En el ojo de la tormenta

“ Para darnos cuenta del valor del ancla necesitamos sentir el estrés de la tormenta” – Corrie ten Boom

Un año duró la enfermedad de papá. Tres infartos más, edema pulmonar y el final, estallido de aorta. Así era papá, un corazón enorme y ganas de comer. Nunca fue un gran fumador, ni tomaba mucho alcohol, a padre le gustaba cocinar y comer. Vos y mamá culparon a su glotonería de una muerte que se lo llevó antes de los sesenta y a mí, me dejó huérfana de padre a los quince.

Una de las tardes, cuando comenzó su enfermedad y lo mantenía entretenido tomándome lecciones, me había preguntado qué quería para mi cumpleaños. Nada de esas fiestas que parecen para presentarte en sociedad, respondí y papá sonrío con toda su dentadura perfecta. Entonces nos vamos a Misiones, me dijo. Te llevo a conocer donde naciste porque eras muy pequeña cuando regresamos.

Alguien supo lo que soñé con ese viaje? Tener a padre para mí, porqué quien dudaba que vos eras la niña de sus ojos? Es más fácil si se nace después de que murió la primera hija.

La noche helada de junio, cuando murió papá, mi mejor amiga se quedaba en casa. Estábamos preparando los exámenes cuatrimestrales de julio. La noche tenebrosa, cruel y oscura, en que el corazón de papá dijo basta ya el negocio daba quiebra y tu amante gigante, no volvería.

Hermano seguía escapando cada mes y eran luchas contra sus voces que enloquecían la familia entera. Miedo, golpes, todo tipo de medicamentos y nuevamente, encerrarlo. Acaso le preguntamos a padre lo que sufría?

Nunca nada nadie le preguntó. Padre era el ancla y esa noche helada, vomitando sangre, perdimos el ancla y quedamos desnudas a la deriva, en una tormenta interminable.

Estos días en que escribo, pienso y me duele el cuerpo, que los he sobrevivido a todos. Que me he tomado el trabajo de contar esto y lo otro, acá y en infinitos relatos, porque tal vez me sane. Porque quizás me encuentre.

Pero este es tu relato. Y hoy, sí hoy año 2025, me di cuenta que nunca estuviste cerca en los momentos difíciles. Por qué? Porqué si eras la favorita de papá y la compinche de mamá cuando se fundió el maldito bazar y no volvió tu amante gigante, tuve que acompañar yo a mamá a rogar pedir la prórroga de la hipoteca. Después visitar al amigo millonario de papá, al que nunca le aceptó dinero, y rogar pedir que nos ayude con la hipoteca. Con mis tristes quince años a cuestas y una madre al borde de la locura. Vos nunca fuiste.

Salvamos la casa, claro. Papá fue un hombre querido y respetado. El dinero que sobró mamá lo destinó a dividir la casa. Te hizo un departamento en el fondo e hizo otro más para alquilar. Te desterró mama? No sé, me quedaba un año de secundaria, quería ir a la Universidad, no veía la forma y me sentí aliviada. Finalmente tenía a mamá de mi lado. Vos? Al fondo, a la izquierda. Así de mal me sentía.

Ese departamento tuyo fue unos años después mi propio refugio. Pero primero disfruté a mami para mí.

Y vos seguiste tu vida trabajando y comenzaste a leer el Tarot. Otra vergüenza! Para mí era terrible, estaba en plena edad de no creer en nada y menos en el horóscopo o el Tarot o cartas astrales.

Quién me diría que treinta años después me leerías mi destino? Quién me diría, con el enojo que tenía contigo, que casi en el final de tu vida, me aferré a vos como salvavidas? Quién carajos me iba a decir que te sigo extrañando? Quién fue el reverendo hijo de puta que no me permitió saber que te estabas muriendo?

De ese personaje no puedo hablar ahora. Fue el último amante, el esposo real que tuviste. Tu última gran desilusión. Que el amor querida hermana, te traicionó mil veces, pero nunca te diste por vencida.

En esos años, sin el ancla de papá y vos lejana aunque en el fondo de casa, me llegó el primer amor y el deseo de ir a la Universidad. Mamá estaría más que cansada porque me propuso alquilar la casa, el apartamento del fondo e irnos juntas a Buenos Aires, donde trabajaba también, mi primer novio oficial.

