Elena decidió coleccionar besos a los once años. Resulta que todas las tardes, a la salida de la escuela se iba a su casa y se quedaba mirando teleteatros con su tía Rosy que vivía ahí desde que sus padres se divorciaron. En los teleteatros que miraban mientras Elena tomaba la merienda, abundaban los besos y fue así como decidió, transformarse en coleccionista.
No le fue fácil en los dos primeros años: los chicos de su edad eran bastante tontos. Elena no era ni la más bonita ni la más popular de las chicas de su clase. Era reservada, estudiosa y aficionada al ausentismo. Le costó muchísimo comenzar su colección y por tres besos, el año que comenzó la colección, tuvo que gastar todos sus ahorros.
Al año siguiente comenzó su educación secundaria y supuso que el cambio de Institución le favorecería, podría cambiar su imagen y conocer nuevos compañeros y compañeras. Sin embargo se equivocó. No era fácil coleccionar besos, no era como en la Tele y menos aún, con chicos lindos y que quisieran besarla. Pero Elena, era persistente y obstinada.
Volvió a gastar dinero ese año, tuvo que pagar por varios besos. Además como ya la moda de fotos de celular era lo más popular, sus compañeras de grupo la aconsejaron a ir testificando su colección con fotos.
- Imagínate- le decían- en unos años no podrás recordar a fulano o zutano o el que te besó en 2016.
- Claro- le aconsejaban- para eso hoy los celulares tienen cámaras, deja tu foto guardada y así tendrás la colección completa.
Y Elena por no caer mal y parecer antipática, tuvo que pagar más porque nadie quería sacarse fotos dándole un beso. Tenía también que firmar una nota diciendo que no las publicaría en Redes Sociales. Fue un año duro: nuevos desafíos de estudios, muchos profesores, muchos compañeros y compañeras nuevas, más los besos que eran pagos y las fotos que no salían bien para nada.
Pero Elena, repito, era perseverante.
Fue en su segundo año de escolaridad secundaria cuando alguien la besó sin que ella lo pidiera y entendió que ese beso valía mucho más. Con ese chico se besó más de una vez pero se le antojó que eso no agregaba puntos a su colección porque era siempre el mismo que la besaba. Así que decidió seguir buscando otros besos.
Para su sorpresa a mitad de año otro chico quiso besarla. Fue un beso rápido pero era uno de los chicos más lindos que conocía. Sin embargo no hubo más besos con él. Lo cual la puso bastante triste. Pero su misión seguía en pie: coleccionar besos.
Al comenzar su tercer año hizo un hallazgo increíble, había muchos chicos con deseos de besarla. Ese fue un gran año para su colección y malo para su promedio. Es que entre la colección, las fotos y los chismes con sus amigas, no le quedaba cerebro para estudiar. Su madre no se alegró con esa noticia y menos aun cuando se enteró de su pasatiempo favorito.
- ¿Coleccionar besos?- gritó su madre al borde del colapso.
- ¿Esas cosas de dónde salen? ¿Qué ideas son esas?- preguntó la tía Rosy.
Ella no quiso aclarar que de los teleteatros que miraban juntas porque seguro que su mamá se enojaba con su tía.
Su padre por supuesto, no dijo nada, se veían de tanto en tanto, estaba divorciado de su mamá desde que Elena era bebé. Sin embargo al enterarse consideró importante tomarse un fin de semana para hablar con su hija.
- No sé hija, comenzó mientras le daba un yogurt, yo creo que esas no son cosas de chicas…
- ¿Por qué?- preguntó Elena mordiendo una manzana- ¿Son cosas de chicos?
- Bueno, sí, tal vez pero…yo nunca coleccioné besos, por ejemplo.
- Entonces por qué se separaron con mamá… ¿no fue acaso por tu infidelidad?
- Que yo no haya podido ser fiel no quiere decir que anduviera por ahí coleccionando besos de cuánta mujer había o que me quisiera besar…
- Es igual o peor papá- lo desafió Elena- tuviste que irte de casa, mamá quedó destruida, nos vemos de vez en cuando y justo, un fin de semana que pasamos juntos te metes con mi pasatiempo favorito…
- Hija, yo soy un adulto- comenzó a argumentar su padre.
