Tan fina y filosa, tan delicada, parecida más a una joya que a un arma mortal. Con todos sus brillos, la miope veía sólo la empuñadura, no miraba el filo.
La daga trazó el camino a su antojo, la tonta la aplaudió porque era tan lindo tenerla cerca, no miraba que iba directo al corazón.
La daga hizo su danza buscando ser diosa, dominar y reinar, la humillada sólo pensó en llorar. La daga la comenzó a matar.
Gota por gota la iba matando, como un vampiro la iba estrujando, la moribunda no se defendía, ya sólo se moría sin notar la muerte. Seguía la danza de la daga.
Daga con filo, daga con trazo fino, daga mal intencionada pero harto certera te quedaste con su destino.
Con su poco destino.
Con su nada de destino.
Tal vez ya estaba muriendo, tal vez era demasiado feliz, tal vez estaba en la cima y ya no la querías ahí.
Daga azul, daga blanca, bordada de sangre con perlas de lágrimas, soberbia y magnífica seguiste bebiendo el último aliento y luego, en silencio, te fuiste a llorarla.
