La memoria… esa cosa cotidiana.
La desmemoria, tan de moda por estos días.
Comienzo a pensar en los y las memoriosas de mi familia y se me nubla el corazón.
Cómo habrían sobrevivido en esta actualidad donde todo registro se pierde en un laberinto de sobre información que ni ayuda, ni atrasa, algunas veces incluso, ni importa.
No se necesita una memoria extraordinaria en el día a día pero: un mínimo? Para recordar lo indispensable, lo que te ayude, lo que te ayude a ayudar…
Después salen con el refrán: el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra ( las mujeres también)… pero en esta nueva Era desmemoriada: cuántas piedras tendrás que llevarte por delante?
Se van a quedar sin pies! O con pies destruidos!
Y cómo se avanzará sin pies y desmemoriados?
Casi como ciegos…
La memoria es nuestra raíz: la biológica, la psicológica, la de nuestra historia personal, la de nuestra sociedad, la que forma laberintos en nuestro subconsciente y nos va nutriendo el consciente.
Un día escribí un cuento sobre quedarme sin sombra: terrible experiencia.
Quedarme sin memoria: una caja biológica sin recuerdos.
No culpo a los más jóvenes: en todas las épocas fuimos los adultos que sembramos memoria y memorias. Algo no estamos haciendo bien.
Este escrito no pretende nada es simplemente una reflexión, cada tanto las tengo.
Por ejemplo, el Río Uruguay, cuándo dejará de tener bajantes y crecientes? Desde que tengo 5 años es así.
Las mejoras… no fueron pensadas en épocas de crecientes? Serán mejoras para temporada de bajante?
Es un pequeño ejemplo cotidiano… cómo pedir entonces que los más jóvenes no comentan atrocidades si no les dejamos memorias y recuerdos de lo que necesitarán siempre?
Quién les dejará su raíz? Cómo desplegar alas sin entender quién sos y porqué sos…
En fin… agradezco la fortuna de haber gozado de una familia memoriosa. Eso no hizo que no cometiera errores! Pero me recuerda cada día quién soy, de dónde vengo y eso, a veces, suele reconfortarme con el Universo.
Memorios y memorias
