Oda a mi cuerpo

Esta carcaza de piel que me cubre y estos huesos que me mantienen en pie, cuántas cosas vividas, cuántos pasos andados, gracias.

Estas canas que fueron mi cabello casi rojo son todas los días que amanecí y todas las noche que dormí, o las que trasnoché y también, las del duro insomnio.

Cada pliegue de este cuerpo, cada célula, marcan el paso inexorable de los años. Este cansancio que a veces me parece tempranero, estas ganas de estar más quieta y este paso más lento, me ayudan a recordar todas las carreras, corridas, horas y días con poco descanso… horas y días sin pensar en mí ni en mi cuerpo.

En realidad creo que he cuidado apenas mi cuerpo. O tal vez no. Si es poco o mucho siempre exige comparación y me desagrada.

Me he ocupado, digamos, medianamente bien de él, ahora debo cuidarlo, mimarlo y protegerlo. Eso me disgusta, creo que esta carcaza guarda una mujer más joven.

Soy yo? Cómo pudo pasar tan rápido este camino de casi setenta años? Por momentos me parece un suspiro, entonces surgen los recuerdos del dolor, que cuando sucedieron fueron eternos, y logro entender que soy yo.

Sí, es mi cuerpo. Él se ha adaptado y modificado y está llevando a cabo una de sus últimas transformaciones. Aún me permite el placer. Aún me deja recorrer, conocer, reír y asombrarme, descubrir.

Setenta años casi de andar el mundo y todavía mi cuerpo me lleva, se cansa más, tolera menos pero me lleva y me trae y se goza, se abren caminos aún… no es maravilloso?

Debo agradecer a cada célula de mi cuerpo la vida pasada y la que estoy viviendo. Cada momento lo soportó como pudo y me permitió llegar a un hoy, otoño de colores y perfumes.

Ya no tengo que cuidar mi estética, debo cuidar mi salud, ya no debo desperdiciar descanso, debo permitirme todos los que necesito.

Sabes qué? Gracias por cubrir a esta mujer que se resiste a su edad, que siempre se reveló, que fue hija, madre, abuela y que hoy, se compromete a complacerte más. A cuidarte más pero sin restricciones de estética o modas.

Gracias por acompañarme desde el día que cortaron el cordón y me separaron de mi madre. Gracias por no caerte a pedazos frente a los dolores. Gracias por gozar a pleno de los días buenos. Gracias por seguir manteniendo esta estructura que hoy, se acerca incrédula a la séptima década.

Deja un comentario