Vas caminando con pasos temblorosos
después, te pones casi con los pies de punta,
el pasillo, largo, interminable, o tal vez
demasiado estrecho que podría ser lo mismo,
es como un elástico y entonces te apuras,
pero hay tanta gente que querés desaparecer.
Cómo odias los pasillos, los eternos pasillos
que ni empiezan ni terminan y que hoy,
parecen no llevarte a ningún lado.
Justo hoy, un día que no es cualquiera,
un día que consideras imprescindible,
un día determinante, con todas las fricciones.
Agonizan tus pasos, aletargados por otros pasos,
pies calzados o semi desnudos, media estación,
pies apurados y otros lentos, otros arrastrándose.
Y el pasillo no termina, la incertidumbre te
ofrece una paradoja existencial: porqué tuvo
que tocarte este pasillo?
Habrá en este mundo algún pasillo corto y sencillo?
Ahora, parece que estás llegando, sabes que vendrá la otra incertidumbre: elegir bien la puerta.
Tenés un número en la mano, pero sabés que es un número trampa.
Las puertas no tendrán número y tendrás que usar tu intuición. Todavía te queda?
Mientras vas enfrentando con pánico a las puertas , recordas: en una te humillan, en otra te ignoran, en otra te gritan, en otra te mienten y hay una, sólo una, que contiene la verdad.
Cuál será? Si no te animas hoy, tendrás que volver a vivirte la congoja del pasillo.
Elegir o elegir: como todo en la vida.
