Hoy cumpliría años mi hermana mayor.
Mi querida hermana estaría cumpliendo 80 años hoy. Se fue de viaje muy joven. He escrito para ella y por ella, muchos textos. Fue mi segunda madre y gran impulsora de mis infinitas lecturas.
Ayer recordaba con mi compañero, le contaba, mi casa era una avalancha de cartas y estampillas. Mi hermana adoraba escribir cartas. No sé cómo logró tener tantos actores famosos, sus fotos autografiadas, en un álbum que parece, hoy, inverosímil. Pero fue real, tenía cerca de cincuenta fotos de los más famosos, con sus firmas en ese extraordinario álbum.
Cómo lograría viviendo en una ciudad tan pequeña que le llegaran desde USA o Europa? Cuántas cartas escribió mi hermana? Su salida habitual era ir al correo.
Mi hermana Delia, una máquina de escribir y leer. En su adolescencia le brotaban amores y cartas. Muchos de esos amores no pasaron de lo epistolar. Otros, fueron epistolares y de una sola cita. Pero no había Internet. Sus idas y vueltas al correo ponían los pelos de punta a mi madre.
En uno de esos giros de la vida, estudió un poco de teatro y ya estaba seleccionada para una obra. Quiero creer que se llamaba LAS DE ENFRENTE, era una comedia de época.
En mi casa papá se puso como loco. Cómo iba a andar haciendo teatro su hija?
– Pero si a vos te gusta el teatro, decía mi madre.
Fueron días de pedidos, permisos, discusiones y salí ganando yo. Con solo diez años tenía que acompañarla. Cuantas cosas se pueden aprender a los diez años desde atrás del telón. Y en los ensayos. Y salir de gira por pueblitos diminutos donde inventábamos camerinos.
En esa época del teatro, el aluvión de cartas se cambió por otro aluvión, el de los guiones. Hasta yo me los aprendía de memoria. Y mis fines de semana eran a puro teatro.
Entonces llegó el autor de una obra sobre el castillo abandonado en la ciudad de Concordia. YO VOY MÁS LEJOS, se llamaba. Se hizo primero un radio teatro, incursión en la radio, debido al éxito de audiencia, se teatralizó. Qué magnífica estaba Delia, con sus vestidos largos y antiguos.
Mi hermana en el escenario era ella, la otra, la de la vida cotidiana era la simpática chica familiera que los demás querían.
En esas épocas de acompañarla a la Radio, al teatro y sus giras, yo me enamoré de la ópera. Mi padre insistía en hacérmela escuchar y un compañero de teatro de mi hermana, había estudiado canto lírico. Como leí sobre óperas. Como escuché e intenté entenderlas. Miré algunas, no era fácil, estuve horas persiguiendo la forma que me dejaran estudiar canto lírico. Canté en el coro del Colegio, aunque era música sacra, aprendí a entonar y seguir el piano.
Mi casa era de arte: teatro, música y ópera. A veces me dejaban ir a la casa del compañero teatrero de mi hermana para buscar instrucción en la educación de mi voz. Me alentó muchísimo y creo que me enamoré un poco de él. Pero apenas tenía doce años y el muchacho era homosexual, así que fue puro amor platónico y me dejó el sueño de llegar a ser una buena soprano.
Ni mi hermana llegó más lejos que esas obras en su actuación, ni yo con mis canto lírico. Nos faltaba perseverancia, apoyo familiar y más amor por el arte mismo. También nos faltó la inteligencia de seguir para cambiar nuestro opaco destino. No había tiempo: papá estaba enfermo y mi hermano, con una esquizofrenia que nos volvía locas.
Se fueron las cartas, los guiones de teatro, mi hermana decidió tener un novio serio y casarse. Para eso demostró que podía tejer, bordar y cocinar como su madre o sus tías.
No alcanzó. Nunca tuvo suerte en sus amores. Por eso tal vez un día incursionó en lo mítico, el Tarot, las cartas astrales, la numerología y otras premisas que no recuerdo.
Así, con esa mansedumbre fingida, logró algo de independencia y se fue alejando del familión materno que todo lo controlaba, todo lo criticaba. Trabajó en muchas cosas pero realmente creo que fue muy buena en dos: el teatro y el Tarot. No sé si se lo dije, no sé si se lo dijeron. Pudo haber sido conocida por cualquiera de esas profesiones. No sé si famosa, pero sí, conocida.
Mi hermana tenía ojos inmensos y casi grises de tan claros. Hablaba con ellos antes que con su boca. Expresiva y multifacética su gran problema fue el amor. Se enamoraba con la misma facilidad que la engañaban. Demasiado crédula y tal vez, hasta un poco ingenua.
La vida se la llevó apenas pasados los sesenta y ese cáncer debe de haberse originado de tanta necesidad de un buen amor.
En gran parte y por una u otra razón: todas y todos la traicionamos. No entendíamos sus aspiraciones y ella, mentía para estar bien con todos, hasta que ya no pudo. Fue desgastante vivir en esa familia hiper crítica y tan influyente. Tenía que irse, como me sucedió a mí, creo que ambas elegimos la peor opción. Un mal matrimonio.
Tuve mucha más suerte que ella. Pude reconstruir y tejerme otro futuro. Ella, que fue la alegre de la familia, no pudo.
La voy a extrañar hasta mi último aliento aunque sus celos fraternos me alejaron tantas veces como me acerqué.
Y no le escribo a ella, ni siquiera a mí… le escribo a la vida que tuvimos juntas y que nos permitió transitar un pedazo del camino.
