Agonía de un pez

El joven lo engañó con el anzuelo,

lo sacó con bríos a pesar de su lucha

en el agua amarronada.

Lo desenganchó del anzuelo, un hilito

insignificante de sangre manó de la

boca pequeña y enseguida,

el joven pescador lo dejó tirado

mientras preparaba su siguiente anzuelo,

cazador de ingenuas aletas.

Me quedé mirando, no sé si quise hacerlo,

la lenta agonía del pez…

La boca que se abría y cerraba,

los aleteos y coletazos, que fueron aminorando,

los ojos que iban buscando la estaticidad de la muerte,

el brillo de las escamas sobre las rocas y el sol de primavera.

Agonizó lento, buscando desesperado el agua que no volvería,

se fue muriendo ahogado de oxígeno y se fue quedando quieto, más y más quieto,agonizando a la deriva de rocas y veredas.

Mirándolo entendí que su muerte y la mía no tenían diferencias

Viéndolo morir me vi morir

Tirado él en una ciudad indiferente, así estaré algún día, en un cementerio indiferente.

El joven pescador se fue al poco tiempo, ni recordó al pobre muerto que se iba secando.

Así será el olvido, me iré, tú también, secando y siendo olvidados.

Algún anzuelo llamará mi, tu, muerte y nos llevarán a la agonía y después a la muerte y al olvido.

Es ley natural? Seguro que sí… pero qué pena el anzuelo, la lucha, la agonía y la muerte lenta…

Pero más triste el olvido, para qué hacerlo morir y dejarlo olvidado?

Si hubiera sido una niña o un niño… lo hubiera enterrado e incluso hubiera marcado su tumba…

Pero soy una persona mayor esperando ver el anzuelo…

Un comentario sobre “Agonía de un pez

  1. Siempre me angustió la pesca y la caza. Es terrible ver a los peces agonizando, pero no esperes ese anzuelo, es demasiado fuerte . Todos nos acordaremos mucho de tu existencia, todos. La energía de la cual estamos formados seguirá latiendo entre nosotros.

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