Casi un hermano?

He pensado y repensado en esto de contar mis dos años más felices de la infancia. Estuve meses sin escribir. Son varios los motivos y de pronto, lo vuelvo a intentar.

De aquel segundo año seguramente me afectaron dos cosas más que otras: un sarampión que me hizo delirar de fiebre y que desplazó a mi padre a la habitación de mi hermano. Mamá me cuidó día y noche, el médico venía todos los días y a mí me gustaba la fiebre porque me veía chiquita, o gigante, el ropero caminaba solo, mi madre era muy grande. Y ese delirio que duró unos diez días me tuvo acurrucada junto a mi madre, bajo sus paños fríos, sus jarabes, sus tisanas y sus canciones. Cuando me recuperé me sentí débil pero con ganas de volver a mi cama y recomenzar la escuela.

El invierno era blanco, muy frío. La casa crepitaba leña todo el día y los radiadores casi no se apagaban. El silencio era más espeso y los pinos no dejaban de hamacarse, a veces daban miedo.

– Un pino puede caerse sobre la casa?- pregunté un día.

– Pueden, dijo mi madre, pero no estos. Son muy gruesos.

Cuando visité la Esmeralda me enteré que los cortaron porque varios se cayeron… pero yo tenía siete años y creí que de verdad, nuestros pinos nunca caerían.

Un día me levanté temprano y mi hermana me hizo el desayuno.

– Mami fue al médico. Me anunció. A mí se me puso en la cabeza que mi pobre madre se había contagiado el sarampión y comencé a llorar.

Mi hermana me calmó como pudo y anduve todo el día esperando a mi madre, ansiosa, temerosa. Pero me tuve que acostar sin verla, mamá, me aclaró mi padre, viene mañana. Estabas ronco papi? Tenías tus ojos grises muy tristes? Qué no me contabas papi?

Podría haber preguntado eso y mucho más, me dormí con un cuento larguísimo que me leyó mi hermana. De madrugada me despertaron los pinos gimiendo el viento invernal. Creo que ya no dormí…

Mamá volvió a media mañana y se metió en la cama. Estaba demacrada y triste. Pero no respondió ni una de mis preguntas y me sacaron de la habitación. Fui a la escuela, me olvidé un poco de todo y corrí en el recreo como una yegua loca! Desbocada de energía.

Mamá se recuperó en un par de días y para el fin de semana, se sentó a tomar un poco de sol en el patio. Hablaban sin parar con mi hermana pero si yo me acercaba, callaban. Algo de pérdida, un poco de es por la edad, estábamos ilusionados con tu padre, creo que era varón…

Creo que era varón?, estaba por tener un hermano y nadie me había contado a mí?

Cuando fui a correr y abrazar a mi madre, su llanto me detuvo y ya no pude decir nada. Aguardé a la noche para acribillar a mi hermana con preguntas. Mi mamá había perdido un embarazo. Estaba muy triste. Ella había perdido una hijita de un año antes de nacer mi hermana.

Así me enteré de qué había tenido otra hermana mayor y que pude tener un hermano varón en aquel lugar que me gustaba tanto.

Tal vez ese hermano hubiera torcido el destino, tal vez muchas cosas hubieran sido diferentes. Tal vez hoy no estaría aquí contando esta historia porque él la conocería.

Cinco Saltos casi me da un hermano…

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