- Por eso mismo, deberías de haberme dado ejemplo, pero no, saliste a besarte y acostarte con una chica jovencita, ¿qué mal hago yo coleccionado besos?
Y el padre se fue quedando sin argumentos, Elena podía ser ácida y rápida en responder y él, se sentía culpable.
El otro problema que tuvo la coleccionista fue dónde guardar su colección de besos. Las fotos habían sido una buena idea, pero aun así le parecían poca cosa. Ella debía de guardar más detalles. Entonces comenzó a usar también una libreta, decorada especialmente para ello, con detalles, fechas, nombres.
A fin de evitar discusiones y persecuciones de su madre y su tía Rosy, Elena retomó con fuerza el estudio que al fin y al cabo, parecía lo más importante para ellas. Debió de dormir menos, estudiar más y comenzar a escribir las reseñas de tan importante colección. Se decía a sí misma que quizás era la primera joven con aspiraciones de batir record de besos. Así que además de fotos, notas, números, comenzó a clasificarlos.
Hubo besos tímidos, antojadizos, los hubo húmedos y aspiradores. Hubo besos instantáneos y otros, demorados. Besos quietos y besos movedizos, besos atrevidos y otros, apenas juguetones. La mera clasificación le llevó medio año. Luego ubicar a cada uno. Y recordar qué foto y qué nota le correspondía. Fue un trabajo duro y la dejó exhausta.
Ese año recuperó un poco su buen promedio y coleccionó un montón de besos. De todo tipo. Hasta de una chica. Ese lo punteó doble y dejó explicación del por qué. Ella nunca había pensado en besar a una chica. Fue en el campamento de verano. Les asignaron dormitorios para cuatro chicas juntas. Eran buenas amigas todas, Elena se sintió feliz. El campamento había sido idea de la directora y les había encantado. Por primera vez dormirían un par de noches todos en un camping especial para estudiantes de secundaria y compartirían tres días completos. Elena pensando en besos supo que sería una buena cosecha. En ese camping había también chicos de otros colegios.
La primera noche jugaron hasta tarde a distintos juegos. Elena nunca había sido buena en ellos, juegos de mesa, juegos de preguntas, juegos de celular, juegos de destreza física. Y la prenda era besar en la boca a una chica. Elena perdió y jamás pensó que la rival, la ganadora, la obligaría a besarla. Y cómo la besó. Mucho mejor que algunos de mi colección, pensó ella, pero no dijo nada.
- ¿Y?- preguntó orgullosa la ganadora- ¿Me agregarás a tu colección?
- ¡Por supuesto!- dijo Elena- te daré doble puntaje porque besas bien y porque jamás pensé en besar a otra chica…
- ¿Y te gustó?- preguntó la besadora- Vamos, decime la verdad, te gustó mi beso más que el de muchos varones, ¿eh?
Elena sonrío despacio, sacó su libretita y comenzó a apuntar. Muchas dudas la asaltaban. Ese sería el peligro del que hablaban su tía y su madre. Sería eso, que te guste más una chica que un chico. Tal vez ella era lesbiana. Cómo saberlo. Si el beso de una chica te gusta más que el de algunos chicos quiere decir que debes tener relaciones sexuales con una chica. Todo eso modificaba el campamento, su cabeza no dejaba de sentirse atontada. No podía dejar de pensar en ello.
A la segunda noche Elena sacó su libreta y se fue de la habitación a escribir algo, se excusó, tranquila. En realidad lo que quería era evitar la tentación de jugar y perder y dejarse besar. Además el beso de la misma chica no serviría. No puntaba. Y sentada bajo las luces del campamento y la luz de una luna tímida recibió el beso de un chico hermoso que era el primero que la besaba que no era de su colegio ni de su ciudad.
Al final del campamento se llevó solo dos besos pero valían por cuatro: uno porque era de su mismo sexo y otro, porque era de otra ciudad el besador.
