Traspasar las puertas

Después de un olvido deseado o no, cuesta recordar cómo subir esa escalera.

Olvidar fue la meta, por sobrevivir nada más, nada menos.

Entonces se llega a ese exacto lugar del tiempo donde se necesita la raíz del recuerdo.

También se necesita creer que los recuerdos eran buenos.

Sin ellos la raíz de vida son un pasado siniestro que nadie desea: la mente juega sucio.

Por sobrevivir nada más y nada menos.

Se comienza a perdonar y a colocar en un rincón los trastos de memoria que se mantuvieron dignos de orgullo.

Se apagan luces para no ver el polvo de los rincones.

Se sube el volumen de la música que acalla algunos, muchos, gritos dolorosos.

Se muestra la sonrisa.

Se endurece el llanto.

Es la única forma de volver a pasar la puerta que por años, siglos, mantuvimos cerrada…

Bloqueada…

Olvidada…

Es ley de supervivencia traspasar la puerta.

Y gana casi siempre.

Por sobrevivir nada más y nada menos.

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