Y así, feliz y aturdida me fui con mamá. Primera separación. Duraría poco pero cuando nos fuimos me gustó demasiado. La familia materna furiosa con mamá, vos, como siempre que te disgustabas, con un silencio de muerte y tus ojos enormes destellando ira.

Nos alejamos a una vida tan diferente. Te dejamos sola viviendo como podías trabajando en todo lo que podías y pasando hasta mal. Me odiaste por llevarme a mamá y vivir otra vida?

En realidad: nunca supe si eras capaz de odiar. Lo tuyo eran iras tremendas que duraban unas horas. Igual a papá.

Cuando nos separamos por primera vez, la distancia con la Capital era muy larga. Tren eterno o caminos bituminoso de escasa fidelidad. Eran horas de viaje. El tren sobre un ferry enorme, Brazo Largo y sus puentes no existían.

Cuándo nos separamos no sabíamos cuándo nos volveríamos a ver? No obstante, nos despedimos sin llantos, ni aspavientos, como si dijéramos, hasta mañana.

No fue un hasta mañana. Fue una vida totalmente diferente. Enfrentar la Universidad y tener que rendir exámenes para poder ingresar, un novio intelectual y de izquierda, una madre que extrañaba. Mi mundo era vertiginoso, despiadado, descubriendo el sexo, las ideologías y reprobando algún examen por primera vez.

Teníamos en nuestra pequeña ciudad una tía que se volvió casi rica con sus restaurantes. Gracias a ella tuvieron trabajo vos y su propia hermana. Les habrá ofrecido alguna vez un trabajo adentro del restaurante? Vos podrías haber hecho, supongo, las adiciones por ejemplo. No, la tía casi rica tercerizó los servicios y pusieron lavadero y el amasado de pastas caseras en la casa de la abuela.

Cuánto tiempo lavaste, planchaste y ayudaste a amasar? La tía casi rica nunca te quiso, vos acusaste a su marido de tocarte a escondidas. Imagínate! La primera que levantó la voz contra un pariente que acosaba. Ni yo, que también me pasó, lo hice. Vos lo acusaste adelante de todos los familiares. Y a partir de eso, fuiste una oveja negra. La tía casi rica decía que vos provocabas, te ponías short y polleras muy justas. La tía casi rica explotó a su propia hermana, a vos, al que pudo, pagando miserias y ganando mucho.

Mientras vos sufrías esa insensatez de nuestra propia familia, no parabas de estudiar espiritismo, Tarot, cartas astrales y tenías algún amante. Nos voy a morirme sin tener un hijo, una hija; me habías dicho antes de que nos fuéramos a capital. Y también estabas buscando eso.

Y porque de alguna manera teníamos que vivir también la maternidad juntas, nos quedamos embarazadas con tres meses de diferencia. Mamá tuvo que repartirse para estar en ambos partos. Volví a sentir algo parecido al rencor.

Tenía a mi madre feliz en la capital, eso creía yo, lejos de esa férrea vigilancia materna, no tenía sosobras a fin de mes, andábamos juntas y creo que la cuidaba. Mi novio la quería mucho, eso creía yo. Qué necesidad de embarazarte y que mamá tuviera qué regresar?

No pude o no quise abortar. También estaba embarazada y tenía solo diez y siete años, no entendí eso, mamá decidió ir a cuidarte. A mí se me partió el mundo. Qué haría yo con todo ese mundo y un novio que no aceptaba mi renuncia al aborto?

Buenos Aires es inmenso y triste. Te traga y te devora esa ciudad. Te distraen muchas cosas. Me costaba estudiar. No me pesaba para nada el embarazo. Me escurría por pasillos donde la música, el teatro, el cine, los cafés con clases de ideología se abrían como ventanas al hollín porteño. Cuando tenía tiempo jugaba a ser ama de casa y recordaba que vos siempre me habías hecho todo y yo, tan cómoda, nunca aprendí nada.

Nos escribimos algunas cartas que fueron cortas. Para contarnos cosas del embarazo y me avisaste ( vos siempre me avisaste las cosas que ocurrirían) que yo tendría un hijo varón y vos, una nena. La ecografía de tu Tarot así lo decía y así fue.

Un comentario sobre “En el ojo de la tormenta

  1. Muy bueno, Malu. Me duele un poco la vida de tu hermana. Una chica sin contención, seguramente buscándose a sí misma. Estan muy claras las imágenes, te diría que hasta puedo verlas.

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