canasta, o para hacer grandes comilonas, mamá narraba sus penas y oía consejos. Cinco o seis consejos diferentes y el dictamen de la gran matriarca. Cómo íbamos a mantener en secreto nuestras transgresiones, nuestros pecados?
Aquellos dos años terribles fueron los de exposición permanente ante la familia. Una vez, la abuela me preguntó porqué me andaba metiendo en política. Tuve la osadía de responder que era igual a sus hermanos, comunista. Y mi relación con ella tuvo un gran cambio. Casi no me habló más. Decía que mi hijo era muy marrón, muy oscuro, que mis senos eran muy blancos y por eso no se amamantaba correctamente. Le puso de sobrenombre “ el negro”. En realidad no era negro, solo su pelo y sus ojos. Pero así castigó ella mi soberbia de responderle. Y nunca supe si a mi hijo eso lo afectó. Ilusa de mí, vos me habías enseñado desde niña que no había diferencias por el color de la piel. Mi hijo: habrá sentido también que no le importaba?
Tu hija en cambio era más morena que mi niño pero vos jamás le respondiste a la abuela. La oías y bajabas la cabeza, aunque después la desobedecieras. Era entendible: fuiste la nieta deseada, trabajabas para la tía nueva rica en casa de la abuela. Sin ella y su apoyo no hubieras sobrevivido y tenías la misma actitud que mamá. La matriarca podía opinar y decir lo que ella pensaba y una tenía que callar. Durante mucho tiempo tuviste el aprendizaje correcto que te dio mamá, después cuando desapareciste, no volviste más.
También yo desaparecí por motivos mucho más complejos pero regresé siempre que pude. Incluso al : entierro de la mamá grande, como diría GGM. Yo sufrí un exilio político, vos te auto exilaste por tus propios motivos.
Esta ciudad pequeña, con su bello Río, ahora plagada de edificios y robos y mendigos, fue el escenario de los primeros años de nuestros hijos. Y si no aparecen esos dos hombres, hermanos ellos y uruguayos, si no cambiábamos de ciudad, casa, destino, ni siquiera puedo imaginar que hubiera sido de mi hijo, tampoco sé si aún tendría a mi sobrina.
Durante eso dos, casi tres años que duró el estar las tres juntas con los niños, hice de todo, vos también. Vos para sobrevivir y proteger, para ayudar a mamá, yo para incluirme entre los que cambiaríamos el país, que también era una forma de intentar recuperar al intelectual de izquierda que fue mi primer amor. Estudiar enfermería, retomar la música, intentar trabajar como oficinista, todas esas cosas iban unidas a refugiar exilados o clandestinos, aparecer en marchas y manifestarme junto a otras y otros. Al final de todo eso: no hice nada. Sólo conseguí que me ficharan en la larga lista negra de la dictadura.
Fue entonces que llegó a mi vida ese hombre que me salvó. Sé que se enamoró de mí mucho antes que yo de él. Que comencé a salir con él como en un juego, porque su mundo y el mío no tenían nada que ver. Pero tal vez era necesario pasar un tiempo de tranquilidad, la casa de mamá había sido allanada dos veces, a mi me habían llevado detenida más de tres y la última vez, me llevó la Policía Federal y no la pasé bien. Los compañeros andaban disparando, como en bandadas sueltas, el apartamento del fondo dejó de ser seguro; mamá lo alquiló a un primo, hijo de los nuevos ricos de la familia. Y aparece, en tu departamento por invitación de un amigo, este hombre mayor, me llevaba diez y ocho años, con un pasar económico sólido, con una sonrisa sensual y unas tremendas ganas de amar. Me dejé llevar, pensando que pronto volvería a mi camino revolucionario.
A vos ese hombre te agradó, me lo dijiste: Este no es como el otro, este hombre te quiere, dejà un poco de pensar en los líos de la revolución y dedicale un tiempo. Tal vez tu vida lo necesite y vos también. Me extrañó todo lo que me dijiste, era un época en que casi no hablábamos, salvo por los niños y por el costo de la vida, alguna vez hablamos de algún libro. Cuando me lo dijiste mi mirada cambió. Me fui corriendo a la casa de la abuela, nosotras ya no teníamos teléfono, no podíamos pagarlo, lo llamé y acepté su invitación para viajar un fin de semana a Uruguay. Me miraste con aquellos tus ojos, afirmativa, segura, y me sentí bien.
