Se te nota. Sabes por qué? Pues porque cuando escribieron Dorian Grey fue cambiando el lienzo con la pintura. Pero hoy vivimos rodeados de fotos. Las sacamos hasta por deporte.
Y en diez años tu cambio es notorio. El mío también, el de todos. Pero el tuyo…. denotaba una paz interior, una seguridad de vida, una ilusión permanente que ya no noto.
Es triste para una madre decirlo. Porque al final uno desea que los hijos sean felices, nada más.
Tu rostro ha sabido endurecerse. Te ha retornado un tic nervioso que creo tuviste de niño y hace que tus ojos se desvíen. Tu linda mirada azul ya no se posa en la mía cuando hablamos. Cuando lo hace es estudiosa, ladina, no es aquella mirada franca que infundía tranquilidad.
No sé qué te ha sucedido, tal vez simplemente te tocó el puto capitalismo. Pero entiendo que para un hombre de creencias profundas: algo más sucedió.
El otro día me dijiste que yo te consideraba naif, ni sé que quiere decir. Para mi fuiste siempre mi hijo lleno de energía buena y hoy, no se te nota. Eras el de los “ paños fríos “ pero ya no. Eras el que hacía comprender sin alzar la voz, ya no.
Incluso la voz, que era el eco de la de tu padre, no tiene el mismo tono de bajo, suave, alegre, disfrutable…
Ay, ojalá no te suceda como a Dorian y vuelvas a tiempo.
