Corro el riesgo, al contar esta historia, de caer en lugares comunes, en prejuicios cotidianos y finalmente, en cosas de mi edad… como te dicen cuando no te pintas las canas.
No es tan raro lo de Viviana, a mi por ejemplo, no me escandaliza. Pero es algo extraño.
Su matrimonio con mi primo fue festejado y visto como un casamiento bello y admirado. Jóvenes y hermosos ambos, con buenas carreras a punto de finalizar, con un amor que les brotaba en cada mirada. Fue un casamiento que toda la familia aplaudió.
La vida, los estudios y los trabajos los hizo viajar. Fueron, volvieron, los vimos muy poco. Tuvieron unos mellizos hermosos como ellos y vivieron en distintos sitios.
Las carreras no les prodigaron buenos trabajos y tuvieron aprietos económicos de los cuales, nos enteramos después de un tiempo.
Viviana fue cada día más cálida y eficiente. Era como el lado opuesto de su marido. Mientras él iba pendiente abajo con sus proyectos, los de Viviana crecían y eran exitosos. Agradecíamos que la tuviera en su vida.
Cuando fueron los hijos los que marcharon hacia la Universidad, se dedicaron un tiempo a viajar y visitarnos. Ella lucía espléndida y tenía siempre trabajos exitosos que iba cumpliendo. En cambio el marido tenía como delirios de volver a la naturaleza y vivir en forma primitiva.
Quién pudo creer que eso funcionaría? Nosotros, ingenuamente.
Cuando Viviana tuvo su primer amante, se separaron por un tiempo, después regresaron y ella, tenía una sonrisa feliz y él, lucia comprensivo y enamorado.
Los amantes se sucedieron a medida que el marido perdía toda brújula. La separación fue inminente y entonces, Viviana vivió.
Amores, viajes, teatros y disipó el pasado, la vida austera y los proyectos inconclusos del marido. Viviana se transformó en la que fue siempre: aquella muchacha de Capital Federal con buenos proyectos. Aquella que acogimos en la familia y nos pareció angelical.
Viviana guardaba adentro, muchas cosas que desconocíamos. Anhelos, deseos, ambiciones y algo de pasión reprimida, pues liberó todo y de una vez.
Fotos y miles de videos muestran una sesentona resplandeciente que recorre con lujo el mundo y sus virtudes. Cuál sería la verdadera?, no lo sé, la gente cambia y con todo derecho.
Nos alejó, nos olvidó y fuimos pasado.
Mientras el que fue su marido languidece de proyectos ecológicos imposibles, ella, el amor de su vida, derrocha energía y demuestra que tanto pudo llegar a hacer. Qué tanto tiempo perdió entre divagues, pañales y parentela.
La vulgaridad que emana, no debo decirla porque soy mujer y debo apoyarla. Es verdad: qué bien, qué fortaleza, qué aguante y qué cierre magistral.
Pero finalmente vulgar. No puedo reprocharle nada. Tal vez solo la absurda distancia que puso con nosotras, las primas, las que estuvimos siempre, las que la acunamos en la familia, que la comprendimos y jamás la criticamos.
Se puede cambiar y eso es bueno. No justifico el olvido, el silencio, esa especie de traición a lo que fuimos.
Viviana… qué triste. Tan cerca cuando sufrías y tan lejos cuando la vida te regala oportunidades felices.
