«Cuando uno está rodeado de tinieblas, la única alternativa es permanecer inmóvil hasta que sus ojos se acostumbren a la oscuridad» – (del libro Tokio Blues) HARUKI MURAKAMI
Pequeña era tu niña, pequeño era el mío. Pasaba la vida como por el costado nuestro. Mamá recobró un poco de su felicidad con los nietos. La casa de la abuela siguió siendo la referencia obligada.
La tía nueva rica les enviaba cada día más manteles, servilletas y pastas caseras para hacer.
Estoy aquí hoy, en ese antiguo restaurante re inaugurado cinco veces. Cuando tenía doce años vinimos a su inauguración con un italiano casi millonario que había contratado a papá y nos invitó a toda la familia. Sin hermano. Él ya estaría en una de esas jaulas para locos que le conseguíamos. Aquí estoy. Mirando las enormes diferencias y no solo las físicas.
Este restaurante en su tiempo fue el de mejor nivel. Nosotros pudimos acceder a un almuerzo porque el italiano que contrató a papá era un gran empresario. Muchas cosas que tuvimos, lo narro en mi libro sobre los dos años en Cinco Saltos, fueron porque papá trabajó para grandes empresas. Y vivimos como si de verdad perteneciéramos a esa clase social que no era la nuestra. Por eso cuando papá se enfermó, cuando quisiste transformar la casa en un negocio próspero y después, la deuda contraída terminó con la vida de papá, la caída fue estrepitosa.
Vos habrás sufrido mucho más. Te debes de haber sentido culpable o responsable. En mi adolescencia llena de egoísmo y con la cabeza puesta en mil cosas, lo pensé mucho después y recién me animo a escribirlo.
Acá, sentada con mi marido en aquel antiguo restaurante de pueblo, ahora me lo puedo pagar y no es ni la sombra de lo que fue. Nos pienso.
No sé escribir novelas y por eso: como sigo la parte intrincada del relato donde con dos hermanos aparecemos por diferentes caminos y motivos en Uruguay? Como se cuenta eso sin caer en contar verdades crudas y mirar desde la distancia el horror, la vida en llagas y se narra como simple escritora?
En una hora veré a la única tía viva, veré una parte de la vieja casona de la abuela, veré algunas calles reconocibles, el Colegio, las plazas. Veré con estos ojos que escrutan en el tiempo el recuerdo de quienes fuimos y por qué no pudimos ser otra cosa.
Sentiré como ahora, mal sabor en la comida, pesadumbre para caminar las calles, agonía para cruzar el río y después, la intrincada realidad de enfrentar la pantalla para pretender la historia. A veces creo que soy arrogante. Esta historia recién comienza y los ribetes más trágicos no sé cómo los contaré y nadie en este mundo los debería leer.
- Vas a contar la intimidad verdadera de tu familia, pregunta mi marido.
- O cuento la verdad o no cuento nada.
- No podrás contar solo un poco, murmura, hay gente viva aún.
- Mi familia no me lee, argumento.
- Y si justo este lo publicas y lo leen?
- Es la verdad…y no sé si es para publicar.
Así vamos pisando veredas que en aquellos años pisé muchas veces a tu lado. La del correo, por favor, la más conocida. Cuantas cartas podía escribir mi hermana? Con su letra redondita y faltas de ortografía? Pero cartas convincentes: las respuestas lo demostraron.
Tal vez querida, este lugar que ocupo debió ser el tuyo y el mío, debió ser, desaparecer. Cuando me encapucharon y encerraron en el año 78, debí desaparecer y tal vez hoy, estarías vos escribiendo la historia y tendrías mejores respuestas.
Por ahora me resigno y aunque parezca mentira subo los siete grandes escalones de la casa de la abuela. Voy a visitar la única tía viva. Si puedo hablaré de esos tiempos duros. A veces ella, no solo me sigue, sino que aporta mejoras a mi memoria.

A veces me resulta extraño lo que escribes sobre tu verdadera historia, estás vomitando tus silencios, crudos silencios que despiertan hoy, tal vez para sanar algunas heridas que quedaron pendientes. Me pregunto ¿hubo amor en algún momento? no he podido rescatar un amor de madre a hijas y de hijas a madre? tal vez me equivoque. Para mí es difícil entender esa falta de amor, cuando en mi caso, tuve demasiado. También en mi vida hubo historias como en todas las familias, algunas crudas y duras, pero el amor y la luz abrieron los caminos de la comprensión. Me atrevería a decirte que hoy reinas en el amor de tu compañero, hijos y nietos. Tal vez por eso, encontraste la forma de vomitar tus silencios. No tengas miedo a lo que piensen los lectores en caso que lo publiques, es una entrega total de tus sentimientos.
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