“Y una vez que la tormenta termine no recordarás cómo lo lograste, cómo sobreviviste. Ni siquiera estarás seguro si la tormenta ha terminado realmente. Pero una cosa sí es segura, cuando salgas de esa tormenta no serás la misma persona que entró en ella. De eso se trata esta tormenta.» (Haruki Murakami)
Yo no había cumplido catorce cuando se desató la tormenta. La casa, la nuestra, transformando su larga entrada de autos y el jardín de macetas, en un bazar de electrodomésticos y cristalería. Tu presencia emanaba en cada artefacto que recibías o traías de la capital. Viajaste con el amante gigante muchas veces. No tenía edad o no quise ver que volvías cada vez ,más triste.
Al frente del comercio estabas vos y papá. Mamá aparecía a veces, a mí no me gustaba. A mí me parecía vergonzoso tener un negocio en casa. Es lo que mis catorce años dictaminaban. Una casa es una casa y un comercio…, no sé qué sentí realmente pero desde la distancia del tiempo era como una vergüenza. Así que estudiaba con mi mejor amiga, tocaba la guitarra, practicaba en el coro, intentaba jugar bien al voley ball, leía y me ausentaba de casa todo lo que podía.
Coincidieron la literatura y las primeras fugas de hermano. Qué me marcó más? Qué te marcó más?
Mi profesora de Literatura, desde hacía años me había instado a escribir, comencé a los once o doce, y a los catorce, no paraba de leer. Por primera vez no leí tus libros o los de papá, abandoné las revistas y me fui acercando a otro tipo de lecturas. Mi mundo tomó otro color y ya nunca más pude dejar de leer. La literatura comenzó a ser mi prioridad, me olvidé que había soñado con ser médica.
También recuerdo con claridad que entre tu atención al negocio y tus viajes a la capital, apareciste con nuevas lecturas y no las compartías. Un mundo esotérico te estaba abriendo otras puertas de lectura. Tu eterna sonrisa estaba un poco más opaca o yo lo recuerdo mal. Creo que al poco tiempo de convivir en casa con tu amante gigante, comprendiste el error y no sabías ni podías escapar. Tal vez ese mundo detrás del mundo, lo esotérico, te ofrecía un escape que estaba lejos de entender en ese tiempo y ahora. Por eso, en ese lapso de nuestras vidas, no compartimos lecturas. Fuimos muy poco al cine juntas, otra actividad que habíamos compartido.
Estábamos creciendo y nos estábamos definiendo. Era normal y me pasó desapercibido.
Hermano, se escapó de Vieytes. Apareció sucio y precario, ante la desesperación de mamá cuando vio su estado. Como la casa se había transformado, lo ubicaron en el comedor diario. ¿Cuánto duró nuestra paz con sus voces? No sé, no podían sacarlo de las calles en las noches. Caminaba la ciudad entera con sus pasos rápidos, fumando sin parar, sin pisar las veredas. Por el medio de la calle. Y un día, atacó a papá. Así, de pronto, estalló su ira. Tiró a papá sobre la cama y comenzó a ahorcarlo. Nuestro padre, que era un hombre grande, gordo, fuerte, no se defendió. Fuiste vos quien se lo quitó de encima.
Qué escena dantesca! Papá ahorcado por su hijo y vos, con un cinturón de cuero, ahorcando a hermano. Hasta que lo quitaste, lo tiraste al piso y le gritaste: Basta! Vas a matar a tu padre!
Hermano te miró sin entender. La casa ya estaba llena de gente. A mí el pánico me había paralizado y mamá solo lloraba.
En pocos días se llevaron a hermano. Sabíamos que se escaparía otra vez, era solo un respiro a sus eternas fugas.
La tormenta se aprontaba. A los pocos días fue el primer gran infarto de papá. No estaba en casa y lo salvaron dos médicos, uno era familiar y vivía muy cerca, pero fue un infarto gigante. Como lo era su corazón.
Durante dos meses me ocupé de entretenerlo leyendo mis lecciones y tocando la guitarra para mantenerlo en la cama. Vos y mamá andaban entre ese negocio y la casa. A mí no me preocupaba que tu amante gigante apareciera cada vez menos, Tenía tan ocupada mi cabeza con mi amiga, con exámenes, nuevas lecturas, esbozos de escrituras, estudio de canto, de guitarra… creo que me olvido de otras actividades. Y me tomé el rol de estar con papá todas las tardes. No vi el inicio de la tormenta.

Muy bueno, ya se nota la independencia que va surgiendo en esa adolescente.
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