Así empezaba mi nuevo destino, no lo sabía. Pero lo que menos aún pude imaginar que marcaba el tuyo. ¿ Vos lo leíste en tus cartas? Nunca nadie responderá esta cruel pregunta retórica.
Pasaron unos meses y yo me mudé de casa a vivir con él. Al principio no quise llevar mi hijo, quería ver si funcionaba. Fue el tiempo de la felicidad, del amor que nacía, más de él que de mí, yo me dejaba amar que me hacía tanta falta. Fue el tiempo de descubrir que podía hacer otras cosas.Descubrir o más bien recordar, los tiempos de ser clase media, tener un apartamento sin que nada falte. No sacar cuentas para llegar a fin de mes, ni buscar más trabajos donde mi número de documento fuera un obstáculo, olvidarme por un tiempo de la revolución que no fue, de que podían llevarme de nuevo simplemente para interrogarme y amedrantarme. Descubrir que sin hacer demasiado esfuerzo aquel maravilloso primer amor podía olvidarse, no tener que lidiar con un intelectual militante de oído absoluto, no tener que dar exámenes cada vez que hablaba. Sucedía casi lo contrario.
También fue el hombre que me hizo tomar conciencia de mi maternidad. Porque por aquel tiempo hermano estaba en casa y consideramos que no era sano para mi hijo estar ahí. Tampoco para nuestra madre era sano. Había que ubicar a hermano nuevamente.
Mientras se sucedían los día, nos mudamos a una casa más grande y me llevé a mi niño. De pronto mi vida dio el gran salto: ama de casa, madre, aprender a conducir un auto, olvidarme de la política, salir a cenas, comprarme ropa, comprar ropa para mi hijo, regalarle almuerzos en restaurantes a mi madre.
Y apareció su medio hermano, buscando refugio. Había sido abandonado en la puerta del Registro Civil por su futura, nunca, esposa. No era un hombre hermoso, más bien lo contrario, no era un hombre elegante…no era un buen hombre. Pero no lo sabía, era su medio hermano y por supuesto, lo recogimos en casa. Mientras buscaban un lugar para hermano, se quedó en casa de mamá.
Cuánto tiempo pasó entre eso y que fuera tu pareja? Ahora no puedo recordarlo, pero no fue mucho tiempo.
Cuánto tiempo pasó entre que todo eso sucedió y hermano fue recluído de nuevo para ser hospitalizado? No puedo recordarlo…
Cuánto tiempo pasó para que mamá se fuera a vivir conmigo porque tenía serias discusiones contigo y tu nueva pareja, o sea, su medio hermano?
Fueron días o meses, fue un año. Tal vez. Una vez que mamá se vino a vivir con nosotros, un alivio infinito brotó en mi corazón. Darle a mamá una vida más cómoda, más relajada, sin la presencia constante de las huidas de hermano, sin mis refugiados en el fondo de casa, al lado de su nieto que adoraba, viviendo sin apreturas ningunas. Sentí que por primera vez, porque mi ida con ella a Buenos Aires nunca fue totalmente feliz, estaba haciendo mi trabajo como hija menor.
Pero no sucedía lo mismo con vos. Mi nueva pareja no vio con buenos ojos que a poco tiempo de conocerse se fueran a vivir juntos, dudaba mucho de su medio hermano. Es un hombre inestable, me confesó, se estaba por casar con una prostituta, entendés eso?, con una prostituta de la calle, y ella ni siquiera fue al Registro Civil. Es mi medio hermano, pero estoy cansado de pagarle las deudas y sacarle las castañas del fuego, me contó una noche desvelada de confesiones, tu hermana es una mujer grande, debe de tener cuidado.
- A mí mi hermana no me hará caso, cuando se enamora…
- Pero fijate, hace tan poco tiempo se conocen, tu hermana estaba en pareja, dejaron al tipo colgado sin explicación y es el padre de su hija, además están impidiendo que tu madre alquile toda la casa, con la falta que le hace. Te repito, no es confiable.
Ese más o menos fue el diálogo. No tuve que hacer nada, los dos medios hermanos uruguayo tuvieron una pelea en tu casa, fue por dinero, fue por juego y dinero, fue porque no querían que mamá alquilara toda la casa que le pertenecía. No sé, no estaba, sé que estaba mamá. Sé que eso marcó nuestra gran segunda separación sin siquiera despedirnos.
