Tuve un hermano que fue mi salvación, hizo de mi infancia algo soportable.
Maurice Sendak
Mi, tu, hermano no fue mi salvación. Tampoco la tuya. Cuando regresamos a nuestra casa mamá estaba ahogada de tristezas, dejó su marido otra vez a miles de kilómetros y a su hijo, en Vieytes. Y el panorama era claro: nuestro hermano no debía vivir con nosotros.
Pero vos estabas tan enamorada ( de verdad lo estabas?), tenías un amante gigante, casado en la capital pero según él, separado. Un hombre con buen vivir. Culto y agradable,salvo claro, por su altura y gordura. Que era lo de menos. Porque vos siempre defendiste a los negros, los harapientos, las minorías diferentes. Una de esas enseñanzas que dejaste en mi vida y nunca te pude agradecer.
Sin embargo lo que nunca me quedó claro fue lo permisivos que fueron todos. Porque apenas comenzaban los años sesenta, vos sólo tenías veintidós años y era muy mal visto vivir con un hombre separado. Nunca te ibas a casar.
Tampoco supe nunca y a riesgo de repetirlo lo volveré a escribir: qué sentías ante la enfermedad de hermano?. En los momentos críticos vos no estabas.
Me dejaste ir a mi, con doce años, a hablar con un psiquiatra. En Vieytes! Y muchos años después lo tuve que enterrar en otro loquero, yo tenía tres hijos, un marido enfermo, mamá había muerto, también faltaste. Fui sola con una tía que me acompañó mucho más que vos.
Tal vez a vos te pegaba diferente. Tal vez ocultaste muy bien el dolor que tal vez, era insoportable. No sé: por qué no hablábamos nunca de la esquizofrenia? Vos, que me leíste tanto, que me ayudaste tanto, nunca tocabas ese tema. Neutro no te era.
Ves que al final de todo esto tengo más preguntas que respuestas?
Meses pasó papá en el Sur, meses cuidé a mamá que vivía mal del hígado, una madre que cada tarde se levantaba, se bañaba, se vestía y arreglaba solo para cruzar la calle.
Qué suerte mi amiga del alma, qué suerte el Colegio, estudiar y hasta agotarme haciendo gimnasia. Qué suerte poder tocar la guitarra y cantar. Qué suerte que aún no me enamoraba, vivía de libros, cantos y risas. Tapaba el drama de la madre deprimida, el padre ausente, la hermana que duerme con el hombre casado y la esquizofrenia del único hermano.
Al regreso de papá fue el otro gran cambio. Y vuelvo a no entender: esto se está transformando en un auto psicoanálisis!
Papá siempre tan estricto, muy de su época, incapaz de mentir, de estafar, trabajador por demás , te permitió dejar los estudios, ser actriz de teatro y vivir con un hombre separado. Todas esas cosas, lo sé, no me las hubiera permitido jamás. Tenía que estudiar y en lo posible, sacar las mejores notas. Aunque las medallas que entregaban las monjas las viste solo vos. Qué paradójico me resulta recordar, cuándo estabas y cuándo no.
Y de aquel viaje, nuestro padre no regresó bien. Su sueño de volver a vivir en el Sur se había frustrado otra vez. Y cuando retornó tuvo que visitar a su hijo en Vieytes, su familia jamás visitó al pariente loco, regresando a casa tuvo que hacerse cargo de tu convivencia con el amante separado. Pero para cerrar la mala racha se perdieron casi todas las cosechas de citrus por sequía y su trabajo declinó.
Un año de mala racha. Venía siempre a visitarnos aquel amigo de infancia que tenía papá. Se habían criado juntos frente al viejo, hoy inexistente, Mercado de Abasto. Un hombre que hizo una fortuna casi inaudita, conociendo sus orígenes. Pero era la Argentina de post guerra y con un poco de suerte…(?). Fue el hombre que lo puso frente a su Empresa en Misiones y gracias a él, nací en una bella casa en Apóstoles.
Mientras duraba ese año de mala racha laboral, venía mucho a casa y le dejaba cheques en blanco que nuestro padre jamás aceptó. Que la amistad era una cosa, repetía, la plata es otra. Llovían las críticas de mamá, abuela y tías. Ese hombre, te decían, no solo te conoce desde niño y sabe quién sos, ese hombre te debe la felicidad.
Eso era porque papá le presentó a su esposa, con la que tuvo siete hijos, después de divorciarse de una mujer que lo había hecho muy infeliz. Pero nunca escuchó padre esas críticas.
Jugaba a la quiniela y ganaba. Un año estuvo ganando lo que faltaba de su sueldo. Mientras tanto tu amante gigante lo iba convenciendo de poner un negocio y dejar de depender de las cosechas, del clima, de las compañías que lo contrataban.
Y lo terminó convenciendo. El final inminente se acercaba. Pero vos te instalaste en la otrora nuestra habitación con muebles de lujo, el amante gigante vivió en casa y yo, disfruté la habitación de nuestro hermano para mí sola. Tenía una pequeña biblioteca empotrada en la pared y un escritorio. Qué más necesitaba?
Era una niña casi adolescente de trece años y quería, debía, ser feliz.
Creí por un tiempo que estábamos todos felices. Mamá comenzó a hacerse cargo de su reino: la cocina. Vos trabajas y colaboras con todo lo de la casa. Tu amante gigante separado, vivía solo diez o quince días en casa. Después viajaba. Creo recordar que al final tuve conversaciones interesantes con él, aunque me costó muchísimo sentirlo como un cuñado. Más bien fue un amigo tuyo que también era un poco amigo mío.
Papá, alejado un poco de lo que fue su vida laboral, comenzó a reformar nuestra casa para decidir poner su propio negocio. No existía el marketing, no existía un psicólogo cercano, si hubieran existido nos hubieran dicho que eso de manejar un bazar, era una misión imposible para el hombre que sabía tanto de plantas y cultivos que había sido consultado hasta por ingenieros agrónomos.

Vuelven los recuerdos a poblar tu mente. Cuántas preguntas sin responder. preguntas que ya no serán respondidas. Cuando alguien se va para siempre, nos quedan preguntas que ya nunca más obtendremos las respuestas.
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