Cuántas veces te preguntaste si esto o aquello fueron simple casualidad o tal vez, causalidad.
No debo ser la única. Empiezo por mi fecha de nacimiento: 2 de abril. Día Internacional del Libro Infantil. Cumpleaños del escritor Hans C. Andersen. Porqué motivos la vida me sedujo, ya adulta, a especializarme en libros para niños y niñas. Hubo muchos motivos. Casualidad?
Nací en Misiones, Argentina, a pocos km de donde vivió y escribió Horacio Quiroga. Porqué causas de la vida me vine a vivir a Salto, Uruguay, su ciudad natal. Hubo también otros muchos motivos. Además compré mi casa, sin notarlo, a menos de 500 metros de la casa donde vivió su infancia. Casualidad?
Amé leer y escribir desde muy niña. Uno de los grandes poetas argentinos que leí fue Leopoldo Lugones. También leí mucho de la admiración de Jorge Luis Borges por su poesía.
Era casi adolescente cuando mi padre me contó que a sus dieciséis años, por vender quinielas clandestinas, lo pusieron en un reformatorio. El regente era Lugones. Mi padre ideó un campeonato de fútbol con otras Instituciones similares, con la promesa que lo dejaban salir si ganaban el campeonato. El rector, Lugones, hombre temido por todos, aceptó porque mi padre convenció a su amante, que siempre lo acompañaba al reformatorio.
No lograba creer que él excelso poeta dirigiera brutalmente reformatorios. Pero era su hijo, no el poeta. La brutal bestia que introdujo la famosa “ picana eléctrica “ en los interrogatorios. La hizo popular en las cárceles argentinas y en épocas de dictadura, su propia hija pereció por esa tortura. Qué tiene que ver con mi vida? Casualmente mi padre con el fútbol y la amante de Lugones hijo, se salvó de estar dos años en el reformatorio. Muchísimas lunas más tardes, a mis veinticuatro años, me salvé yo de la famosa picana, estando detenida, encapuchada y casi desaparecida, porque me canjearon por un preso más importante que estaba en Argentina. Me dejaron en libertad condicional, sin documentos, tenía que presentarme a firmar cada quince días.
Mi padre aseguraba que él no hubiera salido vivo del reformatorio si se quedaba dos años. Creo que yo tampoco hubiera sobrevivido. El apellido Lugones nos unía, lejos en el tiempo, en el destino de padre e hija. Casualidad.
En mi último libro: Mi paradisiaco Cinco Saltos, relató cómo me entretenía mi padre en mis vacaciones de verano, allá, en el Sur argentino. Me sentaba en una máquina y las mujeres, esa tarea de clasificar manzanas era realizada solo por mujeres, y yo intenté aprender. No sé si lo hice bien pero desde niña me sentí mejor entre la gente que trabajaba. No fue difícil leer sobre las luchas obreras y tener ideas revolucionarias en mi adolescencia. También fue casualidad.
De ese paraíso llamado Cinco Saltos, del que nunca deberíamos habernos alejado, me vine a vivir en una ciudad llamada Salto. Pura casualidad.
Y al final pienso que quizás toda mi vida ha transcurrido de una casualidad a otra. Porque tengo muchas más…