Mamá pasó a vivir con nosotros. La casa se puso en alquiler como ella quería. Mi pareja la alentaba, le decía que era lo correcto, mamá comenzó a quererlo mucho, me sentía distinta, diferente. No tuve tiempo a pensar en nada más, o no quería pensar en nada más.
Vos te fuiste con tu niña y tu nueva pareja antes que nosotros. No te despediste ni de mamá, ni de nadie. Te fuiste, sin dejar ni un rastro atrás. De pronto, por aquellos días, pasé a ser la favorita de la gran matriarca. Tenía a mi lado un hombre culto, elegante, con dinero, con su propio departamento, con ventas de autos y casas, tenía a mi niño y a mi madre viviendo en una hermosa casa. ¿ No era eso lo que toda familia como la mía necesitaba para darme el visto bueno? Tuve el visto bueno. Todo cambiaba vertiginosamente para mí.
Entonces recibí la maldita carta de la triple A ( Alianza Anticomunista Argentina), entonces tuve que contarle que no era nada, que era una simulación, que en realidad lo mío no había sido tan grave, que nunca me había afiliado. Que mis cosas eran la de todos los estudiantes de esos días, algunos refugiados, algunos allanamientos, algunas detenciones, algunas marchas, no tenía importancia y seguramente, era todo un error. Yo no podía estar segunda en la lista de personas que iban a ejecutar los servicios paramilitares de la triple A.
Pero él se asesoró con abogados y me dijo que nos íbamos a Uruguay. Que dejaba sus negocios en Argentina, que había que poner a salvo mi hijo, que era muy pequeño, a mí y a mi madre. Que él se encargaría de pasar la frontera, no hay frontera, por más requerida que estés, que no se compre con plata. Así fue. Migramos, él debió pagar una fortuna. No teníamos permiso para cruzar a mi hijo. Yo tenía requerimiento por mi número de DNI.
Cuando llegamos a Uruguay sentimos que un capítulo había acabado y comenzaba otro. Vi sonreír y disfrutar a mi madre como nunca. Estaba comenzando a amar aquel hombre cariñoso, protector, dadivoso y empírico que era mi segundo marido. Cuando llegamos a Uruguay pensamos muchas cosas pero tu nombre, querida hermana, estaba como bloqueado.
Qué manía esa de bloquear con el pensamiento lo que nos molestó o nos dolió mucho. Ni siquiera teníamos tu dirección. Y según madre, mejor, porque nadie salvo su hermana menor tenía que tener nuestra dirección. De esa manera no nos ubicarían y dejarían de perseguirme. Mamá era muy ingenua con respecto a las fuerzas del orden de esos días, yo tenía ganas de amar distinto, diferente, aferrarme a un amor sin sacrificios, atarme finalmente a mi hijo, a una vida distinta y distendida. Estábamos equivocadas…
Pero más equivocadas estuvimos por no tener donde escribirte y saber de tu vida.
Esa fue nuestra segunda gran separación y un lugar del que no se tiene retorno. Te juro que no me daba cuenta de eso…
Fue ese lugar del no retorno que nos agrietó el muro de la sangre compartida. Muchas veces volvimos a estar juntas pero no pudimos recomponer esa grieta. Y mamá se equivocó porque ella siempre tuvo retorno a su familia. Los dos medios hermanos uruguayos se equivocaron porque nunca tuvieron familia, nacieron de la misma madre, pero nunca tuvieron una familia. Ni siquiera un padre protector como el nuestro. Se equivocaron y nosotras no valoramos ese lazo amoroso que nos había unido. Las noches de lecturas, mi compañía para que estrenaras tu primer papel actoral. Mi compañía para verte en Cinco Saltos besar tu primer novio. Tu compañía para ayudarme en mi fracaso revolucionario. Tu compañía para acompañarme a recibir medallas en el colegio.
No recordaba que nunca planché, ni lavé, ni cosí, porque vos decías: anda a estudiar, yo te lo hago. No me acordaba que tus primeras experiencias con el Tarot, las Runas y Cartas Astrales, hice de conejito de Indias a pesar de mi descreimiento.

Malu, que piensas hacer conestos relatos, vas hacer un libro? En algunas partes sientos que el lector, en este caso yo, pierdo el hilo de la historia. Son historias dentro de una historia que quiere ser una.
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No tengo la más mínima idea, por ahora hago LITEROTERAPIA.
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Me gustaría saber más
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