Cuando ya aceptaste el exilio, ha pasado mucho tiempo, cuando al fin te sacudiste la nostalgia, hiciste el duelo, intentaste borrar esos recuerdos que duelen más, aspiraste serenamente a ser otra, en otro país y sin que se note mucho… llega la confusión.
Es cierto tu casa y tu trabajo, tus afectos más cercanos están contigo pero de qué lado está tu verdad…
De cuál lado del mapa están tus muertos…
Y cuando recorres los paisajes: dónde quisieras estar?
Esa vereda, esa casa, ese paisaje, qué te recuerdan en otra edad? Por qué vuelves a sentir cerca las voces del pasado cada vez que regresas?
Qué cosa extrañamente jodida es el exilio. Sé que hay muchas formas pero siempre será exilio. Te fuiste, te fueron, partiste con una sonrisa a empezar de nuevo o llorando por no irte. Te fuiste.
Colgado de un muro quedó tu primer aliento, el primer abrazo materno, tu primera sonrisa. Quedó escondido tu primer paso tambaleante. Tu primer amor que nunca se olvida. Quedó atrapada tu infancia, ese lecho donde descansó tu destino, para siempre.
Ya no serás la misma por más esfuerzo que hagas. Deberás adaptarte. Deberás incluir en tu vocabulario palabras, dichos, fechas. Y la nueva cultura, sus diversas formas, el devenir cotidiano irán permeando tu día con día.
Irás mutando tu paladar. Aquellos sabores jamás volverán. El gusto, el olfato, tu mirada, en forma imperceptible descubrirán el nuevo rumbo.
Pasan los días y los meses. Trabajas, te cansas, amas, te liberas, vuelves a ser tu misma, te desvelas, lees, miras cine, tomas helados, vives. Sobrevives. Empatizas. Usas toda tu resiliencia.
Te sientes mucho mejor. Respiras y duermes bien. Confraternizas.
Y te toca regresar de paseo. Te alegras, vas, te surge la primera duda.
Te diría: no vuelvas más, quédate en tu exilio. Porque esos paseos, alegres, floridos, llenos de la que fuiste pero ya no eres, confunden.
Vete de paseo a otro paisaje. No vuelvas a tu calle, la que fue tu casa, no regreses: estarás después de dos o tres regresos profundamente confundida. Y eso no es bueno.
Es que el exilio es confuso, por más espejitos de colores que te ofrezcan. Pero el poder de la sobrevivencia y el afán de volver a ser feliz, siempre triunfan. Y vuelves a ser feliz. Es verdad. Lo que ocurre que esa felicidad no es la misma.
Estuve tantos años exilada que me olvidé de todo, de las formas, los colores, las texturas y los sonidos. Me adapté de tal manera que mi identidad, mi tono de voz, mis dichos, mutaron.
Pero he comenzado a volver a visitar mi país y hoy, estoy confundida. No sé de qué, no sé porqué, pero todo me arranca recuerdos que creí olvidados, todo me crea expectativas que no debería tener, cada foto es una sonrisa que no recuerdo haber tenido ni antes, ni después.
La pregunta más temida me atrapa: dónde me gustaría terminar de respirar? Insólita forma de decirme: siempre he extrañado y hoy me lo confieso.
Y estoy agradecida al país que me dio otra vida, que me permitió seguir, que me hizo madre y abuela. Admiro y amo este trozo de tierra…
Es solo que… cuando cruzo el río y viajo por otras rutas, ese sabor perdido regresa cada vez con más fuerza.
Estoy absolutamente confundida. Nada se olvida, todo se confunde en el exilio por supervivencia.
Es solo eso…