El año estaba finalizando y los besos se intensificaban. Ya no calificaban como besos tímidos casi ninguno, todos eran largos y húmedos, algunos incluso llevaban juegos de manos y arremetidas de ropas que dejaban a la coleccionista jadeante.
- Ni se te ocurra tener sexo con estos chicos- le dijo una compañera que llevaba dos años en el mismo curso- Estos cuentan todo, son una tarados, tenés que tener sexo con los que ya se van a la Universidad, no vuelven al colegio y son más maduros.
- ¿Vos como lo sabés?- preguntó Elena y ante la risa de su compañera, entendió.
- Además, -agregó Melina- se hacen los que saben y no saben nada, son unos inmaduros, algunos, vírgenes.
- Yo también- aseguró Elena.
- Entonces menos- agregó Melina- él virgen y vos también, un desastre.
- ¿Vos cómo lo sabés?- insistió Elena y nuevamente la risa de su amiga la hizo callar.
- Y una última cosa- dijo Melina bajando la voz- lleva condones cuando vayas a hacerlo. Muchos no usan o no llevan, un desastre son.
- Ay, no, ¿cómo consigo?- dijo Elena.
- Fácil, en la farmacia….
- En la farmacia- repitió Elena recordando la de la esquina de su casa donde trabajaba un chico hermoso que había deseado besar desde que tenía doce.
- Ahí trabaja un chico que te gusta mucho…- se reía Melina.
- Claro que sí- respondió Elena- hoy mismo voy a buscar.
Y Elena compró condones roja de vergüenza porque la atendió la dueña de la farmacia que era amiga de su madre. No demoró el chisme en el barrio, la hija de la maestra anda comprando condones. No demoró tampoco la madre en enterarse y volvió a quedarse estupefacta con la noticia.
- Ah no,- gritó la madre ese domingo- no me digas que ahora coleccionas condones o… ¡No!
- No qué mamá…no grites, no colecciono condones. Sólo quise tener por las dudas…
- Por las dudas…y lo decís así, tan tranquila, por las dudas…
- Mamá voy a cumplir 16…
- ¿Y?
- Y bueno, las cosas pasan mamá… ¿no me enseñaste a cuidarme?
- Pero es un disparate que una chica de 15…bueno 16, porque sólo te faltan dos días…
- Faltan sólo dos días mamá y vos más preocupada por los condones que por mí…- reprochó con cara de niña chica Elena.
- Pero vos sabes que sí- se ablandó la madre- es que hija, estoy sorprendida, primero colección de besos y ahora condones en la cartera…No paro de asombrarme…
- Y sí mamá, vos siempre me dijiste que me cuide…y la tía Rosy también, cuídate, cuídate, mirá que un hijo cuando sos chica es una cosa que pesa demasiado, muchos niños no deseados llegan a este mundo- siguió enumerando recuerdos- que un niño es un ser para toda la vida, que los hombres se desaparecen…¿sigo? Me sé todo de memoria.
- ¿Pero vos tenés novio Emilia? ¿O tenés pensando tener novio pronto? Porque los condones se vencen, ¿sabes?
- Ah sí, ya sé…no, novio, lo que se dice novio, no mamá pero…sí hay un chico que me gusta mucho y estamos saliendo y…eso, por las dudas, no vaya a ser que me agarre desprevenida…
- Entonces…¿ se terminó la colección de besos?- preguntó la madre con esperanza
- No, no, la colección seguirá conmigo…
- Seguirá contigo…- suspiró la madre- puedo preguntarte hasta dónde y hasta cuándo…
- Mmmmm, no lo sé mami- dijo zalamera besando a su mamá, hasta que me aburra de coleccionarlos.
Y Elena fue la primera coleccionista de besos de la ciudad. Tuvo su blog privado donde demostró la cantidad de besos recibidos, los no correspondidos, los besos más felices, lo más infelices, y siguió clasificando y anotando hasta que se hizo mayor y realmente, se aburrió.
La coleccionista cerró la colección con 2976 besos clasificados, algunos fotografiados y la mayoría de ellos, absolutamente disfrutados.
