He sentido durante algún tiempo que soy una especia de cuidadora de las memorias de nosotros, de otros y más que nada, de nuestras mujeres.
Sin proponérmelo me traspasan recuerdos que necesito plasmar. Necesito reflexionar. Necesito dejar en algún rincón de este Planeta.
Entonces lo comprendo: mi rol ha sido siempre ese. Recién lo he comprendido. Tal vez sea tarde y ya no queda mucho tiempo. Dediqué tanta tinta, letra, papel y máquina de escribir para regalar relatos fantásticos que gasté tiempo valioso.
Mi subconsciente necesitaría entrar por alguna hendija.
Ahora me estoy batiendo entre fragmentos reales para entenderme y entender cómo sucedió. No importa cuánto tiempo hay.
Importa regalar para regalarme: historias más o menos veraces y buenas.

¡Interesante reflexión, gracias!
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